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Bombillas de bajo consumo
Bombillas de bajo consumo

Las lámparas fluorescentes compactas son excelentes ahorradoras de energía, máxime si se tiene en cuenta que el gasto energético en iluminación supone cerca del 20% del consumo eléctrico del hogar.

En algunas casas carentes de suficiente luz natural este gasto puede llegar alcanzar la mitad del recibo de la luz. Las bombillas compactas o de bajo consumo son más caras, pero tienen una duración hasta ocho veces mayor y proporcionan la misma cantidad de luz consumiendo entre un 20 y un 80% de la electricidad que precisan las lámparas incandescentes. Según el Instituto para la Diversificación y el Ahorro de Energía (IDAE), la sustitución de una bombilla tradicional por otra de bajo consumo representa al final de su vida útil un ahorro de más de 60 euros.

Así, una sola de estas bombillas compactas es capaz de economizar durante su periodo total de uso unos 140 litros de petróleo o 150 kilos de carbón. La combustión de estos combustibles fósiles se la ahorran las centrales eléctricas y, por lo tanto, se reducen las emisiones de CO2.

Tipos de lámparas
En el mercado pueden encontrase sin dificultad tres clases de bombillas. Las más clásicas, cuyo invento se atribuye a Edison, son las incandescentes. Llevan alumbrando a la humanidad más de un siglo. No obstante, el principio por el que emiten luz sigue siendo el mismo: la luminosidad se produce al ponerse incandescente un filamento de tungsteno cuando la corriente pasa por él. 

Bien es cierto que con el paso del tiempo se han diversificado sus acabados y formas, pero las características son muy similares. Sin duda el coste por unidad de este tipo de bombillas es el más barato, aunque si se compara con otros y se tiene en cuenta su relación precio/durabilidad al final salen más caras.

La duración de estas bombillas ronda las 1.000-1.200 horas de luz. Tras ese tiempo de utilización, el filamento de tungsteno comienza a evaporarse y termina por partirse o fundirse. De hecho, suele ocurrir que con el uso su luz se vaya tornando menos intensa debido a que el tungsteno que se va desprendiendo se acaba adhiriendo a la parte interior del casquillo. 

Las bombillas halógenas, por su parte, tienen mayor durabilidad y potencia luminosa. Están tratadas químicamente para no ennegrecerse, lo que hace que su duración sea al menos el doble de horas de las incandescentes. Las hay a tensión de red y suelen ir equipadas con un regulador de intensidad, ya que su potencia puede ir desde los 100 a los 1.000 vatios. Hay otras a baja tensión que necesitan un transformador porque su potencia es muy inferior a la tensión de red.

El interior de las bombillas de bajo consumo está lleno de vapor de mercurio a baja presión. Al producirse la descarga eléctrica se produce una luz ultravioleta que al entrar en contacto con el polvo fluorescente que recubre el tubo genera luz normal. Este es el tipo de bombilla que más se ha desarrollado en los últimos años.

Amplía gama
La característica principal de las lámparas de bajo consumo es su capacidad de convertir la energía en luz y no en calor, como hacen las bombillas de incandescencia tradicionales. Se adaptan a los casquillos comunes. La única pega que tienen es que su rendimiento empeora con el frío, por eso es mejor utilizarlas en interiores. 

Algo que hay que tener en cuenta, si se va a sustituir una bombilla incandescente por una de bajo consumo es que para producir la misma luz necesitan estas últimas un número de vatios muy inferior. Por otro lado, desde el nacimiento de las lámparas compactas sus ventajosas innovaciones hacen cada vez más rentable su utilización.

Las fluorescentes compactas de uso doméstico pueden llegar a alcanzar 15.000 horas de funcionamiento y un ahorro del 80%. Pero no sólo se ha avanzado en ahorro y duración sino también en niveles de iluminación. Por ejemplo, existen compactas con una tecnología capaz de regular su intensidad sin necesidad de reguladores adicionales, simplemente con el interruptor de la luz, y otras que se encienden al anochecer y se apagan de forma automática al amanecer.

Las lámparas de bajo consumo se aconsejan especialmente para áreas que necesiten iluminación forma prolongada, puesto que su mayor inconveniente es que consumen más energía al ser encendidas.