El voluntariado aporta otra dimensión a este esfuerzo colectivo. Empleados y jubilados de Repsol ponen su experiencia al servicio de los demás, con más de 5.000 participaciones en actividades a lo largo del año. A veces es una orientación, una hora compartida o algo aprendido durante toda una vida profesional. Gestos concretos que dan sentido a ese dividendo humano que permanece más allá de las cifras.
Los accionistas de Repsol también forman parte de esta historia. Su confianza ayuda a que estas personas y proyectos encuentren espacio para crecer, compartir lo aprendido y ampliar su capacidad para transformar el entorno.
La transición energética necesita tecnología e inversión, sí. Necesita nuevas soluciones, talento y colaboración. Pero, sobre todo, necesita la energía de personas con ganas de hacer que las cosas sucedan.