La bioconstrucción es una técnica que intenta llevar la armonía a todo el proceso de edificación, relacionando las aplicaciones tecnológicas, aspectos funcionales, estéticos, materiales y respetando una vinculación con el entorno natural o urbano de la vivienda.
La construcción de viviendas atendiendo a ciertos aspectos medioambientales va ganando terreno. Un tipo de arquitectura que procura rentabilizar las capacidades naturales del edificio sin recurrir a medidas artificiales para lograr mayor confort y eficiencia, que aprovecha los recursos más cercanos, el contexto que le rodea y adapta la construcción al clima de la zona. Detalles evidentes pero no siempre presentes.
Todos estos criterios tienen como fin último hacer la vida de quienes habitan estas casas más saludables y confortables. Un hogar mucho más ecológico donde se pueda disponer de los mismos adelantos que una convencional pero con ventajas. Y es que si a priori esta clase de construcciones podrían tener un precio final más elevado, a la larga el ahorro en materia energética es más que considerable al aprovechar mejor los recursos naturales y consumir menos calefacción o refrigeración.
Materiales sostenibles
Esta tendencia es entendida por determinados expertos como si las construcciones tuvieran vida y necesitaran respirar. Para ello, se intenta cuidar hasta el último extremo su planificación, siendo determinante el terreno o su orientación. También son fundamentales materiales y productos no contaminantes, sostenibles, reciclables y compatibles con el medio ambiente. Eligiendo aquellos que se encuentran en el entorno más próximo porque se reducen los gastos económicos de transporte y se refuerza la economía local.
Destacan algunos materiales como la piedra o la madera, usada ésta normalmente como decoración, pero ambos disponen de una gran capacidad aislante y destacan por su sostenibilidad. También se suelen utilizar otros como el corcho, barro, cemento natural, cerámica o adobe para muros y paredes. No obstante, todos los materiales son aconsejables, teniendo siempre en cuenta qué es lo que más conviene en cada ocasión.
Otros detalles a tener en cuenta es aprovechar la circulación del aire y la ventilación, la luz y el calor natural, algo para lo que se precisan de grandes ventanas. De esta forma además de contar con mayor iluminación más horas al día, en invierno se aprovechan al máximo las horas de sol y en verano se utilizan distintos recursos como toldos o contraventanas para evitar un excesivo calor. Así se limita al mínimo el uso de aires acondicionados o calefacciones.
Tampoco se pueden obviar las fuentes de energía renovables, como las placas solares, el uso de calderas de biomasa o energía geotérmica. Igualmente, las nuevas tecnologías son de gran utilidad, ya que el aplicar la domótica permite conseguir relevantes ahorros de energía. Y una vez terminado el armazón no hay que olvidar la importancia del interior, por lo que bombillas de bajo consumo o electrodomésticos eficientes serán por ejemplo algunos de los ‘órganos vitales’ de una bioconstrucción sostenible y respetuosa con el medio ambiente.
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