Fachadas de edificios que se limpian solas y que absorben la contaminación ambiental. No se trata de otro augurio de la ciencia-ficción para un futuro próximo sino una realidad en algunas construcciones pioneras de Francia e Italia que promete extenderse a nuestras ciudades.
Con el paso del tiempo, las fachadas de las viviendas tienden a ensuciarse de manera inexorable, lo que supone un notable deterioro estético y un aparatoso y caro proceso de limpieza cuando el aspecto del edificio llega a ser inaceptable.
Por otra parte, la nube de contaminación que cubre amenazadoramente las grandes ciudades, apreciable a simple vista en lugares como Madrid o Barcelona, supone un grave problema de salud pública al propagar enfermedades respiratorias como el asma o el cáncer de pulmón.
Investigación europea
Aunar en un material de construcción para las viviendas la solución a ambos problemas, o al menos la mejor manera de paliarlos, ha sido el objeto de investigación de diversos laboratorios en un proyecto promovido por la UE. Se trata del proyecto PICADA (Photo-catalytic Innovative Coverings Applications for D-pollution Assessment), lo que se puede traducir como “Aplicaciones Innovadoras de Recubrimientos Fotocatalíticos para la Evaluación de la Descontaminación”.
Bajo este nombre se agrupa un consorcio europeo formado por empresas privadas e institutos de investigación y el Centro Común de Investigación (CCR) de la Comisión Europea que durante varios años ha estado desarrollando productos que lograran cumplir esos mencionados propósitos.
¿En qué consiste?
En cierta manera, el funcionamiento autolimpiante y descontaminante de los materiales investigados sería parecido al proceso de fotosíntesis de las plantas. Al ser expuestos a la luz solar ciertos materiales de construcción y revestimientos especiales que contienen dióxido de titanio pueden descomponer, mediante la oxidación, diversos elementos contaminantes de la atmósfera. Luego el agua de lluvia se encargaría de eliminar de la fachada el resultado sobrante de ese proceso químico, denominado fotocatálisis.
Entre los materiales investigados se encuentran algunos tan comunes como el yeso o la escayola, pero el resultado más prometedor ha sido el del Tx Active. Se trata de un tipo de cemento recientemente comercializado por una de las empresas participantes en el proyecto PICADA. Uno de los experimentos realizados durante su investigación fue el de recubrir siete kilómetros de una carretera en Milán con este material. Su resultado no pudo ser más prometedor: se registró una reducción de hasta el 60% de la concentración de óxido nitroso en el nivel de calle.
De acuerdo a otros ensayos similares, se considera que su capacidad para reducir los contaminantes está entre el 20 y el 80% del total, variando en función de las condiciones atmosféricas y de radiación solar. De esta manera, si una ciudad se recubriera el 15% de la superficie visible con productos que contengan Tx Active, se estima que podría reducirse la contaminación a la mitad.
Presente y futuro
De hecho, este tipo de cemento ya ha sido utilizado en edificios tan representativos como son la Basílica “Dives in Misericordia” en Roma, el “Hotel de Police” en Burdeos o la nueva sede de Air France en el aeropuerto Roissy-Charles de Gaulle en Paris. Naturalmente, y como no podía ser de otra manera, este material también cuenta con algunos inconvenientes, principalmente su elevado precio. Su coste es al menos seis veces mayor que el del cemento convencional.
Aunque hay que tener en cuenta que solo hay que aplicarlo en la capa más superficial de la fachada, por lo que el incremento total del precio de la construcción sería de apenas un 1%. Resulta razonable esperar, por tanto, que su uso será cada vez más extendido y que, en un futuro cercano, todos los edificios cuenten con él.
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