Pocas personas son las que están dispuestas a renunciar al placer de beber un buen vino. Y un buen vino es también el producto de su conservación, incluso en nuestra casa. Si te has propuesto formar tu pequeña bodega, el mercado ofrece algunos servicios de climatización que pueden garantizarte grandes éxitos como bodeguero.
Dicen los entendidos que cada vino es un mundo, no sólo por su elaboración o sabor, sino también por la manera de conservarlo y el momento en el que se consume. Aún así, hay algunas reglas generales que conviene seguir.
1. Temperatura
Se recomienda mantener los caldos a una temperatura cercana a los 12 grados centígrados, aunque puede ser un poco más elevada. Si la temperatura de conservación es muy alta –por ejemplo, más de 20 grados- el producto evolucionará más rápido y corre el riesgo de estropearse. Otra gran amenaza para el vino es la variación de las temperaturas, por lo que, por lo general, se recomienda mantener la temperatura constante.
2. Humedad y ventilación
La recomendación habitual señala que el rango óptimo de humedad está entre el 65% y el 80%. Además de húmedos, los espacios de conservación de vino tienen que tener una buena ventilación ya que el vino es un producto que respira por el corcho.
3. Oscuridad y ausencia de vibraciones
A pesar del cristal oscuro de las botellas, la radiación –especialmente la ultravioleta- puede perjudicar al producto. Además, evitar que las botellas sean agitadas es vital para que un buen vino envejezca bien.
La opinión mayoritaria defiende que la mejor forma de conservar el vino son las condiciones naturales. Así que, si tienes una cueva de piedra a 5 ó 6 metros de profundidad que cumpla las condiciones expuestas no tendrás ningún problema para degustar y ofrecer a tus amigos vinos en perfecto estado de conservación. Si no es así, todavía quedan otras muchas opciones.
En ausencia de cuevas, puedes optar por montar tu bodega en sótanos o garajes siempre y cuando reúnan las condiciones para garantizar la temperatura y humedad necesarias. Los espacios subterráneos, aislados y orientados al norte son los más indicados. Recuerda que el ladrillo o el hormigón no son buenos aislantes. En el mercado se pueden encontrar materiales con gran capacidad de aislamiento, como poliestirenio extruido, que se venden por placas y son fáciles de instalar.
Es evidente que no todas las casas tendrán un espacio apto para la conservación natural del vino. En ese caso, la soñada bodega doméstica puede materializarse por obra y gracia de la climatización. El mercado ofrece varias opciones, como los armarios empotrados y los climatizadores. En el caso de los primeros, resultan ser la opción más cómoda. Con diferentes acabados y capacidades que oscilan entren las 3 ó 4 botellas y las 700 o más. Los precios varían tanto como su capacidad. Las más pequeñas se pueden encontrar desde unos 80 euros.
Estas pequeñas (o grandes) neveras, que pueden integrarse en otros muebles o en los módulos de la cocina, logran mantener los caldos a una temperatura seleccionada y con condiciones de luz, humedad y aislamiento óptimas. Como los frigoríficos, deben estar encendidos mientras contengan vino almacenado pero, al igual que sus hermanos mayores, existen ya tecnologías que garantizan un menor consumo eléctrico y poco ruido en su funcionamiento.
En cuanto a los climatizadores, es posible encontrar algunos específicos para conservar vinos. Son aparatos similares a los aires acondicionados, aunque también garantizan condiciones de luz y humedad. Este tipo de instalaciones, más caras, están pensadas para convertir alguna de nuestras habitaciones en la bodega perfecta. Pueden climatizar espacios de hasta 50 metros cuadrados. Se aconseja acompañar este tipo de instalación con un buen aislamiento y armarios bodegueros, donde almacenar las botellas en posición correcta.
Invertir en una bodega requiere tiempo y dinero, pero es un sueño que muchos persiguen. Ya lo decía el compositor y director Gustav Mahler: “Un vaso de vino en el momento oportuno, vale más que todas la riquezas de La Tierra”.
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