La electricidad procede, en la mayoría de los casos, de centrales térmicas y nucleares. Por eso resulta más recomendable cocinar con gas, siempre que se haga de manera moderada y eficiente.
La sostenibilidad, o lo que es lo mismo, “la capacidad de un estado para satisfacer las necesidades de la población actual sin comprometer la capacidad de generaciones futuras o de poblaciones de otras regiones para satisfacer sus necesidades”, comienza en casa.
Desde hace un tiempo se habla de la necesidad de concienciarse para no consumir de más y cuidar el medio ambiente. En 1997 los principales países industrializados firmaron el Protocolo de Kyoto, con el objetivo de reducir de forma global los niveles de CO2 y de otros gases de efecto invernadero, así como impulsar el desarrollo de energías renovables.
Dicho Protocolo establece como objetivo alcanzar en 2010 una reducción de las emisiones del 8% para el conjunto de la Unión Europea, basándose en los niveles de 1990, así como cubrir el 12% de la demanda europea de energía primaria con energías renovables. Para cumplir con los compromisos adquiridos, España puso en marcha el Plan de Energías Renovables 2005-2010 (PER).
Sistema eficiente y limpio
Una de las medidas que la población puede adoptar de manera fácil es introducir la costumbre de cocinar con gas, un sistema eficiente y limpio, cuidadoso con el entorno y que evita inhalar emanaciones tóxicas.
El gas natural es una energía de origen fósil que procede de la descomposición de materia orgánica atrapada entre los estratos rocosos. Se trata de una mezcla de hidrocarburos ligeros que, cuando se extrae de los yacimientos, es un producto incoloro e inodoro, no tóxico y más ligero que el aire.
Además de ser eficiente y limpio, resulta mucho más barato que la electricidad. Cocinar con gas supone un ahorro energético de aproximadamente el 50%, y un consumo de CO2 (dióxido de carbono) un 60% menor. Además, no produce malos olores ni residuos, por lo que merece la consideración de “energía limpia”. En el hogar, el gas natural calienta con rapidez, no necesita almacenaje previo y es el combustible que menos contamina. Eso sí, para conseguir esta eficiencia conviene mantener los quemadores en buen estado y evitar que las llamas sobrepasen el fondo de los recipientes.
Aunque las cocinas eléctricas y las de gas tienen precios similares, a largo plazo estas últimas resultan mucho más baratas, porque el consumo de gas es menor y más económico. Hoy en día, las vitrocerámicas a gas son los equipos más modernos de cocción, a las que se suma su limpieza y comodidad. Gracias a los gasodomésticos, que están equipados con dispositivos de encendido electrónico y sistemas termopar, el gas se corta automáticamente en caso de que la llama se apagase.
50 años con Butano
En 1802, el inventor alemán Frederick Albert Wilson cocinó con gas la primera comida de la historia. La llegada del butano a España en 1957 trajo consigo un importante ahorro de tiempo en la cocina. Este tipo de electrodomésticos se convirtieron en una opción excelente, ya que al poseer una potencia más rápida que otros tipos de energía, permitían regular manualmente la llama, de forma instantánea, consiguiendo el calor necesario de forma rápida y precisa.
El butano cuenta con diversas ventajas en la cocina: es un combustible que respeta el medio ambiente, ya que su llama es muy limpia y produce una menor emisión de gases contaminantes (carece de emanación de monóxido de carbono); sin humos, residuos ni malos olores, en comparación con otras fuentes de energía; y tiene un elevado poder calorífico y un alto rendimiento, lo que hace que su relación calidad-precio resulte excelente.
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