Combustibles renovables en España:
Una oportunidad tangible para la transición energética
España tiene en los combustibles renovables una oportunidad de país y hay varios hechos y realidades que lo certifican. La situación geopolítica y la transición energética ofrecen una oportunidad para crear nuevas cadenas de valor y transformar nuestras industrias, ofreciendo a nuestros clientes mayor seguridad de suministro con productos más sostenibles y, al mismo tiempo, creando empleo de calidad en zonas de baja densidad de población. España reúne las condiciones necesarias para liderar este cambio al contar con:
Todo ello sitúa a España en una posición de potencial liderazgo en la transición hacia los combustibles renovables.
Con políticas industriales ambiciosas y estables que promuevan el desarrollo de cadenas de valor locales (materia prima, tecnologías, equipos y componentes), apoyadas en colaboración público-privada, marcos regulatorios previsibles y una visión de largo plazo, España tiene ante sí una oportunidad de oro para liderar, desde la vanguardia y la innovación, la producción de combustibles renovables, claves para la reducción de emisiones de CO2 en la movilidad y la industria. ¿De verdad la vamos a dejar escapar?
Combustibles renovables: una solución real para la transición energética
Una movilidad baja en emisiones de CO2 es un reto que demanda acciones realistas. Organismos internacionales de referencia como la Agencia Internacional de la Energía (AIE) y el World Economic Forum (WEF) se han pronunciado en su defensa como una alternativa realista, eficaz y necesaria. En informes como Delivering Sustainable Fuels o Fuelling the Future, estas instituciones concluyen que los combustibles renovables son indispensables para alcanzar los objetivos climáticos, especialmente en sectores difíciles de electrificar como la aviación, el transporte marítimo o el transporte pesado por carretera.
La razón es técnica y económica: estos combustibles son compatibles en su composición con los motores de combustión y pueden utilizarse en los motores de combustión actuales sin necesidad de modificaciones, aprovechando además toda la infraestructura de distribución y repostaje existente. No necesitamos esperar a renovar la flota mundial de vehículos ni construir desde cero nuevas redes de suministro. Tenemos la tecnología lista para reducir emisiones deCO2 de forma inmediata, complementando a la electrificación allí donde esta no llega con la eficiencia necesaria.
España ante una oportunidad única en combustibles renovables
España se encuentra ante una ventana de oportunidad única. Según el informe McKinsey (IETI) de junio de 2025, nuestro país se consolida como líder europeo en disponibilidad de energía renovable a precios competitivos de cara a 2030, gracias a los bajos costes energéticos derivados de nuestro mix renovable y una infraestructura de exportación altamente competitiva.
Mantenemos, por tanto, una ventaja estructural, respaldada por infraestructuras robustas y un capital humano altamente cualificado. Por ello, España está atrayendo inversiones significativas en nuevas industrias, consolidándose como un destino preferente para proyectos emergentes vinculados a la transición energética y digital.
Un mayor desarrollo e implantación de combustibles renovables también impulsaría una mayor seguridad de suministro, reduciendo dependencias frente a una geopolítica inestable.
Esta fortaleza se complementa con nuestro sistema de refino, uno de los más eficientes de Europa, fruto de inversiones pasadas que hoy nos permiten reconvertir instalaciones de combustibles fósiles en plantas de producción de combustibles renovables. Mientras que en el resto de la Unión Europea la capacidad total de refino ha disminuido desde 2009 —con el cierre de casi el 25% de sus refinerías en las últimas dos décadas—, España ha salvaguardado una capacidad estratégica que ahora impulsa la transición energética.
Un mayor desarrollo e implantación de combustibles renovables también supondría una mayor seguridad de suministro. Europa importa actualmente la mayor parte del petróleo y el gas que consume, lo que nos expone a una dependencia afectada por contextos geopolíticos inciertos, comprometiendo nuestra seguridad energética. Los combustibles renovables reducen este riesgo, al alargar el ciclo de vida de materias primas autóctonas, como residuos orgánicos, aceites de cocina usados, biomasa forestal, cultivos intermedios o en tierras degradadas o residuos agroganaderos, convirtiéndolos en recursos energéticos de alto valor.
