
¿Alguna vez te has preguntado de dónde viene la energía que hace que tengamos agua caliente, no pasemos frío ni calor o podamos encender las luces?. Bien, veamos entonces qué energías son las responsables y de dónde provienen.
El petróleo es una fuente de energía que se produce por la descomposición de algas y animales microscópicos que vivieron en los mares hace cientos de miles de años. La materia orgánica resultante de esta descomposición se acumuló en estratos que con el paso de los milenios fueron enterrados profundamente hasta que el calor y la presión hicieron que se transformara en petróleo y gas.
Hoy en día, para acceder a los yacimientos petrolíferos se utilizan torres perforadoras con las que se extrae el crudo a la superficie. Una vez extraído, si el petróleo se encuentra bajo el océano, se enviará a las refinerías por medio de grandes barcos cargueros llamados petroleros, o en caso de encontrarse en suelo continental será transportado mediante grandes tuberías llamadas oleoductos.
¿Pero qué ocurre cuando el petróleo llega a las refinerías? Una vez en su destino, éste es procesado para poder utilizarlo, entre otros fines, para uso doméstico, y es que del petróleo se pueden obtener más de 2.000 productos que se dividen en: combustibles (como la gasolina), y petroquímicos (polietileno, benceno, etc.).
El método utilizado en las refinerías para separar los distintos subproductos del petróleo se llama destilación fraccionada. Éste es un proceso que se lleva a cabo en las torres de fraccionamiento, donde el petróleo a medida que aumenta de temperatura va ascendiendo a distintos niveles, obteniéndose en cada uno los distintos derivados.
De este proceso se obtienen productos finales (como la gasolina y el queroseno) y otros que deberán ser sometidos a procesos secundarios (por ejemplo, el craqueo catalítico) hasta poder ser usados como productos de consumo.
Son muchos los derivados que se obtienen del petróleo, pero los más conocidos en los hogares son aquellos que se destinan a la calefacción y al agua caliente, ya que muchas familias utilizan butano, propano o gasóleo C para calentar las calderas o calentadores que proveen de calefacción y agua caliente a nuestras casas. Y es que cada vez es más frecuente instalar estos sistemas como solución más eficiente para cubrir las necesidades de algunas viviendas.
El gas natural es una fuente de energía que se originó tras la descomposición de plantas y animales que vivieron en los mares hace cientos de miles de años. La materia resultante de esta descomposición se asentó en el fondo marino y con el paso de los milenios acabó enterrada en estratos profundos dando lugar al gas natural y al petróleo. El gas natural se extrae del subsuelo mediante torres perforadoras y se distribuye por medio de gasoductos, pero si el lugar donde va a ser consumido está fuera del alcance de estos conductos, la manera más segura de transportarlo es en estado líquido. Para ello, el gas se purifica y licua en plantas especiales dando como resultado el GNL (Gas Natural Licuado), que ocupa un volumen 600 veces menor y puede ser transportado en barco. Ya en su destino, el GNL es devuelto a su estado gaseoso original, eliminando ciertos contaminantes a través de un proceso de purificación, y preparándolo para el consumo doméstico.
Uno de los principales usos domésticos que tiene es generar energía térmica para calentar los hogares durante los meses más fríos del año. Hay multitud de métodos para ello y la elección de uno u otro depende de varios factores como su tamaño, su localización o los materiales con los que han sido construidos (capacidad aislante). Entre todos ellos, el más conocido es el sistema de calefacción mediante gas natural, un sistema eficiente que consta de una caldera o calentador y una instalación de radiadores. No obstante, existen otras soluciones no tan conocidas pero que pueden proporcionar un nivel de eficiencia igual o superior dependiendo de los factores que hemos dicho, un ejemplo de ello podría ser la microgeneración que puede funcionar tanto con gas natural como con otros gases como propano, butano o gasóleo C.
