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Autonomía energética

Qué es y la relevancia en un contexto de transición energética

Cómo la transición energética puede reforzar la autonomía estratégica europea

La energía se ha convertido en uno de los grandes factores que condicionan la competitividad, la seguridad económica y la autonomía estratégica de Europa. Las crisis energéticas de los últimos años han puesto de manifiesto hasta qué punto la dependencia de recursos procedentes del exterior puede traducirse en volatilidad de precios, tensiones geopolíticas e incertidumbre para ciudadanos e industrias. 

En este contexto, reforzar autonomía energética cobra una relevancia creciente para garantizar un suministro seguro, diversificado y resiliente, reduciendo la exposición a riesgos externos y fortaleciendo las cadenas de valor europeas. 

Alcanzar ese objetivo requiere mucho más que desplegar nuevas fuentes de energía. Europa necesita transformar su sistema energético sin perder las capacidades industriales que hoy garantizan su seguridad de suministro y sostienen su competitividad. La transición energética no parte de una hoja en blanco: se apoya en infraestructuras, conocimiento, cadenas de valor y activos industriales que pueden evolucionar para suministrar la energía y las materias primas que seguirá necesitando la economía europea. 

Entre esas capacidades industriales, el sector del refino desempeña una posición estratégica. Más allá de suministrar combustibles, constituye una infraestructura esencial para el funcionamiento de la economía europea, al proporcionar energía para el transporte y materias primas indispensables para industrias como la química, la automoción, la aviación o la defensa.  Las refinerías europeas suministran el 97% de la energía utilizada en el transporte y alrededor del 50% de las materias primas esenciales para la industria química en Europa.  Su papel resulta especialmente relevante en un contexto internacional caracterizado por tensiones geopolíticas persistentes, disrupciones en los mercados energéticos y una competencia global cada vez más intensa. 

Lejos de ser una industria estática, el refino europeo está experimentando una profunda transformación. Las refinerías integran progresivamente materias primas renovables y recicladas junto con las convencionales, incorporan nuevas tecnologías de baja huella de carbono y evolucionan hacia complejos industriales capaces de producir combustibles renovables, materias primas circulares y nuevas moléculas bajas en carbono. Esta transformación permite mantener la seguridad de suministro mientras se avanza en la descarbonización aprovechando infraestructuras y capacidades industriales ya existentes.

Cartagena

Combustibles renovables: innovación y transformación industrial para reforzar la autonomía energética

Una de las mejores muestras de esta transformación industrial son los combustibles renovables. Representan cómo una misma solución puede contribuir simultáneamente a reducir emisiones de CO2, reforzar la seguridad de suministro y aumentar la competitividad europea. 

Se producen a partir de materias primas orgánicas como biomasa, residuos agrícolas y forestales, aceites usados o subproductos de la industria agroalimentaria, muchos de ellos disponibles en Europa. Esto permite aprovechar recursos locales, reducir la dependencia de importaciones y generar nuevas cadenas de valor industriales. 

Además, su desarrollo impulsa la inversión, el empleo y la innovación tecnológica, al tiempo que aprovecha infraestructuras industriales ya existentes, reduciendo la necesidad de construir nuevos sistemas desde cero. 

En Repsol llevamos años transformando nuestros complejos industriales en hubs multienergéticos, integrando economía circular, energías renovables, eficiencia energética y nuevas tecnologías de baja huella de carbono. Esta transformación permite adaptar instalaciones existentes para producir combustibles renovables a gran escala, reforzando al mismo tiempo la competitividad industrial y la autonomía energética europea. 

De la transformación industrial a la realidad

Esta transformación ya es una realidad. En Cartagena opera la primera planta de la península ibérica capaz de producir combustible sostenible para aviación (SAF) y diésel de origen 100 % renovable a partir de residuos y otras materias primas orgánicas. 

En Puertollano hemos incorporado una nueva capacidad de producción de 200.000 toneladas anuales de combustibles origen 100 % renovable destinados tanto al transporte por carretera como al marítimo. 

En Tarragona producimos gasolina de origen 100 % renovable . El resultado ya está disponible en estaciones de servicio de Madrid y Cataluña mediante la gasolina Nexa 95 de origen 100 % renovable, diseñada en el Repsol Technology Lab. 

A ello se suma la construcción, en Bilbao, de una planta demostrativa de combustibles sintéticos que utilizará CO2 e hidrógeno renovable para producir combustibles líquidos de baja huella de carbono siguiendo un modelo circular. 

Paralelamente, hemos ampliado su disponibilidad al consumidor. Actualmente, más de 1.600 estaciones de servicio de España y Portugal suministran Diésel Nexa de origen 100 % renovable, una cifra que continuará creciendo para ofrecer alternativas de descarbonización a un número cada vez mayor de vehículos. 

Vista de la planta de biocombustibles avanzados del Complejo Industrial de Cartagena

Un marco regulatorio coherente y que incentive la inversión industrial y la descarbonización en Europa

Sin embargo, para que esta transformación pueda desplegar todo su potencial resulta imprescindible que el marco regulatorio evolucione.

La regulación europea todavía presenta importantes incoherencias. Mientras normas como ReFuelEU Aviation o FuelEU Maritime promueven el uso de combustibles renovables para reducir las emisiones del transporte aéreo y marítimo, los estándares europeos de CO2 para vehículos ligeros y pesados no reconocen plenamente su contribución a la descarbonización. 

Esta falta de coherencia tiene consecuencias directas sobre la inversión. 

Los combustibles renovables se producen de forma integrada en los complejos industriales. En un mismo proceso se obtienen combustibles destinados a la aviación, al transporte marítimo y al transporte por carretera. Si uno de esos mercados carece de un marco regulatorio que incentive su utilización, los proyectos industriales pierden competitividad y las inversiones pueden desplazarse hacia otras regiones con marcos regulatorios más favorables. Europa no solo ralentiza su proceso de descarbonización, sino que también corre el riesgo de debilitar su industria y aumentar su dependencia energética.

Autonomía energética y competitividad deben avanzar juntas

La autonomía estratégica europea no pasa por elegir entre competitividad y descarbonización, ni entre tecnologías nuevas y capacidades existentes. Pasa por aprovechar todos los recursos disponibles para construir un sistema energético más resiliente, diversificado y competitivo.

Europa dispone de una base industrial, unas infraestructuras y un conocimiento tecnológico que constituyen una ventaja estratégica. Transformar esos activos para producir energía y materias primas bajas en carbono permitirá acelerar la transición energética, reforzar la seguridad de suministro y generar crecimiento industrial.

Para lograrlo será necesario un marco regulatorio coherente, que reconozca la contribución de todas las soluciones capaces de reducir emisiones y ofrezca señales claras para movilizar inversión. Solo así la transición energética podrá convertirse también en una oportunidad para fortalecer la autonomía estratégica europea y consolidar el liderazgo industrial de la Unión.

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