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Suelos atérmicos y antideslizantes

Instalar un suelo atérmico y antideslizante en lugares de la casa como la terraza, la sauna o la piscina es una buena manera de mejorar la seguridad evitando resbalones y caídas, así como las molestias que supone caminar descalzo sobre una superficie demasiado caliente.

Las piscinas son el mejor lugar, aunque no el único, para la instalación de un suelo atérmico y antideslizante. Con la llegada del verano comenzamos a disfrutarlas, pero también a padecer algunas de sus molestias si no están adecuadamente instaladas. Una incomodidad muy habitual en verano es la de tener que pisar descalzo un suelo que al estar expuesto al sol se recalienta y caminar descalzo sobre él se convierte en un tormento similar a andar sobre ascuas. Tampoco resultan extraños los resbalones y caídas al pisar un suelo salpicado del agua de la piscina. 

Por todo ello, recubrir los bordes de la piscina de un suelo adecuado que minimice estos inconvenientes nos garantizará una mayor comodidad y algún que otro susto de menos. Hay en el mercado una gran variedad de empresas que ofrecen esta clase de pavimentos, así como un amplio catálogo de diferentes materiales, colores y precios. 

Superficie antideslizante

En primer lugar un buen suelo antideslizante se caracteriza por tener una superficie que no sea lisa. Una superficie granulada o porosa permite una mayor sujección aunque cuanto más lo sea también supondrá una mayor molestia para el pie descalzo, así como ofrecerá más huecos para la acumulación de suciedad y bacterias. El objetivo es por tanto lograr un término medio adecuado. 

Para lograrlo las baldosas que se emplean para cubrir el entorno de la piscina pueden recibir un tratamiento físico o químico, ya sea antes de instalarlas o bien después. En el primer caso se trata de un método de abrasión mecánica para lograr la textura adecuada. Consiste en la aplicación de un sistema químico sobre la superficie a tratar. El sistema químico por su parte se basa en la aplicación de un producto químico que creará un gran número de microporos por cm2 y los repartirá de la forma más homogénea posible. También existe la posibilidad de aplicar alfombrillas y cintas antideslizantes adhesivas, una manera más sencilla y barata de cubrir aquellas superficies que puedan resultar peligrosas. Los pavimentos de goma son otra opción, especialmente si la piscina es utilizada por niños, de forma que amortiguarán sus posibles caídas.  

Suelos atérmicos

Pero además de su condición antideslizante, otra cualidad que debe tener el suelo que bordee la piscina, el de la terraza o el de la sauna es la de ser atérmico. Es decir, debe ser un mal conductor del calor, o un buen aislante, dicho de otra manera, para que no alcance una temperatura demasiado elevada que pueda resultar molesta. En este sentido los suelos de lava volcánica, compuestos de marmolina, cemento blanco y minerales especiales, suelen reunir ambas características: una superficie rugosa que evita resbalones y una resistencia al calentamiento que permite caminar sobre él aunque haya estado expuesto varias horas al inclemente sol veraniego.  

 

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