Seguramente tengas en casa más de un tipo de bombilla diferente: incandescente, halógena, fluorescente, de bajo consumo…, pero seguro que también sabes que no todas son igual de eficientes. Las principales diferencias estriban en la energía que necesitan para funcionar, en la que producen y en el calor que desprenden una vez encendidas.
La Unión Europea ha marcado como fecha tope para la venta de bombillas tradicionales el próximo 1 de septiembre de 2012, momento en el que serán definitivamente sustituidas por las de bajo consumo. Eso no significa que a partir de entonces se vaya a penalizar a aquellas casas en las que todavía pervivan este tipo de luminarias, sino que, simplemente, no podrás localizarlas en ningún comercio; habrán dejado de existir. En tiempos en los que la sostenibilidad, la eficiencia energética y el respeto al medio ambiente son más que una tendencia una necesidad, cuestiones aparentemente sencillas como la iluminación de nuestra casa, se convierten en objeto de estudio y sobre todo de mejora.
Luminarias poco eficientes
¿Por qué son tan poco recomendables bombillas como las halógenas o los fluorescentes, cuando realmente llevamos mucho tiempo utilizándolas? La respuesta es bien sencilla: ha quedado demostrado que el consumo de este tipo de bombillas incandescentes es mucho más elevado; por ejemplo, una luminaria halógena de 200 watios irradia la misma luz que una bombilla compacta de larga duración, de tan solo 20 watios. Esto implica que si sustituimos tres bombillas incandescentes por otras tantas de bajo consumo podemos ahorrar hasta 73 kilos de CO2 al año.
Además, hay que tener en cuenta la vida media de la que gozan cada una de ellas: mientras que las halógenas pueden dar luz durante unas 4.000 horas antes de fundirse, las lámparas de LED —última tecnología en lo que a luminarias de bajo consumo se refiere— ofrecen una durabilidad de 100.000. Lo mismo ocurre con la pérdida de luminosidad. Las halógenas alcanzan un 20% menos de emisión de luz después de 1.500 horas de uso, y de 45.000 en el caso de las LED.
Comparativa entre halógeno y bombillas tradicionales
No obstante, las bombillas halógenas son más eficientes si las comparamos con las tradicionales, ya que consumen menos energía y desprenden una mayor cantidad de luz. La diferencia entre una tradicional y una de halógeno radica, principalmente, en el gas que contiene en su interior: el argón, propio de las bombillas incandescentes, se sustituye por un gas halógeno como el yodo o el bromo en las segundas. La estructura de la lámpara es similar, aunque las halógenas emplean el cuarzo en lugar del vidrio, ya que tienen que soportar una temperatura más elevada, alcanzando los 3.000ºC, unos 250ºC más que una lámpara común. De ahí que irradien una luz mucho más potente, pero también desprenden más calor.
Esta diferencia de temperatura condiciona cada tipo de bombilla a la hora de utilizarlo en uno u otro lugar. A diferencia de la bombilla tradicional, los halógenos desprenden mucha luminosidad y a muy altas temperaturas, por lo que siempre se ha recomendado su instalación en zonas que creen ambiente dentro de la casa, pero, a ser posible, que no sean la estancia principal.
Pero ya no habrá que reparar en este tipo de detalles, puesto que a partir del próximo 1 de septiembre de 2012, sólo podremos acceder a bombillas de bajo consumo. Ten en cuenta, eso sí, que el mundo del bajo consumo también es amplio e ilimitado, ya que cada día surgen evoluciones y formas de mejorar en este campo de la iluminación. En este sentido, la tecnología LED se implanta con fuerza, ahora que todavía no existe una utilización masiva del bajo consumo.
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