Una vista aérea de la central de PIKKA

Negocio y Estrategia

Pikka: las personas detrás de un proyecto premiado en Alaska

Más de una década de trabajo separa el descubrimiento de Pikka de su puesta en producción. Ahora, la Alaska Oil & Gas Association reconoce la gestión ambiental y las soluciones avanzadas del proyecto en el que participa Repsol. Detrás del premio están las personas que lo han hecho posible.

Unas 650 personas trabajaban en Pikka cuando apenas faltaban unos días para el inicio de la producción. En su centro de operaciones, en la región de North Slope de Alaska, era tiempo de últimas comprobaciones: revisar instrumentos, calibrar sistemas, probar equipos y preparar unas instalaciones a punto de entrar en funcionamiento. Mientras el personal de operación se preparaba para asumir el día a día, otros equipos ultimaban la construcción y la puesta en marcha.

Para Carlos Ramos, miembro del equipo de Repsol que ha trabajado en la Fase 1, llegar hasta ese momento despertaba una mezcla de “alegría, realización y nostalgia”. Después de participar en cuatro megaproyectos de Repsol en distintos países, asegura que nunca se había enfrentado a un nivel de dificultad como el de Pikka. “Esto marcará nuestra vida personal y profesional los próximos años”.

Un paisaje que muestra la central de Pikka en la distancia, con unos renos en primer plano

Detrás quedaban más de cuatro años de trabajo entre Canadá, Indonesia y Estados Unidos, con más de 1.000 personas implicadas y tres duros inviernos en el norte de Alaska, según recuerda Ramos. Durante ese tiempo, grandes módulos del proyecto se fabricaron en Canadá e Indonesia antes de ser trasladados, instalados e integrados en Alaska.

Ese esfuerzo colectivo ha recibido ahora un reconocimiento. La Alaska Oil & Gas Association (AOGA) ha elegido la Fase 1 de Pikka como Proyecto del Año por su ingeniería, gestión ambiental, colaboración con las comunidades locales y soluciones para reducir la ocupación del terreno y las emisiones asociadas a la operación.

Con una participación del 49⁠%, frente al 51⁠⁠% de la australiana Santos, que ejerce como operador, Pikka es el primer proyecto de Repsol en producción en esta vasta región de Alaska.

Para Repsol, el galardón forma parte de una historia que comenzó en 2013 con el descubrimiento del yacimiento. “Hace unos años tomamos la decisión estratégica de desarrollar este activo, descubierto por la propia compañía en la región del North Slope. Hoy, esta apuesta empieza a dar sus frutos", señaló Josu Jon Imaz, consejero delegado de Repsol, con motivo del inicio de la producción.

Detrás de la tecnología, las personas

La tecnología desempeña un papel esencial en Pikka, pero también la experiencia de quienes trabajan sobre el terreno. La perforación de alcance ultralargo permite llegar a distintas zonas del yacimiento desde una única plataforma y reducir así la superficie ocupada en un entorno ártico especialmente sensible.

A ella se suman la electrificación de las operaciones, la eliminación de la quema rutinaria de gas, los sistemas avanzados de detección de metano y el tratamiento sobre el terreno de los restos de roca procedentes de la perforación.

El reconocimiento también destaca la colaboración con las comunidades próximas. En Nuiqsut, una aldea iñupiaq situada a unos 10-12 kilómetros de Pikka, Repsol y Santos han destinado alrededor de 60 millones de dólares a infraestructuras comunitarias, entre ellas un embarcadero en el río Colville que facilita los desplazamientos para la caza, la pesca y otras actividades de subsistencia.

Una infografía con 4 bloques que muestra de forma visual las cifras de personas implicadas en el proyecto

Trabajar en el Ártico

Trabajar en Pikka significa hacerlo en uno de los entornos más remotos de Alaska. El frío y la presencia de fauna condicionan el día a día: en la planta de tratamiento de agua de mar, por ejemplo, los accesos disponen de estructuras protegidas desde las que el personal puede comprobar si hay osos polares antes de salir al exterior.

Lance Ridall conocía ya condiciones exigentes antes de trasladarse a Anchorage para trabajar en Pikka. En el activo Marcellus, en Pensilvania, había trabajado con temperaturas de hasta -20 °C, calor cercano a los 38 °C, nieve y presencia de osos negros. Sus primeros viajes al North Slope cambiaron, sin embargo, su percepción de lo que significaba trabajar en condiciones extremas. “Las temperaturas descendían habitualmente por debajo de los -40 °C y enormes osos pardos caminaban justo al lado de nuestros alojamientos”, recuerda.

Para Ridall, afrontar ese entorno exige combinar experiencia y prevención. “Repsol ha hecho un gran trabajo para garantizar que se adopten las medidas adecuadas para proteger a los trabajadores", explica. Entre ellas cita la ropa específica para condiciones meteorológicas extremas, los límites de temperatura para trabajar en el exterior y el diseño de los edificios para afrontar posibles encuentros con la fauna salvaje.

Un detalle de la planta de Pikka

Del descubrimiento al primer barril

Pikka inició su producción en mayo de 2026. La primera fase contempla hasta 45 pozos desde una única plataforma y prevé alcanzar progresivamente los 80.000 barriles de petróleo diarios.

Para Josu Jon Imaz, “la entrada en producción de Pikka contribuirá de forma decisiva a revitalizar la producción petrolera de Alaska tras décadas de declive y consolidará al proyecto como un importante centro de producción en la zona".

Para Carlos Ramos, la perspectiva es también personal: “Esto no es el final de una aventura, sino el comienzo de una nueva etapa ilusionante y fascinante para Repsol en Alaska”.

Los tubos que transportan la energía en la central de Pikka