Asegurar la eficiencia en el funcionamiento de tu caldera en pleno invierno resulta clave para que tu consumo energético sea óptimo y evites, así, derrochar dinero en calefacción. Para ayudarte, existe un sistema que clasifica estos aparatos en función de su potencia y rendimiento.
Como el resto de clasificaciones de eficiencia energética, la clasificación se basa en el número de estrellas. Podrás encontrar calderas individuales de una, dos, tres y cuatro estrellas. Cuantos más símbolos, mayor rendimiento.
La clave para recibir más o menos estrellas reside en la caapcidad del aparato para obtener la temperatura deseada con la menor carga de agua y potencia nominal. Para establecer varemos, se somete a cada modelo al mismo examen: se analiza su rendimiento a máxima potencia, carga total de agua y temperatura superior a 70 grados; y se realiza un segundo test con la carga parcial, una potencia nominal del 30% y temperaturas inferiores a 50 grados (situación habitual del dispositivo).
Si el rendimiento de la caldera es superior al 84%, el aparato recibe una estrella. Estos modelos empiezan a escasear en el mercado, pues su fabricación quedó restringida hace dos años. Las calderas de dos estrellas alcanzan rendimientos del 90% mientras que las de cuatro estrellas llegan a niveles entre el 96 %y el 98%.
Según los expertos, la diferencia entre cada nivel es de tres puntos porcentuales: la distancia entre una caldera de dos estrellas y una de cuatro es de seis puntos y, eso, se nota en el consumo energético, pues se requiere más gas o gasóleo y más tiempo para alcanzar el mismo nivel de calor. Puede que, en principio, te compense adquirir un aparato con menor eficiencia (son más baratos), pero recuerda que el consumo a largo plazo te reportará mayor gasto. Recuerda que las calderas, si se mantienen de forma adecuada, tienen una vida útil que puede superar los 15 años.
Calderas colectivas
Aunque en desuso, las calderas colectivas (aquellas que sirven a un conjunto de viviendas) son una opción muy recomendable en términos de rendimiento, sobre todo si se instalan sistemas de control individual de temperatura en cada casa. Así, cada vecino creará en su vivienda el ambiente que desee y la caldera consumirá justo lo necesario.
Sea cual sea la opción que tomes, recuerda que una temperatura de 20 grados es más que suficiente para vivir de forma confortable, y que los dormitorios no necesitan estar tan caldeados: una temperatura de 17 grados basta. Además, cuando estés fuera de casa, puedes bajar el termostato hasta los 15 grados. Te asegurarás un ambiente cálido al llegar a casa y ahorrarás energía.
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