El carácter estratégico del refino en Europa

La infraestructura invisible que sostiene el día a día

El refino es la actividad industrial que transforma el petróleo crudo en los combustibles líquidos y las materias primas químicas de los que dependen la movilidad, la industria y muchos productos cotidianos. Según datos de FuelsEurope, mueve el 97% del transporte aéreo, marítimo y terrestre de la Unión Europea, cubre el 100% de la movilidad militar y aporta cerca del 50% de las materias primas que utiliza la industria química continental. En Europa, sin embargo, la capacidad de refino ha caído en torno a un 20% desde 2009 con el cierre de 35 refinerías. España constituye la excepción: mantiene ocho refinerías operativas, ha reforzado su capacidad en las últimas dos décadas y autoproduce alrededor del 80% del queroseno que consume. 

El gasóleo del camión que traslada la fruta al supermercado, el queroseno del avión de un vuelo de vacaciones o el betún que da forma al asfalto de la carretera nacen en el mismo lugar: una refinería. Es una infraestructura industrial de enorme complejidad que hace posible que la energía llegue de forma segura y continua a hogares, industrias y servicios esenciales.  

Pero ¿qué papel juega realmente el refino en el tejido productivo y social y qué ocurriría si Europa dejara de considerarlo un activo estratégico para su seguridad y su economía? 

El refino es mucho más que combustible: qué produce y para quién

El refino es una actividad estratégica con aplicaciones que abarcan mucho más que la movilidad, desde la industria hasta productos de uso cotidiano. 

Según los datos del informe sectorial elaborado por FuelsEurope, el refino transforma el petróleo crudo en los combustibles líquidos que mueven el 97% del transporte aéreo, marítimo y terrestre en la Unión Europea, además de cubrir el 100% de las necesidades de movilidad militar y de defensa.

Sin embargo, su peso industrial no termina en el transporte. Las refinerías suministran cerca del 50% de las materias primas químicas que alimentan a la industria manufacturera.

El refino transforma el petróleo crudo en los combustibles líquidos que mueven el 97% del transporte aéreo, marítimo y terrestre en la Unión Europea

De sus procesos derivan infinidad de productos: betún para carreteras, lubricantes para automoción e industria, componentes para adhesivos, recubrimientos, pinturas, etc. para la fabricación de fertilizantes para agricultura, cables, tuberías, aislantes para la industria, etc.

La siguiente tabla resume las principales aplicaciones de los productos derivados del refino: 

CategoríaProductos derivados del refino
CombustiblesGasolina, gasóleo, queroseno, fueloil, GLP (butano y propano). Combustible marino, combustible militar, combustibles renovables.
InfraestructuraBetún asfáltico para carreteras, aditivos para pavimentos. 
Industria químicaCerca del 50% de las materias primas: nafta, aromáticos, olefinas, base para plásticos y fibras sintéticas.
Industria manufactureraLubricantes, ceras, disolventes, aislantes, aditivos para cables y tuberías.
AgriculturaFertilizantes, formulaciones agroquímicas y productos fitosanitarios.

 

Se trata de una actividad de transformación que constituye la columna principal de la industria, permitiendo la continuidad de las cadenas de valor continentales. No obstante, durante las últimas décadas parte de esta capacidad industrial ha ido perdiendo peso relativo dentro del contexto europeo.

Un pilar que Europa ha ido debilitando: 35 refinerías cerradas desde 2009

Durante los últimos quince años, la capacidad de refino en el continente europeo ha experimentado un constante declive. Desde el año 2009, se ha producido el cierre definitivo de 35 refinerías en suelo europeo, lo que supone la pérdida de aproximadamente un 20% de la capacidad total de transformación, en un contexto marcado por una creciente competencia internacional, unos costes energéticos y operativos más elevados y la necesidad de acometer importantes inversiones para adaptar estas instalaciones a nuevos requisitos regulatorios y tecnológicos. 

