De sobra es sabido por todos que la natación es uno de los deportes más completos que existen. Pero, ¿pueden practicarlo los bebés? ¿Cuál es la edad recomendable para empezar a nadar? ¿Es beneficioso para ellos? Te desvelamos las claves.
Considerado como uno de los deportes más completos que existen, la natación puede reportar también beneficios interesantes en la salud de los más pequeños: mejorarán su coordinación locomotora, perderán el miedo al agua, y por qué no, reforzarán los lazos afectivos con sus padres. Enfúndate el gorro y las gafas, y lánzate al agua con tus hijos.
La edad perfecta para comenzar a nadar resulta una cuestión algo ambigua. Desde la Asociación Española de Pediatría, aseguran que no existe una edad prefijada para ello. No obstante, si tu bebé apenas tiene un mes de vida, sólo podrá adquirir técnicas de flotación. Su sistema nervioso es todavía demasiado inmaduro para poder coordinar movimientos en el agua. A pesar de que tu bebé no será un campeón de la natación, adquirirá poco a poco seguridad en el agua, y le irá perdiendo el miedo. En este sentido, es importante también que durante sus primeros baños introduzcas la cabeza del bebé bajo el agua y le mojes la cabeza y la frente; son dos técnicas que te ayudarán en estos pequeños pasos.
Asistir a clases de natación con un bebé supone mucho más. El beneficio quizá más importante que puedes conseguir con tu hijo responde a una cuestión de índole más afectiva que física, es decir; la unión que se crea entre padres e hijos que asisten juntos a clases de natación es indiscutible. Y es que, como progenitor acompañarás al pequeño durante toda la sesión, que suele prolongarse media hora aproximadamente durante 3 días a la semana, infundiéndole de este modo, tranquilidad, afecto y seguridad en si mismo.
Beneficios físicos
Los beneficios de nadar y del contacto con el agua responden también a cuestiones físicas y fisiológicas. Los bebés recibirán la natación como un estímulo en todo su cuerpo; que se manifestará en un principio a través de movimientos confusos y poco coordinados, para convertirse después en habilidades acuáticas, es decir, poco a poco irá realizando una especie de gateo, eso sí, dentro del agua. Será a partir de los cuatro años cuando el pequeño comience a nadar y coordine movimientos y respiración al mismo tiempo. Pero su sistema locomotor y de coordinación habrá mejorada.
La natación resultará muy beneficiosa también para niños con problemas de espalda, síndrome de Down, parálisis cerebral o movilidad reducida. Podrán realizar movimientos de una forma más sencilla.
Condiciones de la piscina
Antes de llevar a los niños a la piscina, muchos padres suelen preocuparse por la posibilidad de que su hijo muestre miedo o rechazo al agua, o porque una vez en la piscina, trague agua clorada.
En este sentido, debes tener en cuenta que las condiciones higiénicas, sanitarias y de seguridad de las piscinas están reguladas por las diferentes áreas de sanidad de las Comunidades Autónomas, y se someten a fuertes controles de calidad eventualmente. Así, por ejemplo, en la actualidad las piscinas se depuran con hipoclorito (una sustancia baja en cloro), ozono, o rayos ultravioleta, entre otros. Por otra parte, el funcionamiento continuado de las depuradoras, evita la formación de cloramina y el 5 por ciento del agua y el aire de las instalaciones se renueva cada día, para garantizar las condiciones higiénicas establecidas.
La temperatura del agua debe rondar los 30º C, y la profundidad de la piscina no debería superar el metro, sobre todo en el caso de los cursos para los bebés. Así, lo padres harán pie y tienen la posibilidad de reaccionar ante cualquier contratiempo. Finalmente, es imprescindible, que haya socorristas y monitores pendientes de los pequeños continuamente.
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