Al querer pasar unos días de vacaciones disfrutando de la belleza y tranquilidad de un entorno natural nos enfrentamos a la incómoda consecuencia de que podemos dañarlo con nuestra presencia. La eco-etiqueta otorgada por la UE distingue a los campings que saben resolver este dilema gracias a sus exigentes normas de protección medioambiental.
La poesía ha descrito a menudo la triste paradoja de acabar destruyendo aquella belleza que se intentaba atrapar. Los hoteles y campings ubicados en entornos naturales nos ofrecen la oportunidad de contemplar magníficos paisajes y entrar en contacto con un ambiente limpio y relajado, lejos del bullicio de las grandes ciudades. Esos hábitats son a menudo frágiles y pueden acabar resintiéndose frente a una actividad humana descuidada que los invada permanentemente. Pero no necesariamente tiene que ser así.
La flor europea
La introducción de la etiqueta ecológica europea en los servicios de alojamiento turístico en 2003 marca el camino para poder disfrutar de la naturaleza sin dañarla. Este distintivo es un logotipo con forma de flor que reconoce a aquellos hoteles y campings que cumplen una serie de normas que al tiempo que ofrecen la mayor comodidad posible a los usuarios, permiten un uso eficiente de la energía y reducen al máximo los residuos resultantes de su actividad que puedan afectar al entorno en el que se encuentran.
Entre estos requisitos que deben cumplirse para lograr el certificado, se incluyen el uso de energías renovables, la reducción en el consumo de agua y de energía, medidas para disminuir la cantidad de residuos y el reciclaje adecuado de éstos, así como proporcionar información a los usuarios sobre la protección del medio ambiente.
Los beneficios para los alojamientos turísticos que traen consigo estas condiciones son evidentes. En primer lugar el ahorro energético supondrá una disminución en los gastos de mantenimiento de sus instalaciones. Además suponen un poderoso reclamo para los clientes, cada vez más concienciados en cuestiones medioambientales y por tanto más receptivos a las ofertas turísticas que incluyan la eco-etiqueta. Y por último, pero no menos importante, es una manera óptima de garantizar la pervivencia del propio negocio, ya que un deterioro del entorno natural en que se encuentra acabaría haciéndole perder su atractivo.
Cómo funcionan los campings ecológicos
¿Pero cuáles son exactamente esas normas marcadas por la etiqueta ecológica europea y de qué manera influyen en el servicio que ofrecen a sus usuarios?, veamos algunas.
En primer lugar el personal contratado en el alojamiento debe tener la preparación adecuada para realizar una recogida selectiva de residuos y su posterior tratamiento y realizar un uso mínimo de desinfectantes, pesticidas y fertilizantes. También deben proporcionar asesoramiento a la clientela sobre protección medioambiental, así como sobre el uso del transporte local ( además en este sentido se recomienda que el establecimiento ofrezca un servicio de préstamo de bicicletas).
El cambio de toallas y ropa de cama se realiza una o dos veces por semana, salvo que en determinados casos se requiera una mayor frecuencia. Los sistemas de alumbrado y calefacción deben estar regulados automáticamente. La Eco-etiqueta impulsa que el riego de las plantas se realice al amanecer o durante la tarde, dado que durante las horas de sol más intenso aumenta la evaporación y con ella, el consumo de agua.
Como mínimo un 22% de la electricidad necesaria para la calefacción y el abastecimiento de agua caliente de las áreas comunes y de los alojamientos de alquiler debe proceder de energías renovables. Las calderas de agua caliente han funcionar con una eficiencia energética de al menos un 90% y también es importante el empleo de la calefacción solar o el aprovechamiento del agua de lluvia. Por último, al menos el 60% de las bombillas deben ser de bajo consumo.
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