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Artrosis, la enfermedad que reaparece con el frío

Con las bajas temperaturas los músculos se contraen, presionan las articulaciones y se incrementan los dolores articulares y reumáticos, una situación que afecta especialmente a los enfermos de artrosis.

Desde siempre, la sabiduría popular ha afirmado que los cambios en las condiciones meteorológicas influían en el dolor que padecían los enfermos reumáticos. Hoy en día está demostrado que la climatología propia de la época invernal con lluvia o viento frío influye en el organismo de las personas ya que conlleva situaciones de falta de luz, humedad y frío ambiental. 

Diferentes estudios médicos han comprobado que, en un porcentaje superior al 80% de los casos, existe una relación entre los cambios meteorológicos y el dolor y la rigidez articular. Uno de los agentes físicos que más interfiere en la salud es la presión barométrica que, al disminuir, afecta a las terminaciones nerviosas y especialmente a quienes padecen artrosis, que con el tiempo húmedo tienen más dolor, mientras que las bajas temperaturas incrementan el dolor de las personas que sufren artritis reumatoide. 

La humedad afecta

Ambas enfermedades se ven seriamente afectadas en situaciones de elevada humedad. Hay que precisar que vivir en un clima húmedo no favorece la aparición de más casos de artrosis que en otras zonas, pero sí influye en su sintomatología. De hecho, se producen casos de artrosis en todo el mundo. 

Según explican fisioterapeutas y reumatólogos, el cuerpo humano cuenta con unos baroreceptores, unas conexiones que sirven para interceptar el dolor y que cambian según la presión barométrica, haciendo que el organismo sea más sensible a los dolores. Un ejemplo se encuentra en diversos estudios médicos en los que se revela que las personas con artrosis de rodilla sufren más dolor cuando bajan las temperaturas o cambia la presión atmosférica.

En el estado español, cerca del 14% de la población padece algún tipo de reúma y son la artrosis y la artritis las dolencias más comunes, hasta tal punto que la artrosis se ha convertido en la segunda causa de baja laboral.

Las articulaciones son las partes del esqueleto que permiten el movimiento. Están formadas por la unión de dos huesos cuyos extremos están recubiertos de un cartílago articular. Con el paso de los años y como consecuencia de la fricción de unos huesos con otros, los cartílagos articulares se desgastan, las articulaciones comienzan a rozar entre sí y aparece la artrosis,  una enfermedad caracterizada por el dolor de forma continuada o bien al realizar un movimiento. Suele aparecer principalmente en la columna vertebral, en los dedos de las manos,  en rodillas y caderas y produce un dolor e hinchazón en las articulaciones que pueden llegar hasta la pérdida del movimiento normal. 

Las causas de la artrosis son diversas: puede heredarse genéticamente (especialmente en casos de artrosis de manos en mujeres), por edad avanzada o bien por lesiones en las articulaciones u obesidad (el sobrepeso daña los cartílagos articulares). 

Dolor en las  articulaciones

La artrosis puede ser primaria, provocada por una degeneración normal de los cartílagos con el transcurso de los años que afecta a la mayor parte de las articulaciones. Pero también existe una artrosis secundaria que sólo afecta a una articulación determinada, como es el caso de las personas que padecen problemas de obesidad y que padecen artrosis en las rodillas. 

Los síntomas se caracterizan porque, en la primera fase de la enfermedad, se sienten dolores al mover la articulación, que desaparecen al dejarla en reposo. Pero a medida que la dolencia avanza, se puede llegar a sentir dolor sin necesidad de movimiento, rigidez y atrofia muscular. Además, suele producirse una deformidad en las articulaciones cuando el paciente apenas realiza ejercicio y tanto los nudillos de las manos como las rodillas comienzan a sufrir una malformación y se engrosan. 

La artrosis es una enfermedad crónica, no tiene curación. Los tratamientos que en la actualidad existen en el mercado sirven para disminuir el umbral del dolor, aliviar los síntomas y mejorar la calidad de vida de los enfermos. El calor en forma de bolsas de agua caliente o mantas eléctricas resulta muy efectivo porque alivia el dolor y relaja la musculatura. En ocasiones suelen realizarse infiltraciones, destinadas a proteger los cartílagos y retrasar la evolución de esta enfermedad. 

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14 de noviembre de 2007