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Butano, propano y bioGLP

La energía que no falla cuando más se necesita

El gas licuado del petróleo, conocido como GLP, agrupa el butano y el propano, dos gases obtenidos de la destilación del petróleo crudo y, en buena parte, directamente de los pozos de gas natural. A presión moderada se licúan, lo que facilita su almacenamiento y transporte, envasados en bombonas o distribuidos a granel mediante depósito. Esa combinación de facilidad de transporte y alto poder calorífico explica por qué, décadas después de su llegada a los hogares españoles, sigue siendo una de las soluciones más utilizadas para cocinar, calentar agua y dar calefacción.

Qué es el gas licuado del petróleo (GLP): butano, propano y su origen

El gas licuado del petróleo es un hidrocarburo ligero que, a temperatura ambiente, puede transformarse de estado gaseoso a líquido mediante presión moderada. Esa característica es la clave de su utilidad: en estado líquido ocupa aproximadamente 250 veces menos volumen que en estado gaseoso, lo que permite almacenarlo y transportarlo con eficiencia sin necesidad de red fija de tuberías.

El propano mantiene su rendimiento incluso a 44 grados bajo cero, lo que lo convierte en la opción preferida en los exteriores y en las zonas con los inviernos más duros

El butano y el propano son las dos formas comerciales del GLP. Ambos comparten origen —refino del petróleo y procesamiento del gas natural— pero se diferencian en su comportamiento térmico. El butano funciona de forma óptima por encima de los 0 grados centígrados, lo que lo convierte en la opción habitual para el interior de la vivienda. El propano mantiene su rendimiento incluso a 44 grados bajo cero, por lo que resulta la opción preferida en exteriores, en barbacoas o en zonas con inviernos muy fríos.

Butano y propano en el mix energético español: usos y contexto

El butano y el propano siguen formando parte del día a día de muchos hogares españoles, sobre todo en zonas rurales o en viviendas sin acceso a la red de gas natural. Cocinas, calentadores de agua, calefacción puntual con estufas o braseros, lavadoras y secadoras con conexión a gas, e incluso neveras que no requieren electricidad, funcionan gracias a esta energía en lugares donde la red eléctrica llega con menos facilidad o resulta más cara.

En Repsol llevamos distribuyendo bombonas de butano en España desde 1957una de las redes de mayor recorrido del país. Esa continuidad explica por qué, en las provincias que más población han perdido en las últimas décadas, donde un 42% de los municipios está hoy en riesgo de despoblación según el Banco de España, esta energía sigue siendo la solución más práctica para cubrir necesidades básicas, junto con el gas a granel para viviendas unifamiliares o negocios, que cubre con un único suministro la cocina, el agua caliente y la calefacción.

Los análisis sobre el futuro del sector apuntan en la misma dirección: la consultora Frontier Economics calcula que, antes de 2040, la producción de gas licuado renovable podría cubrir entre el 70% y el 80% de la demanda europea de GLP, con sistemas de calefacción ya comparables en coste a las bombas de calor en países como Alemania, Polonia o Italia.

El papel del GLP como energía transicional: un suministro pensado para no fallar cuando más se necesita

Más allá de su uso diario, el butano y el propano cumplen una función estratégica, garantizando el suministro cuando las infraestructuras energéticas convencionales se ven sometidas a tensión. Al no depender de una red de tuberías, el GLP se almacena y se transporta con flexibilidad por barco, por camión cisterna o en camiones de bombonas, lo que permite hacerlo llegar a entornos aislados o a picos de demanda puntuales sin necesidad de grandes obras de infraestructura.

Esta cadena logística parte de las factorías nodrizas, que reciben el GLP desde las refinerías o por barco, y se completa en las factorías receptoras y subestaciones repartidas por el territorio, desde donde se hace llegar el producto al cliente final. Disponer de varios eslabones de almacenamiento intermedio reduce la dependencia de un único punto de suministro.

Quien cuenta con un depósito de gas propano puede consultar desde el móvil, en tiempo real, cuánto gas le queda gracias al sistema de telemedida

Esta flexibilidad se traduce también en servicios concretos. Quien cuenta con un depósito de gas propano, aéreo o enterrado, dispone de un sistema de telemedida que permite consultar desde el móvil el nivel de gas disponible en cada momento, y de un servicio de asistencia y urgencias activo las 24 horas.

Las crisis energéticas de los últimos años, marcadas por la volatilidad de precios y por restricciones de suministro en distintos puntos de Europa, han puesto de relieve el valor de fuentes de energía que no dependen de una infraestructura única. El GLP, al almacenarse en el propio punto de consumo, ofrece ese margen adicional: se trata de sumar opciones dentro del mix energético doméstico, no de sustituir una tecnología por otra.

Esa estabilidad se aprecia también en los precios. Según el Ministerio para la Transición Ecológica, el coste del autogas se ha mantenido más contenido que el de otros combustibles gracias a una cadena de suministro diversificada –con importaciones de Estados Unidos, el Mar del Norte o Argelia– y a un proceso de producción más sencillo. Esa misma robustez sostiene hoy una red de más de 900 estaciones de servicio en España.

