Trabajar en Pikka significa hacerlo en uno de los entornos más remotos de Alaska. El frío y la presencia de fauna condicionan el día a día: en la planta de tratamiento de agua de mar, por ejemplo, los accesos disponen de estructuras protegidas desde las que el personal puede comprobar si hay osos polares antes de salir al exterior.
Lance Ridall conocía ya condiciones exigentes antes de trasladarse a Anchorage para trabajar en Pikka. En el activo Marcellus, en Pensilvania, había trabajado con temperaturas de hasta -20 °C, calor cercano a los 38 °C, nieve y presencia de osos negros. Sus primeros viajes al North Slope cambiaron, sin embargo, su percepción de lo que significaba trabajar en condiciones extremas. “Las temperaturas descendían habitualmente por debajo de los -40 °C y enormes osos pardos caminaban justo al lado de nuestros alojamientos”, recuerda.
Para Ridall, afrontar ese entorno exige combinar experiencia y prevención. “Repsol ha hecho un gran trabajo para garantizar que se adopten las medidas adecuadas para proteger a los trabajadores", explica. Entre ellas cita la ropa específica para condiciones meteorológicas extremas, los límites de temperatura para trabajar en el exterior y el diseño de los edificios para afrontar posibles encuentros con la fauna salvaje.