El frente frío
Los frentes fríos se forman cuando una masa densa de aire frío se mueve hacia un área más cálida; el aire frío desplaza al aire cálido más liviano y lo empuja hacia arriba. Se define como la zona de transición a condiciones más frías. A menos que el aire sea extremadamente seco, se produce la formación de nubes –cúmulos por lo general- y normalmente se desarrollan tormentas. Las temperaturas bajan entre 5 y 15 grados, dependiendo de los contrastes entre las dos masas de aire y de la velocidad con que avanza el aire frío. Como es de suponer, dos masas de aire de regiones fuente diferentes, presentarán propiedades muy disímiles en varios aspectos que van más allá de la temperatura, tales como la dirección del viento, la humedad, la estabilidad, etc. La dirección del viento cambia en el frente y la mayoría de las veces se vuelve errática y racheada. Todos estos parámetros relacionados se utilizan para determinar la ubicación del frente, que en ocasiones puede ser muy obvia, por la severidad del estado del tiempo que se genera, pero en otros casos, su ubicación exacta puede ser difícil de determinar. Algunos de los cambios no suceden con el pasaje del frente, sino delante del mismo. Cuando un frente frío inicia su movimiento, el aire cálido puede comenzar a ascender y a desplazarse entre 60 y 120 kilómetros a la vanguardia del frente. Si hay suficiente humedad en el aire cálido, se necesitará una ascensión mínima para generar nubes cumuliformes y por ende, si este desarrollo continúa, pueden formarse líneas de tormenta, a menudo llamadas líneas de turbonada. Un frente frío puede producir lluvia, nieve, agua nieve y granizo.
Existen tipos diferentes o especiales de frentes fríos, como son el anafrente, catafrente y el denominado “backdoor”. Este último, en lugar de desplazarse de oeste a este, llega desde la dirección opuesta, el este o el nordeste. Este tipo de frente está generalmente precedido por varios días muy calurosos.