Poco a poco, la ecología gana terreno en muchos aspectos de la vida. Vehículos poco contaminantes, bombillas de bajo consumo o incluso el ámbito de la medicina natural, garantizan las mismas prestaciones que sus homólogas más “contaminantes” y ayudan a preservar el medio ambiente. En el caso del cuidado de la piel, los jabones ecológicos marcan tendencia.
El jabón es un elemento comúnmente empleado para la higiene personal y la limpieza. Éste, que se presenta en varios formatos —en pastilla, en polvo o en crema—, generalmente se obtiene a través de una reacción química entre potasio o hidróxido de sodio y algún ácido graso. No obstante, debes saber que existen jabones que emplean recursos naturales en su fabricación, de manera que, además de proteger la piel de elementos químicos, contribuyen a un mejor mantenimiento del medio ambiente.
Los jabones tradicionales pueden resultar nocivos para algunos tipos de piel, ya que sus ingredientes contienen ácidos grasos que pueden llegar a irritarla; por eso, la opción natural resulta la más idónea. Además, esta alternativa ecológica ofrece distintos tipos de jabones como los revitalizantes, los suavizantes o los purificantes, que dependen de la materia prima que se emplee en su fabricación: aceite de oliva reciclado, arcilla, aloe vera, caléndula, geranio, lavanda, raíz de lirio, canela, café, benjuí, miel o glicerina.
Asimismo, un jabón cien por cien natural nos puede ayudar a erradicar diferentes problemas de la piel, como acné, psoriasis, celulitis, pieles sensibles o llagas. Es el caso de los jabones que ofrecen las marcas Lush, hechos a mano con fruta fresca y aceites esenciales; o Enjabonarte, que apuesta por el aceite de oliva en un proceso de empaste en frío por el que garantiza la conservación de las vitaminas, sales minerales y fitoesterol.
Cómo realizar un jabón ecológico
Además de respetar el entorno, podemos ahorrar dinero mediante la fabricación de nuestro propio jabón. Para ello, los expertos recomiendan emplear la técnica de fabricación en frío que aprovecha el aceite que se deshecha después de la fritura.
Esta técnica requiere comenzar con una cuidadosa disolución de la soda cáustica en el agua. Una vez enfriada, debemos añadir el aceite, removiéndolo de forma constante y en el mismo sentido para evitar que se corte el jabón. Hay que calentar esta mezcla hasta alcanzar la temperatura de ebullición y mantenerla durante dos horas para que se produzca la saponificación —una reacción química entre un ácido graso y un elemento base—.
Finalmente, agregaremos los colorantes naturales y los aceites esenciales para aromatizar el producto, y dejaremos que se endurezca durante aproximadamente un mes. La fabricación de un jabón también permite dar rienda suelta a la imaginación gracias a la infinidad de formas que puede adoptar –bolas, capas, incrustaciones, etc.-.
Beneficios para la piel
Los jabones naturales aportan protección, suavidad, hidratación y elasticidad, así como el efecto antioxidante y tónico que requiere una piel sana. Al mismo tiempo, sus aromas y aceites esenciales despiertan y estimulan los sentidos, estrechando así el vínculo con la naturaleza y reforzando nuestro lado más sensible y pacífico.
Se trata, en definitiva, de una forma inteligente de proteger la piel a base de recursos naturales y artesanales, en contraposición a los tensioactivos y las sustancias químicas de muchos productos industriales, como potenciadores de espuma o conservantes, que irritan la piel.
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