Está en boca de políticos, expertos en energía, suministradores… pero ¿qué es la eficiencia energética? El próximo 5 de marzo celebra su Día Internacional. Una buena ocasión para repasar sus principales aspectos. Conseguirás predicar con el ejemplo.
Una definición
La eficiencia energética busca obtener los mismos bienes y servicios energéticos pero con menos recursos y alargando su vida útil. Ser eficiente implica ofrecer la misma y mayor calidad, contaminar menos y menos contaminación ¿Un reto inalcanzable?
Ahorro, renovables y… eficiencia
La eficiencia energética no es una quimera. Es una realidad que, a veces, se pasa por alto. Quizá se deba a que las medidas para impulsarla suelen ir en el mismo paquete que las políticas para reducir las emisiones a la atmósfera y promover las renovables, dos objetivos mucho más conocidos. Sin embargo, la eficiencia energética está en pie de igualdad. Así queda reflejado en la conocida Directiva 20.20-20, con la que la Unión Europea quiere reducir las emisiones de dióxido de carbono en un 20%; que la energía en el continente provenga en un 20% de fuentes renovables y, por último, que se aumente en ese mismo 20% los niveles de eficiencia. Todo ello, antes de que concluya 2020.
Ámbitos de aplicación
En los países desarrollados, el sector industrial ha tomado la delantera, adoptando nuevos sistemas que mejorar sensiblemente la eficiencia de sus procesos de producción. Transportes, agricultura, alumbrado público son otros de los campos que comienzan a trabajar en estos términos. Tú también puedes poner tu granito de arena en casa: los edificios, tanto por dentro como por fuera, pueden ser más eficientes.
Casas eficientes
La eficiencia doméstica comienza en el exterior del edificio: fachadas, cubiertas, medianerías, suelos o ventanas son cruciales para evitar pérdidas de calor excesivas o que no se aproveche bien la luz natural. Emplear materiales adecuados y adaptar la construcción del inmueble a criterios bioclimáticos son los dos secretos para que tu casa ahorre energía sin que tu confort se vea menoscabado.
Si vas a adquirir una casa de obra nueva en los próximos meses, no olvides pedir su certificación energética para tomar una decisión informada: este documento te dará detalles sobre sus instalaciones de suministro de energía y sus características constructivas.
Rehabilitaciones energéticas
Con todo, el problema de la eficiencia energética doméstica está en las casas que ya están construidas. Más de la mitad de las viviendas en España tienen más de 30 años y, de esas, el 50% supera el medio siglo. Aquí es donde, según los expertos, hay mayor campo de acción. Con pequeños gestos, la eficiencia de estas casas puede verse multiplicada. Por ejemplo, instalando ventanas de PVC o de doble acristalamiento; o sustituyendo la vieja caldera de carbón por sistemas más eficientes como la cogeneración. A veces, basta con unos simples burletes adhesivos.
Si actúas de forma global sobre toda la casa, puedes llegar a obtener una mejora del 30% en tu eficiencia energética. Lo notarás desde el primer momento en tu factura eléctrica.
Eficiencia dentro de casa
Salvada la parte constructiva, lograr la eficiencia en el resto de tu consumo doméstico será más sencillo. Es, en realidad, una cuestión de elegir informándote y, para eso, la etiqueta energética te lo pone fácil. Los fabricantes de electrodomésticos están obligados a incorporar este certificado que puntúa la eficiencia del aparato de la G a la A, la de mayor eficiencia. En aparatos como la nevera, se ha llegado más lejos y ya existen modelos A+ y A++.
Sabías que…
El mayor coste de los aparatos eficientes se amortiza a medio plazo? Comparando los gastos de un aparato de tipo G con otro de clase A, ahorrarás más de 800 euros a lo largo de su vida útil si te decantas por la opción más eficiente.
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