Una planta desaladora capta agua salada, normalmente del mar, para procesarla hasta convertirla en apta para el consumo humano y los usos industrial y agrícola. Por término medio, esto sucede en menos de una hora. Pero, ¿cómo se desarrolla el proceso?
Se trata de una construcción amplia situada cerca del mar que cuenta con varios depósitos a su alrededor. Cuanto más cerca se encuentre de la costa, menor será el esfuerzo energético que tendrá que hacer para bombear el agua. Por ello es tan importante la búsqueda de una localización apropiada.Esta tecnología, aunque discutida desde algunos ámbitos, constituye un medio para conseguir recursos hídricos de calidad en zonas afectadas por la escasez de agua.
Osmosis inversa
En 1965 se puso en marcha en Lanzarote (Canarias) la primera desaladora española. Entonces aplicó una tecnología basada en la evaporación, que ya casi no se utiliza, ya que pocos años después fue desplazada por métodos basados en la ósmosis inversa. Hoy España es uno de los países del mundo con mayor número de desaladoras y sus empresas constructoras, líderes mundiales en esta tecnología.
La ósmosis es un proceso natural por el que los vegetales absorben sales del suelo. La osmosis inversa consiste justamente en lo contrario, en desalar o eliminar la sal, en este caso del agua. El avance tecnológico ha conseguido abaratar la construcción de este tipo de instalaciones, que están pensadas para funcionar durante más o menos una década.
Partes de la instalación
Toda desaladora dispone de pozos de captación, habitualmente al lado del mar o de un lago salobre. A través de ellos una bomba succiona el agua, que será sometida a diversos filtrados para separar la arena y otras impurezas. Una vez almacenada en un colector, el líquido elemento se somete a desinfección mediante un tratamiento químico. Este proceso elimina, en poco más de un minuto, cualquier contaminación orgánica e inorgánica.
En este momento de separar el agua de la sal. Esto se consigue gracias a una fuerte presión que exige un elevado consumo energético, necesario para impulsar el fluido a través de unas membranas semipermeables, una especie de microfiltros. Para mejorar en eficiencia energética, las plantas desaladoras suelen instalar sistemas de cogeneración junto a la propia instalación.
Aproximadamente, de cada 100 litros de agua se obtienen 45 de agua dulce si la captación se hace en el mar. El porcentaje aumenta sensiblemente si el agua proviene de fuentes subterráneas o ríos. Además, del agua marina se sacan unos 3 kilogramos de sal por cada 100 litros de agua. Por último, el agua una vez desalada entra en un sistema de remineralización -mediante una dosificación de hidróxido cálcico- y es desinfectada de nuevo.
El tiempo que dura el recorrido varía en función de las distancias de captación y del lugar de almacenamiento. Puede decirse que desde que el agua es captada en el pozo hasta que es entregada en el depósito trascurren, poco más o menos, 60 minutos. Las desaladoras pueden operar de forma continuada durante las 24 horas.
Los vertidos salinos, que incluyen también algunos productos químicos, se convierten en un residuos contaminantes si acaban en el suelo o en el mar cerca de la costa, ya que pueden causar daños sobre los ecosistemas. Por eso, este caudal se devuelve al mar, pero se lleva mediante conductos hasta un punto alejado de la costa. Los detractores de las desaladoras subrayan el impacto medioambiental que supone este proceso de obtención de agua dulce, ya que eliminar las salmueras supone una clara agresión a la biodiversidad marina.
El agua desalada llegó a recibir el apelativo de "electricidad embotellada" debido al excesivo coste energético de que inicialmente suponía la desalación. No obstante, el gasto energético por metro cúbico desalado ha disminuido mucho. De hecho, para paliar el alto consumo de energía de estas instalaciones, comienza a aplicarse una tecnología capaz de crear energía a partir de la propia salmuera: un dispositivo llamado PE (pressure exchanger-intercambiador de presión) transfiere energía directamente de los residuos salinos al flujo de alimentación.
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