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Colorear el vidrio

Decorar ventanas, y otros objetos de cristal dará mucha alegría a los objetos de vidrio de una casa. Además, se trata de una actividad entretenida y relajante, que a pesar de no ser muy complicada, requiere de cierta técnica y habilidad para culminarla con éxito.

¿Cómo colorear el vidrio?

El vidrio puede ser fácilmente coloreado si se le añaden componentes especiales, en su mayoría óxidos metálicos, lacas, o pinturas especiales para cristal con los que se obtienen las distintas tonalidades. Y es que el color da vida a las vidrieras, pues la luz en transparencia lo enciende, proyectando franjas de arco iris. Existen colores transparentes, que permiten destacar el dibujo, colores cubrientes, que se utilizan sobre todo para la decoración monocromática, y colores en pasta, que se utilizan para delinear el contorno del dibujo que se pretende colorear.  

No obstante, independientemente de la técnica y del método de trabajo que finalmente se vaya a realizar, así como del tipo de vidrio escogido (ondulado o liso) es imprescindible que tanto el ambiente de trabajo como el vidrio a colorear, estén muy limpios. El polvo, al depositarse en el vidrio, resta brillo a los colores, mientras que la grasa y la suciedad impiden una buena adherencia del color.  Así, para limpiar el vidrio se puede usar acetona o alcohol.

Una vez decidido el tema y el diseño de la decoración, habrá que elegir cuidadosamente los colores con que se cubrirá, dando prioridad a tonos brillantes, limpios y homogéneos. Los colores se pueden preparar en pequeños recipientes de vidrio, ya que darán una idea de cómo resultará el tono final. Se debe tener en cuenta asimismo, que siempre es más sencillo oscurecer un color claro que aclarar uno oscuro; por ello, en la preparación conviene comenzar por el más claro. Para aclarar los tonos oscuros será suficiente con añadir unas gotas de disolvente.

La coloración podrá llevarse a cabo con el pincel, si se trata de superficies pequeñas, estrechas y difíciles, o con el cuentagotas, para superficies más o menos extensas, planas, o incluso delimitadas por resina o por cinta de plomo. Una vez que se ha comenzado a pintar un espacio, es recomendable terminarlo, ya que si se seca será difícil obtener de nuevo la densidad y tonalidad exacta.

A modo de ejemplo; flores en la ventana

Sobre un trozo de papel se dibuja el diseño que se quiere plasmar en una ventana; en este caso se trata de margaritas. Se sitúa el dibujo sobre la placa de vidrio que queremos pintar y se fija con cinta adhesiva al papel. Con un rotulador de punta fina para vidrio se traslada el dibujo al reverso de la placa de vidrio. Una vez terminado, se retira el papel que ha servido como modelo, se da la vuelta a la placa de vidrio y en su anverso se perfila nuevamente el dibujo con la resina, siguiendo el trazado del dibujo hecho con el rotulador en el reverso.  

Una vez culminado este paso, se borra el trazo del rotulador del reverso del vidrio con un paño humedecido en alcohol. En caso de que se quiera pintar el tema sin el contorno de resina, se dejará el trazado y se borrará sólo una vez realizada la coloración. 

Finalmente se puede pasar al proceso de coloración de las flores. Primero se diluye el barniz incoloro en la cantidad necesaria y con el disolvente adecuado. Cuando se ha obtenido un preparado de la consistencia necesaria (para comprobarlo basta depositar una gota sobre el vidrio: si la gota tiende a ensancharse ligeramente, la consistencia es adecuada) se añade el color poco a poco a fin de obtener el tono deseado. Se mezclará por ejemplo en primer lugar los tonos blancos para los pétalos. Después se realizarán los tallos y las hojas con los tonos verdes y finalmente el amarillo. 

Una vez terminada la coloración, hay que dejarlo secar en un lugar limpio y sin polvo durante el tiempo que sea necesario.

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