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Los sabores orientales de las especias

Las especias potencian lo mejor de los alimentos. Estos condimentos aromáticos aportan su toque exótico en la cocina y además algunas poseen propiedades curativas que muchas veces son la razón para incluírlas en las comidas.

Las especias son un elemento indispensable en nuestra cocina para resaltar sabores, aromatizar, como conservantes naturales o para dar color a los platos. Durante milenios han sido un producto codiciado que se empleaba como moneda de cambio. De ellas existía la creencia de que poseían propiedades mágicas y  afrodisíacas y se utilizaban habitualmente para curar dolencias. Hoy en día, en cambio, se emplean para dar color y aromatizar una infinidad de platos y en países como la India o China, las especias aparecen como un ingrediente básico en su cocina. 

Su éxito, usar lo justo

Las especias proceden de raíces aromáticas secas, cortezas, brotes o semillas y se usan en pequeñas cantidades para dar sabor fuerte, picante o excitante a las comidas. En su mayoría proceden del continente asiático, como la canela, la pimienta, la nuez moscada o el clavo, pero también hay otras muchas semillas aromáticas oriundas de la zona del Mediterráneo como el cilantro, el hinojo, el anís o la mostaza. Algunas, como el eneldo y el enebro proceden de zonas más frías del norte. 

Estos condimentos se deben guardar siempre en recipientes herméticos y oscuros para evitar la acción del aire y la luz, que les harían perder rápidamente sus propiedades. Si se conservan debidamente, se mantienen mucho tiempo en perfectas condiciones. Para cerciorarse de que se encuentran en su punto, el mejor indicador de calidad es que mantengan su aroma. 

La diversidad de sabores que ofrecen las especias permite escoger entre ellas, en función del plato que se vaya a elaborar. Tanto las carnes como los pescados pueden aderezarse con romero o salvia. Las bayas de enebro se utilizan en platos ahumados elaborados con carnes y la envoltura de nuez moscada, en concreto, se emplea en salazones de ave. 

Quienes quieran aportar un toque picante a los ingredientes pueden recurrir a la familia de las pimientas. La blanca, suave y sin cáscara, muy empleada para condimentos, la negra para adobos y embutidos, mientras que el fuerte sabor de la pimienta de Cayena se aprecia especialmente en salsas. También el clavo, originario de Singapur, es un recurso de charcutería y salmueras. 

Algunas de ellas están especialmente indicadas para los postres como la canela o la vainilla y otras como el sésamo se incluyen a la hora de confeccionar pan, tartas o galletas. La menta aporta un matiz refrescante. Otras como el eneldo aportan un sabor fresco e intenso a comidas, como los pescados y mariscos, el yogurt natural, y todo tipo de platos con pepino. También es excelente en sopas, ensaladas y vegetales. 

El curry es una mezcla de guindilla, cilantro, comino, mostaza, pimienta negra, aholva, jenjibre y cúrcuma que suele emplearse para dar sabor a los guisos, lo mismo que el comino, una especia de pequeño tamaño, pero olor y sabor penetrante que también suele añadirse en las ensaladas. Para aromatizar sopas se emplea el hinojo y el cilantro. La aholva, una de las integrantes del curry, también resulta perfecta para dar un toque distinto a las ensaladas.

Muchas especias tienen su participación a la hora de elaborar platos típicos regionales. Es el caso de la alcaravea, que aporta un punto de sabor a la hora de preparar la carne de cerdo y elaborar salchichas y también es uno de los ingredientes que conforman el morteruelo, típico de Cuenca. El pimentón también es un habitual en embutidos, estofados y salsas, al igual que al azafrán, un condimento de los más completos, ya que aporta olor, sabor y color en sopas y guisos. 

Propiedades curativas

Además de aportar sabor a las preparaciones culinarias, algunas especias resultan especialmente interesantes desde el punto de vista nutricional ya que también aportan vitaminas y minerales. 

A lo largo de la historia, además de aumentar el sabor y aroma de los platos,  las especias se han empleado para conservar los alimentos y hacerlos más digestivos. Un ejemplo es la albahaca, un excelente remedio estomacal para facilitar la digestión. Además sus flavonoides son potentes antioxidantes que protegen las células del proceso de envejecimiento.

En función de sus características propias, cada especia aporta un beneficio diferente al organismo. Un diente de ajo diario en la dieta, puede disminuir el riesgo de sufrir enfermedades del corazón en un 25%, ayuda a reducir el colesterol malo (LDL), los triglicéridos y a controlar la presión arterial. La canela y el jengibre tienen propiedades antiinflamatorias, mientras que el orégano contiene betacarotenos y vitamina C. En cuanto al romero, contiene sustancias que estimulan el sistema inmune, favorecen la circulación sanguínea, así como compuestos antiinflamatorios que pueden ser efectivos para reducir la severidad de los ataques de asma. Su uso en la cocina ayuda a reducir la cantidad de sal en las preparaciones, con lo que su empleo en la cocina es especialmente interesante para aquellas personas que deben moderar el consumo de este condimento.

 

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