Empleo industrial
Oportunidades laborales que construyen el futuro de España
La industria siempre ha sido mucho más que un motor económico. Allí donde ha existido una base industrial sólida, también ha habido salarios más altos, estabilidad laboral y capacidad de innovación, siendo en definitiva un generador de riqueza que sostiene lo que conocemos como estado de bienestar.
Sin embargo, su peso viene reduciéndose en los últimos tiempos. Según ‘La adaptación de la industria manufacturera española al escenario energético y la transición digital', de la Fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie), el Valor Añadido Bruto de la Industria ha pasado del 17,9% en el año 2000 al 11,8% actual.
Este retroceso plantea una pregunta decisiva: ¿qué país seremos dentro de veinte años si no apostamos decididamente por el empleo industrial? Entender el valor real que ha supuesto la industria supone analizar desde una mirada realista su aportación a la prosperidad, a la cohesión territorial y al futuro que queremos construir.
La industria no solo produce bienes. También ha sido un generador de oportunidades, un fortalecedor del tejido productivo y ha determinado en gran medida la competitividad y el bienestar de un país.
Situación actual de la aportación del empleo industrial y desafíos en Europa
Además de lo anterior, el mencionado informe, cita que la industria tiene una propensión a la innovación superior al resto de sectores de la economía, alcanzando niveles de productividad por ocupado superiores a otras ramas. Estos niveles miden el valor económico que genera, de media, cada persona ocupada en un determinado sector, empresa o país durante un periodo concreto.
El INE, en la Encuesta Anual de Estructura Salarial (EAES) Año 2023, publicada el 28 de mayo de 2025, refuerza que los salarios medios en industrias manufactureras y sector energético superan de forma sistemática a los del sector servicios.
Frente a la demostrada importancia del empleo industrial para la economía y la sociedad, tenemos esa evolución desfavorable del peso de la industria, especialmente a nivel europeo, que nos enfrenta a importantes desafíos.
Según estudios recientes del Banco Central Europeo, los sectores más expuestos a la competencia internacional, especialmente frente al crecimiento de las importaciones procedentes de China, han registrado caídas significativas en su demanda laboral.
Entre 2019 y 2024, las ofertas de empleo en la industria de vehículos se redujeron en torno a un 55 %, mientras que en la industria química el descenso alcanza aproximadamente el 95 %, según esta misma fuente.
Por el contrario, los sectores con menor exposición, han mantenido una demanda de empleo más estable en el mismo periodo.
La relación entre presión competitiva y destrucción de empleo es clara. Según este análisis, se estima que un aumento de 1.000 euros por trabajador en las importaciones procedentes de China entre 2015 y 2022 se asocia con una reducción de 0,1 puntos porcentuales en la tasa de empleo del sector afectado. Traducido al conjunto de la zona euro, esto supone alrededor de 240.000 empleos que han dejado de existir o se han desplazado hacia actividades menos expuestas.
En este punto, conviene añadir una segunda derivada: cuando Europa pierde capacidad industrial en sectores críticos, no solo se resiente el empleo, también se debilita su autonomía estratégica. Esto afecta tanto a actividades intensivas en energía, como a cadenas de valor completas que sostienen el día a día de la economía: desde la fabricación de materiales y componentes hasta la capacidad de suministrar energía y productos esenciales en momentos de tensión.
Por eso resulta especialmente relevante que la Unión Europea haya anunciado el Clean Industrial Deal con planes de acción sectoriales. Desde esa lógica, cobra sentido que se incorpore también a la industria de fabricación de combustibles entre los sectores con medidas concretas, tal y como han reclamado los primeros ejecutivos del refino europeo agrupados en FuelsEurope. Se trata de un sector que está inmerso en su propia transición hacia productos de bajo carbono y renovables, y que requiere un marco que permita movilizar inversiones industriales de largo recorrido.
En el caso de España, además, existe una fortaleza específica: nuestro sistema de refino es, probablemente, el más eficiente de Europa y opera con ventajas logísticas claras, al dar salida tanto al Atlántico como al Mediterráneo. En una economía donde el transporte de mercancías depende de forma mayoritaria de la carretera, no acompañar esa transformación industrial sería contraproducente para la competitividad.
Es importante trabajar para revertir esta situación para que Europa no pierda empleos de calidad, ni autonomía en sectores estratégicos y no transfiera emisiones a terceros países con estándares ambientales y laborales muy distintos. Cuando una fábrica cierra aquí, no desaparece la demanda de esos productos, simplemente se producen en otra parte del mundo.
En este contexto, España debe mantener la actividad industrial como fórmula para garantizar empleo cualificado, atraer inversión, impulsar la innovación y reforzar cadenas de valor críticas para la economía. Además, proteger la capacidad productiva es proteger nuestra autonomía estratégica: refino, química, industria básica, energía, automoción o materiales avanzados son pilares que sostienen tanto la economía como la seguridad de suministro.