Desde el año 2009 se han perdido 35 refinerías en territorio europeo, incrementando la vulnerabilidad y la dependencia de importaciones exteriores

Esta retirada de activos industriales no ha venido acompañada de una caída equivalente en la demanda de productos refinados. La reducción de capacidad propia puede aumentar la exposición europea a las importaciones de determinados productos refinados y a las alteraciones de los mercados internacionales.

Esta vulnerabilidad no surge de forma reciente. Europa arrastraba ya un déficit estructural de gasóleo y queroseno, con una elevada dependencia de las importaciones para cubrir parte de su demanda. 

Los acontecimientos geopolíticos de los últimos años han puesto de relieve esta situación: primero, la guerra en Ucrania obligó a reconfigurar los flujos de suministro hacia Europa; más recientemente, las tensiones en Oriente Medio y las disrupciones en rutas estratégicas como el estrecho de Ormuz han vuelto a evidenciar los riesgos asociados a depender de mercados y corredores logísticos externos para el abastecimiento de productos esenciales. 

Todo ello plantea una pregunta ineludible. ¿Cuáles son los riesgos de esta situación?

Qué está en juego si Europa no reconoce el valor del refino

Prescindir de la capacidad propia de refino conlleva consecuencias sistémicas que amenazan la estabilidad económica del continente. El análisis sectorial identifica riesgos claros: una mayor dependencia de las importaciones energéticas, una exposición permanente a la volatilidad de precios en los mercados globales y la pérdida de puestos de trabajo altamente cualificados.  

En Europa, la industria del refino sostiene de forma directa e indirecta a más de 76.000 trabajadores, aporta un 1,8% al PIB comunitario y genera más de 31.000 millones de euros en actividad comercial indirecta. A ello se suma el hecho de que descuidar esta base industrial encarece y ralentiza el propio proceso de transición energética.  

Cuando una instalación se desmantela por completo, recuperar esa capacidad industrial exige construir de nuevo y realizar inversiones muy elevadas. En cambio, mantener activos industriales operativos o susceptibles de reconversión facilita su adaptación a nuevas tecnologías y usos energéticos, aprovechando infraestructuras, conocimiento técnico y capacidades ya existentes.

Construir nuevas instalaciones desde cero suele requerir inversiones elevadas y plazos más largos que adaptar determinados activos existentes, aunque la diferencia depende de cada proyecto y tecnología. Sin el refino, Europa no solo pierde seguridad de suministro en el presente, sino también capacidades industriales, empleo cualificado y parte de la actividad productiva asociada, que tiende a desplazarse hacia otras regiones. 

A diferencia de la corriente de cierres vivida en buena parte de Europa, España decidió seguir un rumbo diferente y reforzar su tejido industrial. 

La excepción española: 8 refinerías y una capacidad reforzada

Frente a la pérdida de capacidad en el resto del continente, España representa una excepción positiva y un ejemplo de visión estratégica a largo plazo. En las últimas dos décadas, mientras Europa reducía un 20% su capacidad de refino, en nuestro país hemos incrementado la capacidad en torno a un 15%, consolidando una red industrial altamente competitiva formada por ocho refinerías operativas. 

En las últimas dos décadas, mientras Europa reducía un 20% su capacidad de refino España tiene una capacidad de refino relevante que representa aproximadamente el 13% del total europeo

Esta posición diferencial es el resultado directo de una apuesta inversora continuada. Durante la última década, Repsol ha destinado una media aproximada de 1.000 millones de euros anuales a sus cinco complejos industriales en España, incluyendo actuaciones de mantenimiento, modernización, eficiencia y adaptación productiva.

Esta inversión sostenida nos permite operar instalaciones de elevada complejidad técnica, capaces de procesar más de 100 tipos de crudo distintos procedentes principalmente de la cuenca atlántica (Estados Unidos, México, Brasil) y el norte de África, evitando la dependencia exclusiva de rutas internacionales vulnerables. Esta flexibilidad operativa ha sido determinante durante las recientes crisis internacionales. Según los datos comunicados por el Gobierno en abril de 2026, España producía alrededor del 80% del queroseno que consume, una capacidad que contribuye a reforzar la seguridad de suministro y a responder con mayor agilidad ante posibles alteraciones en los mercados internacionales. 