Con su desarrollo ampliamos nuestro mix de suministros, ganamos soberanía industrial y reducimos la exposición a los mercados exteriores, sin renunciar a la estabilidad de las infraestructuras actuales.
Esto no solo reduce nuestra factura energética exterior, sino que mejora nuestra balanza comercial y garantiza que, ante crisis internacionales, tengamos capacidad propia para mantener el país conectado y con menos emisiones.
Reindustrialización y combustibles renovables: el modelo de Repsol
La transición energética debe ser también una transición industrial. No se trata de cerrar fábricas, sino de transformarlas para que sigan siendo competitivas y que puedan adaptarse para fabricar productos bajos en carbono.
Este enfoque nos permite proteger el empleo industrial existente mientras creamos nuevos puestos de trabajo vinculados a la economía circular y la digitalización.
En diciembre de 2019, fuimos la primera compañía de nuestro sector a nivel mundial en asumir el compromiso de ser cero emisiones netas en 2050. Aquel anuncio marcó el inicio de una profunda transformación de nuestros activos industriales. Desde entonces, hemos orientado todas nuestras inversiones hacia este nuevo modelo energético, demostrando que es posible liderar la transformación del sector desde dentro, utilizando la tecnología y la innovación como palancas.
Nuestra estrategia se traduce en proyectos tangibles que están transformando nuestros centros industriales en polos multienergéticos. Estamos realizando una inversión intensiva para adaptar nuestras unidades actuales y desarrollar nuevas plantas dedicadas a la producción de combustibles líquidos con una huella de carbono mínima, neutra o incluso negativa.
La magnitud de esta transformación industrial y de la evolución de nuestros activos es visible en los principales proyectos que ya son realidad o que están en fase avanzada de desarrollo en nuestros complejos.
Con una inversión de 250 millones de euros, estas instalaciones de Cartagena tienen capacidad para generar 250.000 toneladas anuales de combustibles renovables a partir de residuos orgánicos, como el aceite de cocina usado o residuos agroalimentarios.
Esto supone dejar de emitir 900.000 toneladas de CO2 cada año. En términos netos, representa un recorte de emisiones de entre el 80% y el 90% en comparación con los combustibles tradicionales. Este proyecto ha involucrado a más de 1.000 profesionales y es una pieza clave para alcanzar nuestro objetivo de 2,7 millones de toneladas de capacidad productiva en 2030.
La planta consta de una unidad de hidrotratamiento, una planta de hidrógeno y áreas de almacenamiento, además de instalaciones en la Autoridad Portuaria de Cartagena.
En Tarragona, hemos alcanzado un hito tecnológico muy relevante: producir por primera vez a escala industrial gasolina de origen 100% renovable.
En definitiva, la primera planta de producción de diésel renovable y combustibles sostenibles para la aviación (SAF) a gran escala en la península ibérica, facilitando la reducción de emisiones de CO2 para la movilidad por carretera, mar o aire, a partir de las infraestructuras ya existentes para su repostaje.
En nuestro Complejo Industrial de Tarragona hemos alcanzado un hito tecnológico clave: la producción, por primera vez a escala industrial, de gasolina de origen 100% renovable.
Un avance tecnológico derivado de un proceso que tiene lugar en las unidades que ya estaban operativas en la refinería, lo que demuestra la capacidad de transformación de nuestros activos industriales.
Este combustible ha sido desarrollado por nuestros científicos en alianza estratégica con UOP-Honeywell. En concreto, la Gasolina Nexa 95 origen 100 % renovable cuenta con una composición exclusiva creada en el Repsol Technology Lab. Su diseño específico no solo permite reducir las emisiones netas de CO2 en más de un 70 % frente a la alternativa mineral, sino que también potencia el rendimiento del motor y garantiza su conservación óptima a largo plazo.