La contribución de Repsol a la inversión y al empleo industrial
Este contexto pone aún más en valor a nuestras actividades industriales, como impulsores de empleo cualificado, tecnología y valor añadido, generado a partir de los proyectos e inversiones que estamos activando y sobre las que trabajamos actualmente.
Contamos con cinco complejos industriales en España y uno en Portugal, que generan alrededor de 28.000 empleos directos, indirectos e inducidos. Son centros altamente tecnificados, que integran procesos complejos y que requieren perfiles muy cualificados en ingeniería, química, digitalización o mantenimiento avanzado.
Detrás de esa capacidad industrial hay un elemento que lo hace posible: las personas. Solo en Repsol, 25.000 empleados que, desde el talento, el compromiso y la diversidad, impulsan proyectos que exigen evolucionar al ritmo de nuevos retos tecnológicos e industriales.
En los últimos años, hemos acompañado la transición hacia combustibles renovables, economía circular e hidrógeno renovable con cambios organizativos y con un esfuerzo sostenido de capacitación, para estar preparados ante desafíos cada vez más exigentes.
Nuestra contribución al empleo industrial y a la competitividad del país se materializa en acciones concretas:
A ello se suma que, durante la última década, hemos invertido unos 1.000 millones de euros anuales en modernizar nuestros complejos industriales.
Además de las paradas que se programan en estos mismos complejos, con centenares de trabajadores diarios de Repsol y de empresas auxiliares actuando en mantenimiento, seguridad, eficiencia y competitividad, entre otros aspectos. Por citar algunos ejemplos, la parada para mantenimiento en el complejo de Cartagena contó con 800 personas diarias para ejecutar los trabajos programados. En 2024, 1.300 personas cada día trabajaron en la parada del área química programada en Tarragona, con picos de hasta 3.000; en A Coruña en torno a 700 empleados diarios en la parada de 2024 para mantenimiento e innovación; y en Puertollano hasta 500 diarios, y picos de 750, en la parada de destilación para incrementar la seguridad, fiabilidad, eficiencia energética y para una actualización tecnológica.
En paralelo, la transformación industrial también se apoya en iniciativas que buscan implicación activa y colaboración transversal. Un ejemplo es “Aliados para la Transformación”, creado en 2023, para promover que empleados de distintos niveles actúen como agentes internos del cambio. Más de 450 personas que forman parte de esta iniciativa han dinamizado espacios de escucha, reflexión y colaboración, donde participan más de 2.500 empleados en 84 sesiones, en cada ejercicio.
Este foco en las personas se extiende también a la diversidad, la equidad y la inclusión. Cuenta con una trayectoria de más de dos décadas incorporando referencias a igualdad en el Acuerdo Marco, así como, la creación de un Comité de Diversidad desde 2008 con participación de la alta dirección y, en 2024, la firma de un nuevo Plan de Igualdad junto a los sindicatos mayoritarios. A ello se suma un compromiso con la conciliación y modelos de trabajo flexibles que facilitan el equilibrio entre vida profesional y personal, incluyendo teletrabajo, permisos familiares y protocolos de desconexión digital. En 2024, 7.137 empleados se beneficiaron del teletrabajo y más de 4.300 personas disfrutaron de permisos familiares.
Todo ello en un periodo en el que Europa ha perdido 24 refinerías, lo que refleja la relevancia estratégica del tejido industrial español.
Proyectos, en definitiva, que no solo generan empleo, sino que refuerzan capacidades tecnológicas, impulsan innovación, desarrollan nuevos proyectos y mejoran la competitividad a largo plazo.
Industria para avanzar como país
Tras analizar la relevancia económica, social y estratégica de la industria, concluimos que una España con menos industria sería una España con menos oportunidades y más dependiente.
Una economía basada únicamente en servicios de bajo valor añadido no puede sostener niveles elevados de bienestar, ni financiar un sistema social ambicioso, ni ofrecer a los jóvenes empleos cualificados con los que construir un proyecto vital.
El empleo industrial no es solo una categoría profesional: es la base sobre la que se construyen sociedades estables, cohesionadas y competitivas.
Al mismo tiempo, la transición energética, la digitalización y la automatización abrirán nuevas oportunidades industriales y requerirán perfiles técnicos más especializados. Segmentos productivos como los combustibles renovables, los materiales avanzados, la biotecnología industrial, la química de bajas emisiones o el hidrógeno renovable serán fuentes de empleo de calidad si existe un ecosistema productivo capaz de sostenerlos.
Reforzar la industria supone también reforzar el futuro de miles de jóvenes que buscan un empleo estable, con formación continua y posibilidades de crecimiento. Una sociedad que quiere avanzar necesita una base productiva robusta, capaz de generar valor y atraer inversión.
Por todo ello, la industria es, y seguirá siendo, uno de los pilares sobre los que se construyen las sociedades más prósperas. Para España, apostar por la industria no es una opción: es una necesidad estratégica para garantizar empleo de calidad, competitividad y autonomía en las próximas décadas.