Edades de hielo
Tracemos una línea imaginaria desde nuestros días hasta hace más de 180 millones de años, para situar los diferentes eventos de la historia del planeta que marcaron los cambios climáticos. Si vamos desde la actualidad hacia el pasado, durante los últimos 100 años, el planeta ha estado sufriendo un proceso de calentamiento, que es el rasgo mejor documentado de su historia (la comunidad científica aún debate las causas de esta fase de calentamiento).
La información primaria sobre los cambios climáticos proviene de fuentes tales como los anillos de los árboles, muestras de suelo y fósiles. Desde comienzos del 1800 hasta aproximadamente el 1400 DC, el clima era marcadamente más frío; este período se conoce como la Pequeña Edad de Hielo, y se caracterizó por inviernos largos y severos y veranos cortos y húmedos. Retrocediendo un poco más, encontramos el “Optimo Climático Medieval”, que tuvo lugar aproximadamente en el 1200 DC, cuando hubo un período cálido, mucho más cálido que el del presente.
Yendo aún más lejos, los pasados 18,000 años cubren dos períodos principales: el Holoceno y el Pleistoceno. Pero para simplificar su comprensión, cambiaremos la dirección y comenzaremos en el período Pleistoceno, que es anterior al Holoceno. Durante el Pleistoceno sucedió el más reciente período glacial. Vastas regiones del globo quedaron cubiertas por más de mil metros de hielo, llegando hasta el norte de Estados Unidos y Europa central, en el Hemisferio Norte. En esa época el Desierto de Mojave (al Suroeste de los Estados Unidos) era un bosque.
Esa fue una era muy fría en la historia del planeta, pero aproximadamente unos 14,000 años atrás se inició una tendencia al calentamiento. Dicho calentamiento llevó a que los glaciares retrocedieran, proceso que continuó en forma bastante constante, excepto por el súbito comienzo del Período Younger Dryas, hace aproximadamente 11,000 años, caracterizado por un enfriamiento abrupto. Entonces los glaciares comenzaron a ganar terreno nuevamente, hasta que volvió a aparecer el calentamiento al llegar el llamado Máximo Holoceno Medio.
Con la continuidad del calentamiento, las zonas climáticas continentales se desplazaron hacia los polos. La Edad de Hielo del Pleistoceno, que se extiende desde hace 18,000 a 800,000 años atrás, se caracteriza por contrastes abruptos y agudos de temperatura, variando de valores casi iguales a los del presente a muchos grados menos, y por la alternancia de períodos glaciales e interglaciares. Los primeros produjeron extensas capas de hielo continentales y los segundos fueron épocas de transición entre uno y otro período glacial, durante las cuales el hielo se retiraba y el nuevo período glacial avanzaba. Es posible que esta alternancia haya sido bastante repentina, en cuestión de apenas unas pocas décadas.
Entre 1 y 2 millones de años atrás, en el período Cuaternario, la temperatura presentaba, con ciertas oscilaciones, valores similares a los actuales. Sin embargo, en el período Terciario las temperaturas comenzaron a experimentar un aumento progresivo, hasta alcanzar valores extremadamente cálidos hace aproximadamente 100 millones de años, en el Período Cretácico, durante el cual las temperaturas alcanzaron promedios 10º C por encima de los actuales. Como es de imaginar, los mantos de hielo de los polos desaparecieron. A partir de ese momento, la temperatura comenzó a descender, aunque no de un modo constante y sostenido, hasta el comienzo de la Edad de Hielo, aproximadamente 2 millones de años atrás. Aun sin ser completamente fiables, algunas investigaciones indican que con anterioridad al período Cretácico de calentamiento, pueden haberse producido una o dos edades de hielo.
Como ya se mencionó, las edades de hielo han sucedido, en forma alternada con períodos interglaciares a lo largo de toda la historia, siendo un factor principal en el cambio climático. Hubo un tiempo, hace aproximadamente 65 millones de años, en que la Tierra no tenía hielo en los polos. Desde entonces hasta ahora ha habido intervalos de formación de hielo y deshielo. Se cree que esto ha sucedido por lo menos unas 10 veces durante los últimos 2 millones de años, trayendo consigo la alternancia de clima frío y cálido. En la década de 1930, un matemático serbio, M. Milankovitch, concibió una teoría para explicar la dinámica del avance y retroceso del hielo. Estableció una relación entre las edades de hielo y los cambios periódicos en el movimiento de la Tierra, ya que dichos cambios afectan la llegada de la radiación solar a las diferentes latitudes, influenciando la formación de mantos de hielo. Estos cambios periódicos pueden ser incluidos en la categoría de Perturbaciones Astronómicas que son responsables, junto a otros factores, de los cambios en el clima.
La elipcidad de la órbita de la Tierra cambia en un período de cien mil años. La inclinación del eje la Tierra varía entre 21 y 24 grados en un período de 41,000 años. El eje del planeta fluctúa a lo largo de un período de 22,000 años. Estos tres elementos –cambios en la órbita, la inclinación y la fluctuación- fueron tomados en cuenta por Milankovitch para explicar las variaciones en la radiación solar que llega a la superficie de la Tierra y en consecuencia, el momento de los princiaples cambios climáticos glaciales-interglaciares.
De acuerdo con esta teoría, estamos actualmente en un período interglaciar, pero estamos a solo mil años del próximo período glacial. Otro factor que se considera vinculado al cambio del clima es el ciclo de las manchas solares. Cada 22 años aproximadamente, estas importantes tormentas magnéticas alcanzan un máximo de emisión de energía solar. El evento conocido como Mínimo Maunder es el período más frío dentro de la Pequeña Edad del Hielo (1645-1716), durante el cual no se observaron manchas solares. Por lo tanto existe una consistencia entre el enfriamiento y la reducción de energía solar durante este período.