El impacto económico regional y nacional de esta red es incuestionable: el sistema de refino contribuye de forma significativa a la creación de valor, al empleo industrial y a la competitividad de numerosas cadenas productivas en España.  

Pero la fortaleza de estas instalaciones no solo radica en asegurar el suministro presente, sino en su capacidad de evolución hacia el nuevo modelo energético.

Del refino de hoy al de mañana: la reconversión hacia centros multienergía

Avanzar hacia una economía con menor intensidad de emisiones de CO2 no exige desmantelar nuestro tejido industrial, sino acelerar su transformación, ya que las refinerías pueden desempeñar un papel relevante en la producción de alternativas renovables, al aprovechar parte de las infraestructuras, la logística y el conocimiento técnico existentes.

Las refinerías pueden desempeñar un papel relevante en la producción de determinadas alternativas renovables, al aprovechar parte de las infraestructuras, la logística y el conocimiento técnico existentes

Convertir una refinería existente en un centro multienergía permite aprovechar infraestructuras ya existentes para impulsar la producción de combustibles e hidrógeno de origen renovable. Según estimaciones sectoriales, aprovechar las infraestructuras, la logística y el conocimiento técnico ya instalados permite reducir los costes de inversión de capital entre un 30% y un 50% en comparación con la construcción de plantas aisladas desde cero. 

Cartagena, Tarragona y Puertollano: casos operativos de Repsol

Una transformación industrial que ya es una realidad operativa en nuestros complejos industriales. En Cartagena, Repsol puso en marcha en 2024 la primera planta de combustibles de origen 100% renovable a gran escala de la península ibérica, con capacidad para producir 250.000 toneladas anuales de diésel de origen 100% renovable y combustible sostenible para aviación (SAF). En Tarragona, la compañía alcanzó un hito tecnológico al producir por primera vez gasolina de origen 100% renovable a escala industrial. Y en Puertollano, ha transformado una unidad de refino convencional para fabricar 200.000 toneladas anuales de diésel renovable, una de las primeras reconversiones de este tipo realizadas en la península ibérica.

Complejo Proyecto CapacidadHito
CartagenaPlanta de combustibles de origen 100% renovable (diésel de origen 100% renovable + SAF)250.000 t/añoPrimera planta a gran escala de la península ibérica (2024) 
TarragonaProducción de gasolina de origen 100% renovableEscala industrial Primer hito tecnológico de este tipo en Europa
PuertollanoReconversión de unidad de refino convencional a diésel de origen 100% renovable200.000 t/añoUna de las primeras reconversiones de este tipo en la península

No obstante, para que este esfuerzo de inversión industrial pueda mantenerse y desplegarse a mayor escala, el sector requiere una condición indispensable. 

Qué necesita el refino para seguir siendo estratégico

Para consolidar esta transformación industrial y evitar el cierre de nuevas plantas en Europa, es imprescindible contar con un marco regulatorio previsible que actúe como un verdadero habilitador de la inversión y no como un freno burocrático o fiscal. 

El sector del refino reclama corregir las diferencias de costes que hoy restan competitividad a las plantas europeas frente a instalaciones de terceros países. Las refinerías de la Unión Europea afrontan costes regulatorios que no soportan sus competidores fuera de Europa, lo que favorece la entrada de productos importados y puede acabar desplazando actividad industrial y emisiones fuera de nuestras fronteras. Un ejemplo es el elevado coste del CO2 asociado al mercado europeo de derechos de emisión (EU ETS). 

Por ello, considero necesario avanzar hacia un marco basado en la neutralidad tecnológica, que permita competir en condiciones más equilibradas y avanzar en la reducción de emisiones de CO2. 