La eficiencia es otro argumento de fondo: aprovechar todas las energías disponibles, cada una en el uso donde resulta más eficiente, es la base de un mix energético realista. En esa línea apuntan también los combustibles renovables bioGLP y rDME, que pueden integrarse en la infraestructura ya existente sin grandes inversiones y cuya producción puede generar empleo en los propios entornos rurales.

Digitalización de la cadena de suministro: Control Tower GLP y enerTIC Awards

La distribución de butano y propano ha incorporado digitalización en cada uno de sus eslabones. El programa Control Tower GLP, compuesto por diez casos digitales que controlan el proceso desde el abastecimiento hasta la fase comercial, fue reconocido en la categoría Smart Product de los enerTIC Awards 2024, unos premios que distinguen el uso de nuevas tecnologías en infraestructuras energéticas e industriales.

La plataforma digital Control Tower GLP controla todo el proceso desde el abastecimiento hasta la fase comercial

Esa digitalización llega también al usuario final. Pedir una bombona ya no exige desplazarse: a través de una aplicación o de la web es posible elegir el tipo de bombona, la cantidad, el día de entrega y pagar sin manejar efectivo. Además, quien dispone de un depósito de gas propano puede consultar en tiempo real, desde el móvil, cuánto gas le queda.

Los propios envases han evolucionado. La bombona ligera de 12 kilos reduce el peso para facilitar su transporte, mientras que la bombona de 6 kilos resulta práctica dentro o fuera de casa. 

Seguridad del GLP: mitos habituales y datos

Alrededor de las bombonas de butano y propano circulan algunas ideas que conviene aclarar con datos. La primera es que explotan con facilidad. En realidad, están fabricadas con válvulas de seguridad que liberan la presión interna si esta aumenta en exceso, por lo que no estallan por sí solas. Los incidentes que se producen son excepcionales y suelen estar relacionados con un uso o un mantenimiento inadecuados, no con un fallo del propio envase.

La segunda idea extendida es que el gas resulta peligroso por su olor. En realidad, el butano y el propano son gases incoloros e inodoros. El olor característico que permite detectar una fuga se añade de forma intencionada, mediante un compuesto llamado mercaptano, precisamente como medida de seguridad.

Existe también la creencia de que, sin fuego cerca, una fuga no implica riesgo de explosión. No es así: una simple chispa, la conexión de un electrodoméstico o la electricidad estática de la ropa puede bastar para encender el gas si su concentración en el aire está dentro de los límites de inflamabilidad. Por eso, ante un olor a gas, lo recomendable es no encender ni apagar ningún interruptor y ventilar la estancia de inmediato.

Algunas recomendaciones sencillas reducen aún más el margen de riesgo:

  • Colocar siempre la bombona en posición vertical y evitar golpes o caídas.
  • Conectarla o desconectarla en una estancia ventilada y sin llamas cerca.
  • Revisar periódicamente la manguera y la válvula.
  • Mantener la bombona alejada de fuentes de calor y de tomas de corriente.

La instalación de gas debe revisarse cada cinco años a través de un instalador autorizado, una garantía adicional que reduce todavía más la posibilidad de que se produzca un incidente.

El papel del GLP en el futuro energético del hogar

El futuro del mix energético doméstico no pasa por sustituir una fuente por otra, sino por combinarlas según el uso. Cada fuente cubre la necesidad para la que resulta más eficiente. La multienergía plantea precisamente eso: butano o propano cubriendo todas las necesidades energéticas de los hogares en entornos sin acceso a la red, gas natural donde esté accesible, o gasóleo para la calefacción, enegía solar para la generación eléctrica y recarga eléctrica para la movilidad. 

El sector se ha posicionado ante la Comisión Europea en la consulta sobre el futuro marco de eficiencia energética posterior a 2030. El argumento central es que, en varios países, los esquemas de ayudas y la certificación energética canalizan el apoyo hacia una única tecnología, la electrificación, dejando fuera el gas licuado renovable incluso donde resulta más práctico, como en viviendas rurales o de difícil acceso a la red. En España, en concreto, las subvenciones a calderas de combustibles fósiles están prohibidas desde 2025 y el sistema de certificados de ahorro energético excluye la sustitución de una caldera de gas por otra, mientras sí reconoce el cambio hacia bombas de calor. Desde el sector se reclama un marco que también reconozca las soluciones transicionales en los segmentos donde la electrificación inmediata no resulta viable.

La infraestructura actual de distribución, almacenamiento y suministro de GLP está preparada para incorporar estos nuevos combustibles sin requerir obras adicionales, lo que facilita la transición a medida que su producción se vaya ampliando. Por eso el butano y el propano seguirán teniendo un lugar en los hogares españoles en los próximos años: no por inercia, sino porque siguen resolviendo necesidades concretas que otras energías, a día de hoy, no cubren con la misma facilidad.