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Vecinos ruidosos, una molesta realidad

Los efectos del ruido están más que demostrados. Provoca estrés, irritabilidad, sordera, dificultad para conciliar el sueño y estados depresivos, entre otros. España es uno de los países con un mayor nivel de contaminación acústica: nueve millones de personas la sufren, según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Son múltiples las fuentes que originan el ruido, desde carreteras, aeropuertos y trenes, pasando por ascensores, garajes y locales musicales. Pero los ruidos domésticos, esos que ocasionan los vecinos del entorno y que causan rencillas son los más difíciles de solucionar. ¿Qué hacer cuando el ruido del otro le perjudica? Los pasos a seguir no siempre garantizan una respuesta satisfactoria. 

La mayoría de los españoles sabe, por experiencia propia, lo molesto que puede llegar a ser convivir con personas que no respetan el descanso y bienestar ajeno. Lo ejemplos son muchos y variados. Hay personas que están hartas de los ladridos del perro del vecino, o de las juergas que monta hasta altas horas de la madrugada. Hay gente que monta todo un campo de futbol en su casa, o que no se quita los tacones ni para cocinar. Gritos, llantos de niños, el ruido de sillas al arrastrarse, reformas…Son claros ejemplos de cómo se puede llegar a convertir en un infierno tu propio hogar.

En ocasiones, la mejor forma de solucionarlo es afrontar el problema de raíz, cara a cara, hablando con la o las personas que originan el ruido. Hablando se entiende la gente. Aunque no siempre la realidad es tan estupenda como la teoría. Existe la intransigencia y la falta de convivencia. Cuando el diálogo no sirve, llegan los problemas, y es cuando hay que optar por las diferentes vías legales, algo que no es agradable, al igual que el vivir atormentado por los ruidos.

El límite aceptable para soportar el ruido se marca en 65 decibelios, según se recoge en la legislación europea. Este grado se alcanza, por ejemplo, en el ambiente cotidiano de una oficina. En lo que respecta a los domicilios, casi todas las comunidades autónomas han establecido un máximo de 35 decibelios en el período diurno y 30 en el nocturno. Sin embargo, una conversación genera 45 decibelios, pero si la casa está bien insonorizada no se produce ninguna molestia. De todas formas, el ruido suele ser en algunos casos subjetivo. Y lo que a unos les molesta a otros no. Los mayores problemas se producen en las horas del descanso. Es allí cuando cualquier ruido puede desembocar en una rencilla que puede acabar en un pleito judicial. 

La primera opción para disminuir un alto nivel de ruido consiste en solicitar de modo amistoso su cese o moderación. Puede ocurrir que quien produce el ruido no sea consciente de las molestias que ocasiona y que tras ser advertido de ello rebaje el nivel de emisiones sonoras. Siempre es recomendable este primer paso, pues si da resultados nos ahorrará farragosos trámites que no siempre son gratuitos. Pero si mediante la vía amistosa no conseguimos nada, hay otros modos para lograr que las inmisiones sonoras desaparezcan o desciendan a niveles soportables. 

Opciones legales

Cuando la palabra y el diálogo no sirven de mucho, entra en juego lo que se conoce por vía administrativa. Consiste en denunciar en el ayuntamiento el exceso de ruido, pues corresponde a los consistorios defender el derecho de los ciudadanos a una convivencia tranquila, aplicando las ordenanzas municipales. 

En caso de que la denuncia presentada en el ayuntamiento obtenga por respuesta la inactividad administrativa o la permisividad municipal ante inmisiones sonoras superiores a las permitidas, el ciudadano puede seguir reclamando al ayuntamiento, además del cese de los ruidos, una indemnización por daños y perjuicios de acuerdo a la responsabilidad patrimonial de la administración pública. Estaríamos hablando entonces de la vía contencioso-administrativa.

La vía civil es otra de las opciones. En este caso, se interpone una demanda contra quien produce las emisiones sonoras molestas. Los trámites varían en función del lugar de donde provengan los ruidos: del propio edificio, de edificios colindantes o de actividades en la calle. El descanso es fundamental para poder afrontar la actividad cotidiana, y cuando tenemos unos vecinos ruidosos puede convertirse en todo un imposible, por eso es mejor acabar cuanto antes con esta situación.

 

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