En la Met Gala de 2026, una de las citas de moda más influyentes del mundo, Rihanna llevó un vestido de Maison Margiela confeccionado con hilos metálicos reciclados procedentes de usos tecnológicos. La imagen sintetizaba un giro cada vez más visible en el sector: los materiales descartados empiezan a entenderse como una fuente de valor.
Sin embargo, el avance real se decide lejos de la alfombra roja, en plantas de selección, redes de reutilización y sistemas capaces de dar una nueva salida a la ropa que ya no se usa.
Los datos explican la escala del desafío. El sector textil mundial consume 3.250 millones de toneladas de materiales al año y apenas recircula el 0,3%; más del 99% de los materiales consumidos procede todavía de materias primas vírgenes, según la guía sectorial de transición circular del WBCSD.
En la Unión Europea, cada persona consume de media unos 19 kilos anuales de ropa, calzado y textiles del hogar, según la Agencia Europea de Medio Ambiente. La misma institución estima que en 2022 se generaron 6,94 millones de toneladas de residuos textiles, unos 16 kilos por persona. Si se incluye la ropa y el calzado que no se recogen separadamente y acaban en la basura doméstica mezclada, el 73% de los textiles descartados terminó en incineración o vertedero.