Una inversión de 130 millones de euros en el Complejo Industrial de Puertollano para poner en marcha nuestra segunda planta de combustibles 100% renovables en la península ibérica. El proyecto consiste en la transformación tecnológica de una unidad originalmente destinada al diésel, para convertirla en una instalación de vanguardia capaz de procesar residuos como aceites de cocina usados y grasas animales.
La planta tendrá la capacidad de suministrar 240.000 toneladas anuales de combustibles renovables, un volumen de producción que permite mitigar la emisión de 750.000 toneladas de CO2 al año.
Este proyecto aprovecha las infraestructuras existentes para fabricar productos de baja huella de carbono y dinamiza el tejido local con la participación de 80 empresas de la comarca y unos 250 profesionales diarios. El centro cuenta además con la ventaja logística de un oleoducto de 400 kilómetros que lo conecta con Cartagena, facilitando un suministro flexible de diésel renovable hacia el mercado peninsular, donde ya contamos con más de 1.5600 estaciones de servicio con este producto.
Situada en el puerto de Bilbao, esta planta demo tendrá una capacidad de producción de 8.000 litros diarios de combustibles sintéticos (e-fuels). El proceso utiliza hidrógeno renovable obtenido por electrólisis y CO2 capturado en la refinería de Petronor para crear un gas de síntesis que se transforma en gasolinas o querosenos. Este método permite capturar 6.700 toneladas de CO2 al año.
Al ser químicamente idénticos a los carburantes actuales, estos e-fuels son una solución que utiliza la infraestructura logística y los motores de combustión ya existentes. Su aplicación es especialmente relevante para sectores de difícil electrificación, como el transporte de larga distancia, el marítimo y el aéreo, contribuyendo directamente a nuestro objetivo de alcanzar las cero emisiones netas en el año 2050.
La Ecoplanta de Tarragona cuenta con una inversión prevista de más de 800 millones de euros para transformar residuos urbanos en productos circulares y combustibles renovables. Mediante una tecnología de gasificación desarrollada por Enerkem, la planta procesará 400.000 toneladas de residuos sólidos urbanos al año para producir 240.000 toneladas de metanol renovable y metanol circular.
El proyecto, que prevé estar operativo en 2029, generará 340 empleos directos e indirectos y unos 2.800 durante su construcción. La Ecoplanta ha sido seleccionada por el Innovation Fund de la Unión Europea por su capacidad de innovación, estimando una reducción de emisiones de 3,4 millones de toneladas de CO2 en sus primeros diez años de funcionamiento. El metanol producido servirá para descarbonizar el transporte marítimo y como materia prima para fabricar gasolina, diésel o combustible sostenible de aviación (SAF).
Marco regulatorio: clave para consolidar la industria y el despliegue de combustibles renovables en España
De nada sirve todo lo anterior si no es posible hacerlos llegar al usuario final mediante procesos eficientes . Por eso, el despliegue comercial es la última pieza de este puzle.
Hemos acelerado la disponibilidad de estos productos en nuestra red y ya contamos con más de 1.500 estaciones de servicio en la península ibérica que suministran Diésel Nexa de origen 100% renovable. Y nuestro objetivo es seguir ampliando esta capilaridad para que cualquier conductor pueda repostar reduciendo emisiones de CO2 y sin cambiar de coche.
Este despliegue no solo atiende al conductor particular. Es vital para el transporte profesional de mercancías, que encuentra en el diésel renovable la única alternativa viable a corto plazo para reducir emisiones de CO2 en sus rutas de larga distancia sin comprometer su competitividad.
Los datos y proyectos presentados confirman que España tiene los ingredientes necesarios para ser una potencia en esta nueva industria: tecnología, materias primas, instalaciones, capacidades y mercado.
Consolidar este nuevo modelo productivo requiere una visión de largo plazo y una colaboración público-privada real y leal. No podemos ignorar que países de nuestro entorno están acelerando con incentivos más favorables. Por ello, es urgente contar con una política industrial que nos permita competir y un marco regulatorio que aporte certidumbre a las grandes inversiones.