¿Qué productos salen de una refinería? 

Del combustible para el transporte a los materiales que usamos cada día

Apenas son las 10:00 de la mañana y probablemente ya has usado docenas de productos que vienen de una refinería. El plástico del cepillo de dientes, el tejido de la ropa deportiva, al pisar el asfalto de la calle… 

Una refinería no es solo el origen del combustible. Es el origen de buena parte de los materiales con los que está construida la vida moderna. Conocer qué produce una refinería es tomar conciencia de su relevancia para la economía y la sociedad actual. 

¿Qué se obtiene a partir de un barril de crudo? 

Un barril de crudo genera mucho más que combustible para vehículos: también butano, propano, naftas, queroseno, fuelóleo y asfalto. 

Cuando pensamos en una refinería, lo primero que nos viene a la cabeza es el surtidor de una estación de servicio. Tiene sentido: el combustible para vehículos es el producto más visible. Pero es solo una parte de lo que se genera a partir de un barril de crudo. 

De ese mismo barril nacen el butano y el propano que alimentan millones de cocinas y sistemas de calefacción en España. También naftas que sirven de materia prima para fabricar plásticos, adhesivos, pinturas, espumas, fibras textiles, equipos médicos desechables como jeringas, catéteres, sondas, guantes de látex…, por poner algunos ejemplos.

De ese mismo barril nace el queroseno que mueve los aviones, el fuelóleo que propulsa barcos y alimenta procesos industriales, o el asfalto con el que se pavimentan carreteras y autovías. Todo eso tiene su origen, de una u otra forma, en una refinería. 

Pero la dimensión real de todo esto se entiende mejor cuando hacemos zoom en algunas cifras. El peso del refino en la economía española no es anecdótico: es estratégico. 

¿Qué productos salen de una refinería? 

Los productos derivados del petróleo son todos los materiales que se obtienen al refinar el crudo en una refinería: desde combustibles como el gasóleo o el queroseno hasta materia prima industrial para plásticos, asfaltos o fibras textiles. De cada barril de crudo se obtiene una combinación de los siguientes:

  • Combustibles 
    • Butano y propano: alimentan cocinas y sistemas de calefacción en millones de hogares. 
    • Gasóleo: el combustible que mueve el transporte por carretera; el refino español produce en torno al 65% del gasóleo que consume el país. 
    • Queroseno: el combustible que sostiene la aviación; el refino español produce en torno al 45% del queroseno que consume España. 
    • Fuelóleo: propulsa barcos y alimenta procesos industriales. 
  • Materias primas industriales 
    • Naftas: materia prima de plásticos, adhesivos, pinturas y fibras textiles. 
    • Compuestos petroquímicos básicos: base de equipos médicos desechables como jeringas, catéteres o guantes de látex. 
  • Construcción e industria pesada 
    • Asfalto: pavimenta carreteras y autovías.

Impacto de la industria del refino en España

El refino de petróleo proporciona a día de hoy el 97% de la energía que consume el transporte en España, y sostiene aproximadamente el 50% de las materias primas que utiliza la industria química: desde la automoción y la construcción hasta la defensa o los materiales avanzados, siendo la base sobre la que funciona buena parte de la economía.

El gasóleo y el queroseno son los dos productos más demandados. El primero mueve el transporte por carretera siendo la primera vía para facilitar la movilidad de personas y mercancías. El segundo sostiene la aviación, un sector crítico para un país que recibe más de 80 millones de turistas al año y cuya economía depende sustancialmente de esa conectividad.

La capacidad de producir ambos productos en España, con la flexibilidad para tratar diferentes calidades de crudo, no es un detalle logístico. Es una cuestión de autonomía.

Y para entender esa autonomía en toda su dimensión, hay que mirar al interior de los complejos industriales: no solo a lo que producen, sino a cómo están configurados para producirlo.

Refinerías más modernas y flexibles para producir de forma más eficiente

No todas las refinerías son iguales. Y esa diferencia tiene consecuencias muy prácticas para el suministro. 

Según el funcionamiento de una refinería convencional, esta destila el crudo y obtiene de él una proporción de productos, determinada en gran medida por la propia composición del crudo que procesa. Si ese crudo produce naturalmente más fracciones pesadas (de menor demanda) que ligeras, la balanza de bienes que se generarán no estará ajustada a las necesidades de la economía y la sociedad. 

En este punto, es importante destacar que nuestras refinerías están equipadas con esquemas de conversión profunda. Esto significa que, en lugar de limitarse a separar los componentes del crudo tal como se presentan, somos capaces de transformar las fracciones pesadas, con menor demanda, en gasóleo y queroseno, que son los productos que más necesita la sociedad.

Es una ventaja que no se improvisa. Es el resultado de años de inversión sostenida en modernizar los complejos industriales, precisamente para dotarlos de esa capacidad de respuesta que las refinerías menos equipadas no tienen.

Esa capacidad de producir más de lo que más se necesita cobra su pleno sentido cuando se habla de suministro. Porque producir es solo la mitad del trabajo: la otra mitad es garantizar que ese producto llega a donde tiene que llegar, cuando tiene que llegar.

Del complejo industrial al cliente final: cómo llegan los productos a su destino 

Una refinería no distribuye por sí sola. Para que todos los productos lleguen a donde es necesario existe una cadena logística extensa y coordinada. 

​​Los productos refinados salen de los complejos industriales por tres vías principales: oleoducto, buque cisterna o camión. Los oleoductos transportan grandes volúmenes de forma eficiente a lo largo del territorio. Los buques conectan los complejos costeros con puertos de destino, tanto nacionales como internacionales. Los camiones cisterna cubren el último tramo, desde los depósitos de almacenamiento hasta las estaciones de servicio y los grandes consumidores industriales. 

La posición geográfica de nuestros cinco complejos en España no es casual. Con presencia en el Océano Atlántico, en el Mar Mediterráneo y en el Mar Cantábrico, y con acceso tanto a las costas como al interior peninsular a través de la red de oleoductos, el sistema está diseñado para cubrir el territorio de forma eficiente y equilibrada.

El último eslabón de esa cadena en el caso de los combustibles son las más de 4.400 estaciones de servicio de Repsol distribuidas por todo el mundo (España, Portugal, México y Perú). Son el punto de contacto entre el sistema de refino y el ciudadano: el momento en que el producto industrial se convierte en algo tan cotidiano como llenar el depósito antes de un viaje o repostar el camión que abastece un supermercado.

Pero que esa cadena funcione con normalidad no es algo que ocurra por inercia. En momentos de tensión en los mercados globales, mantener el suministro requiere algo más que tener buenas instalaciones. Requiere previsión, coordinación y la voluntad de actuar antes de que el problema llegue.

Una industria clave para la economía y la sociedad

Ahora que conoces el punto de partida del envase del yogur que estás saboreando, de la energía que alimenta tu calefacción o del combustible del avión que te lleva de vacaciones tienes una visión más amplia de lo transversal que es en realidad una refinería.  

Cuando se piensa en ello, la magnitud de lo que está en juego resulta difícil de ignorar. El refino no es una industria entre otras. Es una infraestructura central sobre la que descansa una parte enorme de lo que damos por sentado cada día.

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