¿Electricidad de una aspirina o un jarabe para la tos? Los medicamentos nos ayudan a recuperar la energía perdida, pero –tras el tratamiento- pueden tener una segunda vida energética como materia prima para, por ejemplo, crear combustible. Tú, sólo tienes que reciclarlos.
Reciclar en puntos habilitados
La transformación de los fármacos en fuente de energía comienza en la farmacia. Ahí es donde debes llevar todos los envases y medicinas caducadas. Te habrás fijado en alguna ocasión que la mayor parte de estos establecimientos cuentan con un punto limpio Es aquí –y no en los contenedores de envases o en el cubo de la basura orgánica- donde debes reciclar los residuos médicos.
Recuerda que puedes llevar al punto medicinas caducadas o que ya no uses, así como cualquier envase que haya estado en contacto con fármacos. No lo emplees para reciclar gasas, jeringuillas, o radiografías y el resto de material médico.
Evitar un riesgo…
¿Por qué no se pueden tratar de la misma forma que otros residuos? Si acaban en un desagüe o en un entorno natural, los medicamentos –algunos peligrosos- pueden contaminar ríos y acuíferos, afectando a fauna y flora. Diversas investigaciones alertan sobre la expansión de las resistencias a ciertos antibióticos en el medio vegetal y animal.
Además, el reciclaje crea conciencia: un medicamento mal utilizado y mal conservado puede llegar a ser perjudicial para tu salud. De hecho, la legislación prohíbe reutilizar medicamentos que no se hayan consumido, incluso aunque el envase no se haya abierto y no esté caducado. En estos casos, y con una serie de condicionantes, es posible donarlos.
…Y muchos beneficios
Desde el momento en que depositas tus medicinas, ya contribuyes al ahorro energético, ya que son precisas menos materias primas y se reducen emisiones: sólo en un año, se ha evitado la emisión de 3.700 toneladas de C02 con el reciclado de medicinas.
¿Qué pasa después?
Tus envases y medicamentos inservibles se trasladan a una planta de clasificación de residuos. Allí se separan aquellos materiales que pueden reciclarse –como las cajas de cartón-, se identifican los residuos peligrosos para su eliminación controlada; y el resto pasa a un proceso de valorización para convertirse en energía.
Medicamentos que encienden lámparas
La idea que subyace a este proceso es convertir los residuos que no pueden reciclarse en algo diferente a su cometido original. Por ejemplo, las ruedas de los vehículos pueden utilizarse para construir asfaltos sostenibles. Sin embargo, el cometido más común que resulta de la valorización es la creación de energía: se puede producir electricidad mediante una combustión controlada. En el caso de los medicamentos, su valorización puede generar suficiente energía como para iluminar durante un año 50 colegios con 500 alumnos cada uno.
Sabías que…
La valorización energética no sólo sirve para generar electricidad gracias al calor de la incineración? Los medicamentos también pueden convertirse en combustibles que sustituyan a otros fósiles en hornos industriales. Sectores como el cementero ya lo usan.
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