La energía eléctrica se produce cuando hay una diferencia de potencial eléctrico entre dos puntos. Cuando esto ocurre, si ambos puntos están conectados mediante un conductor, se produce un flujo de electrones entre ellos, que es lo que conocemos como corriente eléctrica. La energía eléctrica está presente en la naturaleza en fenómenos espontáneos como los rayos, las conexiones nerviosas de nuestro cerebro o en algunos animales que la utilizan como medio de defensa. Sin embargo no se puede aprovechar de manera directa y por eso es necesaria la ayuda de otras fuentes para generarla.
Hoy en día existen multitud de métodos para generar energía eléctrica y poder utilizarla en nuestros hogares: mediante la energía calorífica (centrales termoeléctricas y nucleares), a partir de la energía potencial de los saltos de agua (hidroeléctrica), aprovechando la fuerza del viento (eólica) o mediante la energía que proporcionan los fotones que viajan en los rayos de sol (fotovoltaica).
La energía eléctrica está presente en muchos de los aparatos del hogar que nos proporcionan confort y bienestar. A partir de ella se puede generar calor (radiadores de resistencias, bombas de aire...), frío (nevera, aire acondicionado...), movimiento mecánico (batidora, ventilador...) o luz (bombillas, fluorescentes, halógenos…), y al igual que todos los demás recursos ofrece diferentes sistemas para adaptarse a las necesidades de una vivienda con el consumo más eficiente.
Existe una gran variedad de sistemas de calefacción y agua caliente, y cada uno de ellos está pensado para un hogar y una estancia determinada. ¿Tienes curiosidad por saber cuales son los aparatos de calefacción más usados, los más eficientes y los que proporcionan un mayor bienestar a tu hogar?
El principio de funcionamiento de estos sistemas consiste en calentar agua y hacerla circular por dentro de una red de tuberías situadas estratégicamente por toda la casa. Si la red de tuberías lleva asociada una serie de acumuladores externos situados en cada estancia nos encontramos ante un sistema de distribución de calor mediante radiadores. Si la red de tuberías se localiza bajo el suelo de la casa estaremos hablando de distribución de calor mediante suelo radiante. Esto supone un mismo método para calentar el agua (caldera) y distintos sistemas para distribuir el calor que genera el propio agua caliente. De entre la variedad de calderas disponibles en el mercado, las más eficientes son las de condensación. Éstas pueden funcionar con gas natural, propano o gasóleo C. De los dos sistemas aquí nombrados cabe destacar la mayor eficiencia del suelo radiante debido a que el agua distribuida mediante este sistema no sube de los 45ºC, mientras que el sistema de radiadores requiere calentar el agua a temperaturas de hasta 80ºC. En general, el suelo radiante proporciona mayor sensación de bienestar ya que irradia calor desde el suelo y normalmente proporcionan mayor aislamiento acústico. No obstante, y debido a su complejidad, el coste de su instalación suele ser un 20 por ciento mayor que el sistema tradicional de radiadores, algo que a la larga no habría que tener en cuenta ya que se trata de un sistema muy eficiente que en los casos recomendados mejoraría el consumo energético.
Las bombas de aire caliente son unos aparatos térmicos que absorben aire del medio a una temperatura y mediante un aporte externo de energía (eléctrica o gas) lo devuelven al medio a una temperatura mayor. Éstos posiblemente sean los sistemas de calefacción más eficientes del mercado (si tenemos en cuenta únicamente los sistemas clásicos de calefacción). La eficiencia de estos aparatos (reflejada por el coeficiente de rendimiento COP, por sus siglas en inglés) aumenta cuando la diferencia de temperatura entre el interior y el exterior no es muy acentuada. Si, además, el sistema funciona con gas, su eficiencia aumenta ya que, la estancia a calentar se beneficia del calor residual generado por el motor de combustión y se calienta más rápidamente y con un gasto menor de energía. Esto permite al sistema trabajar con temperaturas externas de hasta -5ºC mientras que los sistemas que funcionan con electricidad encuentran problemas con temperaturas externas menores de 5ºC. Los gases utilizados normalmente por las bombas de calor son gases licuados del petróleo: butano y propano. Las bombas de calor pueden ser reversibles de manera que funcionen también como bombas de aire frío.
