Mantener una temperatura agradable ha sido uno de los principales objetivos que se han buscado desde siempre al idear una vivienda. Hoy en día muchos hogares españoles disfrutan de aire acondicionado y de calefacción central, pero a lo largo de la historia se han empleado otras técnicas para lograr protección frente a los rigores del invierno y encontrar alivio durante el calor veraniego.
En la Antigua Roma el filósofo Séneca ya describió como en algunas residencias de patricios existían unos “tubos incrustados en las paredes para dirigir y distribuir por toda la casa un calor suave y regular”. Este sistema de calefacción central, también utilizado en las termas, se llamaba hipocausto, pero debido a su sofisticación fue un lujo muy minoritario. Hasta la llegada de la Revolución Industrial el método más habitual para conservar el calor en el hogar era manteniendo encendido el fuego en la chimenea (pdf). Si por el contrario se buscaba algo de frescor en los días más calurosos, el sistema más tradicional y extendido en todo el mundo ha sido el enfriamiento por evaporación, para lo que se esparcía un poco de agua por el suelo en los patios y a la entrada de las casas. Así por ejemplo, en la India desde la antigüedad se colocaban en las aberturas de la casa unas esteras de hierba sobre las que un recipiente goteaba agua, de forma que la brisa provocara su evaporación y refrescase así el interior.
La llegada de la modernidad
Desde el siglo XVIII en los países industrializados comenzó a aplicarse un sistema de tuberías conduciría vapor producido por la quema de carbón o leña para locales públicos como escuelas e iglesias, pero también en las casas de los más adinerados. La primera estufa (pdf) eléctrica de uso doméstico fue creada por los inventores británicos R. E. Crompton y J. H. Dowsing en 1902 y supuso un gran éxito que se extendería por muchos países y adquiriría las más variadas formas. En la mayoría de los hogares en España hasta las últimas décadas del siglo no comenzarían a sustituirse por sistemas que distribuyen agua caliente a radiadores situados por toda la casa, un agua calentada bien por calderas (pdf) propias o por un sistema de calefacción central para todo el edificio mediante gas o gasóleo C. En los últimos años los radiadores están empezando a ser sustituidos por un novedoso sistema de suelo radiante que reparte el calor de manera más uniforme.
Por su parte, los sistemas para hacer frente a las altas temperaturas veraniegas también adquirirían un nuevo impulso con la industrialización. En 1882 el estadounidense Schuyler S. Wheeler inventaría el ventilador, que al hacer correr el aire mediante unas aspas logra producir cierta sensación de frescor. En algunos locales públicos se ponía junto al ventilador una mezcla de hielo y sal para enfriar el aire. Pero la auténtica revolución en este terreno llegó con la invención del aire acondicionado. Como tantos otros inventos proviene de Estados Unidos, cuando en 1914 el inventor
Willis Carrier modificó un calentador convencional de vapor para que no solo enfriara el aire sino que lograra eliminar la humedad ambiental. Los sistemas de aire acondicionado actuales cuentan además con diversos filtros para limpiar impurezas del ambiente y proporcionar un aire más saludable. En los países cálidos como España son un elemento habitual de las fachadas de los edificios, ya que un 44% de los hogares españoles cuenta con uno de estos aparatos.
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