Desde el sector se propone aplicar un enfoque de neutralidad tecnológica que valore las distintas soluciones en función de su capacidad para reducir emisiones GEI, su viabilidad y su contribución a cada modo de transporte. La transición energética debe basarse en la complementariedad de todas las soluciones viables, garantizando la igualdad de condiciones entre la electricidad de origen renovable y los combustibles de origen renovable en todos los modos de transporte.  

Este enfoque puede favorecer una transición más flexible, en la que la electrificación y los combustibles renovables desempeñen funciones complementarias según las características de cada uso.

Un activo esencial

Reconocer a tiempo el valor fundamental de las refinerías permite disponer de energía accesible, segura y continua mientras avanzamos en el desarrollo de nuevas tecnologías que permitan reducir la huella de carbono.  

Europa se encuentra ante una encrucijada estratégica: apoyar la transformación de su base industrial y energética o aceptar una dependencia exterior creciente que mermará su autonomía y su capacidad de decisión. Cuidar nuestras capacidades europeas de refino, modernizarlas y dotarlas de un marco regulatorio justo es la mejor garantía para asegurar la resiliencia y el progreso de nuestra economía continental. Este debate se enmarca en la misma lógica que la autonomía energética y la seguridad de suministro energético, pilares del nuevo modelo energético europeo. 

Preguntas frecuentes sobre la industria del refino en España y Europa

España cuenta con 8 refinerías operativas, lo que la sitúa entre los países europeos con mayor capacidad de refino. En conjunto, esta red representa aproximadamente el 13% de la capacidad total europea, tras haberla incrementado en torno a un 15% en las últimas dos décadas, en contraste con la reducción del 20% registrada en el resto del continente.

Porque transforma la materia prima, produciendo los combustibles líquidos para mover el 97% del transporte civil y el 100% del transporte militar en la Unión Europea, y aportando cerca del 50% de los insumos que utiliza la industria química y la totalidad de productos esenciales como el betún para asfaltos, lubricantes, ceras y disolventes indispensables para la agricultura, la construcción y la sanidad. 

Mientras que en Europa se han cerrado 35 refinerías desde 2009, perdiendo cerca del 20% de la capacidad total. Según datos sectoriales, España ha incrementado su capacidad en torno a un 13% en las últimas dos décadas, mantiene 8 refinerías operativas. y se sitúa entre los países europeos con mayor capacidad de refino. Esta fortaleza inversora permite autoproducir alrededor del 80% del queroseno que consume el país y amortiguar los choques geopolíticos y las volatilidades de precios en los mercados internacionales.

Un centro multienergía es una refinería tradicional reconvertida para producir combustibles renovables, hidrógeno de origen renovable y otros vectores energéticos junto a productos convencionales. Transformar complejos ya en funcionamiento permite reducir los costes de inversión de capital entre un 30% y un 50% frente a la construcción de plantas desde cero, aprovechando la logística, las conexiones de transporte y el conocimiento técnico ya instalados para escalar la producción de combustibles renovables de forma rápida y viable económicamente.

Además de gasolina, gasóleo, queroseno y GLP, del refino derivan el betún asfáltico para carreteras, lubricantes industriales, ceras, disolventes, aislantes y aditivos industriales, así como cerca del 50% de las materias primas químicas (naftas, aromáticos, olefinas) que utiliza la industria manufacturera para producir plásticos, fibras sintéticas, fertilizantes, agroquímicos, adhesivos, pinturas o materiales de construcción. 

Garantiza que todas las tecnologías viables compitan en igualdad de condiciones para reducir las emisiones de CO2, promoviendo tanto la electrificación de origen renovable como los combustibles de origen renovable en todos los modos de transporte. Esto evita depender de una única solución y permite avanzar de forma realista sin poner en peligro la competitividad industrial ni la asequibilidad de la energía para los ciudadanos.

Durante la última década, Repsol ha destinado una media aproximada de 1.000 millones de euros anuales a sus cinco complejos industriales en España, incluyendo actuaciones de mantenimiento, modernización, eficiencia y adaptación productiva. Esta inversión sostenida permite operar instalaciones capaces de procesar más de 100 tipos de crudo distintos. 

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