Las estufas de gas pueden estar asociadas a una instalación fija, como pueden ser las chimeneas de gas cada vez más presentes en muchos hogares. Son soluciones muy estéticas y vistosas, pero sin duda alguna las más útiles son y siguen siendo las portátiles. Y es que estas estufas móviles bien pueden funcionar con gas butano o propano, y en función de la manera en que transmiten calor pueden ser de radiación (catalíticas e infrarojas) o de convección. Estas últimas suelen ser conocidas como estufas de calor azul, y calientan directamente el aire de manera que el calor se distribuye uniformemente por toda la habitación, proporcionando así una mayor sensación de bienestar. Además de todo esto, hay que tener en cuenta que cualquiera de estas opciones puede ser una buena solución para calentar una estancia, ya sea por los nuevos sistemas de seguridad como el apagado automático o las válvulas de flujo, o por su mejorado consumo energético.
Los radiadores termoeléctricos representan al grupo de pequeños calefactores independientes alimentados por electricidad y que calientan mediante resistencias. Estos equipos, aunque son muy conocidos, no destacarían por su gran eficiencia sino por su movilidad y la gran variedad de tamaños y formas en que se comercializan. Eso sí, al igual que las estufas a gas, los radiadores eléctricos pueden ser de radiación y de convección, siendo estos últimos los más utilizados en la actualidad.
Son muchos los sistemas de refrigeración que se pueden encontrar hoy en día para enfriar una vivienda, y lo más curioso, es que algunos de los más conocidos presentan pecualiaridades que se suelen desconocer y que tendríamos que tener en cuenta para llegar a hacer un uso eficiente de los mismos. ¿Quieres saber cuáles son?
Todos conocemos las bombas de aire frío, pero lo que deberíamos saber es que éstas son en realidad bombas de calor funcionando en modo revertido. Es decir, cuando son usadas como aire acondicionado extraen el aire caliente de la estancia que se pretende acondicionar y lo proyectan hacia el exterior bajando así la temperatura ambiente. Sin embargo, tenemos que tener en cuenta que cuando utilizamos las bombas de aire en modo refrigerante no son tan eficientes como en modo calefactor. En función del tipo de vivienda que tengamos podremos optar por gas butano, propano o electricidad, siempre buscando la solución más eficiente para nuestra vivienda.
Cada vez aparecen más soluciones para iluminar nuestros hogares como las nuevas bombillas convencionales o la tecnología LED ¿Pero realmente sabemos la diferencia entre ellas y cuál resultaría más eficiente según nuestras necesidades?
Aunque parece que está todo inventado en esta materia, lo cierto es que siguen apareciendo nuevas alternativas como las relacionadas con las bombillas convencionales de filamento incandescente. Éstas, pese a mantenerse en el mercado, suponen a la larga la peor opción en cuanto a consumo se refiere, y es que las bombillas de mayor eficiencia son las llamadas "bombillas de bajo consumo", que no son más que bombillas fluorescentes cuyo principio de funcionamiento es el mismo que el de los tubos fluorescentes de las cocinas. Éstas bombillas se denominan Lámparas Fluorescentes Compactas (CFL por sus siglas en inglés) y consumen la quinta parte de lo que consume una bombilla convencional, además de ser más duraderas que éstas. La alternativa más reciente a las CFL son las lámparas LED, con un rendimiento equiparable al de las fluorescentes pero con la ventaja de durar virtualmente para siempre.
De todos modos, y pese a la variedad de sistemas de iluminación y su creciente eficiencia, la mejor manera de ahorrar energía consiste en aprovechar al máximo la luz natural. Esto se consigue realizando una buena proyección del edificio antes de su construcción, aunque siempre existen soluciones como los tubos de luz o la fibra óptica que transmiten la luz del exterior al interior de los edificios.
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