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La alternativa del “tupper”

Las obligaciones cotidianas y la falta de tiempo plantean en muchas ocasiones la necesidad de comer fuera de casa. Surge así un cambio en los hábitos alimenticios.

Que, sin embargo, no impide llevar una dieta equilibrada,  tanto si se come en la propia oficina como si se almuerza en un restaurante. Para mantener esta dieta equilibrada es necesario que el organismo reciba un porcentaje de calorías, de las cuales un 15% serán proteínas, un 55% corresponderá a glúcidos y el 30% restante será para los lípidos. Estos porcentajes pueden variar en función de la actividad física que realice cada persona, aunque el 90% de los trabajos son sedentarios y el organismo realmente consume muy pocas calorías. 

El concepto de comer, entendido como el sentarse a la mesa y poder disfrutar de varios platos degustándolos a placer, parece ser un concepto cada vez más olvidado en la sociedad del siglo XXI. Inmersas en la vorágine del trabajo, muchas son las personas que recurren a menús caseros y distintas combinaciones de alimentos con las que poder saciarse en tan sólo unos  minutos. Los “tupper”  en el lugar de trabajo se han convertido en algo tan habitual que en muchas empresas se cuenta con un lugar con microondas e incluso frigorífico, donde poder calentar la comida. 

Como lo habitual es madrugar y en muchas ocasiones no se desayuna de forma consistente, al poco tiempo el estómago suele reclamar un poco de atención. Es importante desayunar bien porque así se evita picar entre horas o excederse a la hora de almorzar. Aún así, para media mañana se puede llevar queso de Burgos, bajo en grasa, unos yogures, a los que añadir trocitos de fruta, o bien comer una pieza entera. 

Evitar dulces y embutidos
Una vez llegada la hora de comer, las hamburguesas y los bocadillos pueden ser una opción puntual, pero no la más recomendable para seguir durante un tiempo prolongado, ya que contienen muchas calorías y no son una comida equilibrada. Si se acude a un “fast-food”, es recomendable evitar los refrescos, que contienen gran cantidad de azúcar, las versiones “doble” y sustituir las patatas fritas por ensaladas. Los alimentos precocinados sólo deben utilizarse muy esporádicamente y conviene evitar los dulces, la bollería industrial y los embutidos, aunque resultan fáciles de llevar. 

Si se dispone de más tiempo, se puede elegir entre los numerosos restaurantes que ofrecen menús del día. Para que esta opción sea también lo más equilibrada posible, conviene evitar los gratinados, los platos con rebozados y no abusar de los fritos. Cuando se pidan pescados o carne, es mejor acompañarlos de vegetales o ensaladas y evitar mezclarlos con arroces y pastas. 

Algunos platos pueden planificarse con tiempo en casa y luego congelarse en pequeños “tupper”  de ración, de forma que tan sólo habrá que sacarlos en el momento en que sea necesario. Es importante que el proceso de descongelación se realice en el frigorífico, para evitar los gérmenes e igualmente conviene tener en cuenta que estos recipientes deberán guardarse en un lugar frío hasta que se consuman y evitar dejarlos en el coche o en la propia oficina. 

Menú variado
Para que comer de “tupper”  no se convierta en un acto monótono, es importante no repetir los platos. Una de las ventajas de estos recipientes es que sirven para calentar directamente los alimentos y prácticamente no afectan a su sabor pero el inconveniente es que sus dimensiones engañan y como su capacidad es bastante mayor de lo que parece a simple vista, hay que evitar ingerir raciones excesivas. 

Entre los primeros, puede prepararse una sopa, crema de calabacín, gazpacho, ensaladas tradicionales, mixtas, de endivias con Roquefort, de arroz (con verduras, pasas y piñones) o de pasta (con atún, aceitunas, pimientos, tomate… las opciones son muy numerosas), legumbres o menestras de verduras. El problema de las ensaladas es que se oxidan si se preparan con mucho tiempo de antelación. Una alternativa puede ser llevarse un tomate y aliñarlo allí mismo. 

Los expertos en Nutrición recomiendan principalmente las legumbres, los cereales y las verduras, mientras que las grasas quedan en segunda fila. Pueden prepararse platos que combinen los hidratos de carbono con las verduras y las proteínas. Entre los postres, la fruta es la mejor opción. 

Algunas alternativas son bajas en grasas como una ensalada de vegetales con queso, la pechuga de pollo a la plancha con verduras hervidas o los sandwiches vegetales. Como segundos, el pollo, tanto en salsa como en filetes es un recurso muy socorrido. Otra opción son los filetes de carne y los pescados, preferiblemente a la plancha, que pueden llevar la salsa aparte y mezclarla al calentar todo en el microondas (así los alimentos estarán más jugosos). También pueden acompañarse de guarniciones de verduras (judías verdes, champiñones, cebolla, zanahoria, guisantes…)

Como postre, además de los yogures y el queso fresco, los flanes y sobre todo, la fruta (por separado o en ensaladas), ya que tiene pocas calorías pero es una fuente de vitaminas, fundamental para el organismo.

26 de marzo de 2007