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Flores, del campo a la mesa

La innovación culinaria abre su ventana al mundo de las flores comestibles que, además aportar matices de frescura y sabores inusuales, hacen más atractivos los platos en su presentación ya que el olor que emanan contribuye a estimular los sentidos y además, son tan comestibles como las hierbas tradicionalmente empleadas.

A pesar de ser el último grito  en materia culinaria, no se trata de una técnica novedosa ya que tanto la cocina romana, como la cocina hindú o la andalusí, han empleado desde siempre estos ingredientes para sazonar sus recetas con aromas de violeta o pétalos de rosa, entre otros muchos. 

Claveles, amapolas, pensamientos, violetas, gladiolos … las flores es cuentan con la ventaja de que se aprovecha prácticamente en su totalidad de la misma a excepción del tallo. Sin embargo, conviene que se eliminen los estambres, los pistilos y la base blanca de los pétalos, ya que pueden dar  un gusto ligeramente amargo.

Aunque generalmente su sabor es dulce, en función de la especie de que se trate y de la intensidad de su perfume, éste puede variar. Por otra parte, son una fuente de proteínas, aminoácidos, vitaminas A, B, C y E y diversos minerales como el calcio, hierro y sodio. 

El olor, nota característica

Dependiendo de la receta que vayas a preparar, el olor de cada especie determinará para qué plato es más adecuada. La flor de calabaza se utiliza para rellenar croquetas, la gastronomía mexicana la incluye con frecuencia al hacer tortitas, burritos o quesadillas mientras que la cocina italiana la emplea en platos como los raviolis o rellenas de mozzarella con un rebozado crujiente. Otra posibilidad es cocinar la flor de calabacín en tempura, como toque final de una ensalada fresca. 

La cocina oriental, que otorga un lugar relevante al mundo floral en su gastronomía, incluye pétalos de crisantemo o de magnolia en la preparación de ensaladas, lirios para condimentar salsas y caldos y jazmines como acompañamiento de pescados y aves. En Francia, las diferentes especies se utilizan para aromatizar tanto pescados, como carne de caza o tortillas. 

Las rosas y las violetas se emplean por la intensidad de su perfume para realzar el sabor de helados o sorbetes. Los pétalos escarchados de rosa con azúcar son un manjar exquisito, recién cortados, dorados en la sartén sin aceite y espolvoreados con azúcar hasta que queden escarchados, aunque también pueden encontrarse en salsas de mariscos, croquetas, rellenos de verduras, tartas o ensaladas de frutas mientras que el sabor amargo de las caléndulas es perfecto cuando se trata de aromatizar bebidas. 

Las violetas se pueden comer frescas, secas y confitadas. Sus hojas, bien crudas o cocidas, puedes emplearlas para espesar sopas y además se emplean con endibias y para el relleno de tortillas. La lavanda se utiliza tanto en platos de arroz, conejo y pollo como en siropes y helados o acompañando a chocolates negros o blancos, siempre en pocas cantidades de pétalos ya que, de lo contrario, su fuerte sabor estropearía el plato. El jazmín se presenta en guarniciones, acompañando a carnes y pescados y el sabor picante de las capuchinas se aprovecha en las ensaladas. En cuanto a la amapola, sus pétalos se cuecen con agua, azúcar moreno y zumo de limón y luego se trituran para hacer un coulis, sabroso complemento de pasteles de queso. 

Antes de cocinarlas, conviene lavarlas bien, dejarlas luego colgando para que escurran y, por último, secarlas con cuidado con ayuda de una servilleta.  La mayor parte de las flores pueden conservarse en el frigorífico en buen estado durante una semana. 

Peligro de toxicidad

A la hora de elegir las flores que vas a cocinar, no debes olvidar nunca que, aunque las hay comestibles, algunas también pueden ser tóxicas. Conviene consumir sólo aquellas cuya procedencia se conozca con certeza. Los fungicidas, herbicidas e insecticidas de uso habitual en los jardines están prohibidos en aquellas plantas que posteriormente vayan a  consumirse. Los ramos de rosas de las floristerías no de deben utilizar para la alimentación porque pueden tener pesticidas. Es mejor elegir entre la flora del propio jardín que no haya sido tratada con productos químicos y también puedes optar por adquirirlas deshojadas y ya empaquetadas.  

 

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