Su elaboración es todo un ritual, en el que tanto los ingredientes como su presentación y la copa en la que se sirve son fundamentales. Se dice que su secreto está en cómo se agita la coctelera.
El siglo XIX estaba en sus últimos años, cuando empezaron a embotellarse licores y aguardientes de calidad en Estados Unidos y surgieron los primeros cócteles, pero fue la Ley Seca en New York, vigente desde enero de 1919 hasta diciembre de 1933, la que contribuyó de manera decisiva a su propagación. Comenzaron a convertirse en una bebida popular y en la opción preferida de las estrellas de la gran pantalla. Se inventaron entonces infinidad de cócteles bautizados con nombres evocadores de frutas, países o famosos, que se utilizaban para despistar a las autoridades que prohibían el consumo de bebidas alcohólicas. Durante la Segunda Guerra Mundial, prácticamente desaparecieron pero, una vez finalizad el conflicto, en Estados Unidos se incrementó nuevamente la popularidad de estas bebidas.
Etimológicamente, no hay unanimidad sobre su nombre. Durante las peleas de gallos solían servirse unas bebidas conocidas como “Cock’s Ale” aunque la idea más aceptada es que en inglés cock se traduce como gallo y tail como cola, porque estas bebidas se solían decorar con las largas plumas de estos animales, una costumbre que se mantiene en la actualidad, adornando las copas con motivos diversos.
Una gama de sabores
Desde entonces se ha experimentado mucho en este campo pero también pueden encontrarse combinaciones que se mantienen tal como el primer día y es que su demanda así lo exige. Compuestos a menudo por ingredientes exóticos, constituyen una gama que va desde los sabores fuertes o secos hasta los más delicados y perfumados.
Preparar un cóctel es todo un arte, una mezcla que exige una elaboración metódica y precisa y que se compone de varios ingredientes fundamentales. Por una parte se encuentran los alcoholes como el ron, el tequila, la ginebra, el cointreau, el whisky o el brandy, entre otros, que suelen combinarse con otros elementos correctores, un amplísimo espectro de zumos de frutas naturales, curaçao, vermuts y colorantes, a los que se incorpora, como toque final, las frutas y pequeñas sombrillitas que adornarán la copa.
Las mezclas de sabores también varían, en función de que se preparen con coctelera (un recipiente de tres piezas donde se vierten los ingredientes para mezclarlos cuyo resultado un cóctel batido como, por ejemplo, el Alexander Brandy) o si la bebida se consigue utilizando un vaso mezclador (un recipiente con una tapa perforada que permite servir directamente a las copas o vasos.
La clasificación de los cócteles es muy diversa. Su objetivo final es atrapar a quien lo está degustando, sin que casi se dé cuenta. Pueden ser sugerentes, refrescantes, glamourosos … de cualquier forma, estos combinados llenos de fantasía e imaginación suelen dividirse en tres grupos básicos: los aperitivos, generalmente cócteles secos, poco dulces, que suelen llevar nombres relacionados con el mar, los tragos largos o refrescantes, elaborados a base de todo tipo de frutas combinadas con champaña, licores, y refrescos y los digestivos llamados pousse-café, que pueden ser secos o también “on the rocks”, un complemento excelente para las sobremesas.
Margarita, Caipirinha, Alexander … Entre los clásicos más famosos se encuentra el Mojito, bebida de origen cubano, de carácter refrescante y sabor tropical, que combina tallos de hierbabuena fresca, hielo picado, soda, lima y ron blanco. Se recomienda utilizar los tallos para macerar con la lima y el azúcar, porque en ellos está el sabor, mientras que en las hojas se encuentra el olor.
El Cuba Libre se hizo popular durante la época de buenas relaciones entre esta isla y Estados Unidos. Sus ingredientes tienen un carácter simbólico: una mezcla de ron y Coca-Cola. El destornillador (vodka con zumo de naranja) es otro de los combinados más populares en todo el mundo, mientras que el secreto para triunfar con un Daiquiri es utilizar ron de calidad y hacer una mezcla exacta entre zumo de limón, azúcar y agua para crear así una limonada que posteriormente se mezclará con el ron.
Como anécdota, cabe destacar que una noche de 1920 en la que el alcohol corrió en exceso fue el origen del Bloody Mary. Su artífice, Ferdinand Petiot, era un barman neoyorquino que hizo la receta combinando elementos extravagantes y consiguió un cóctel a base de vodka con zumo de tomate que se popularizó rápidamente.
Decoración y aderezos
La presentación es siempre un detalle fundamental, pero en el caso de los cócteles debe ser atractiva sin llegar a caer en la extravagancia. Los cócteles refrescantes con base en frutas permiten más elementos decorativos que otros tipos. Es aconsejable disponer siempre de frutas de temporada, cuanto más frescas, mejor, pero no hay que olvidar que algunas de ellas como los plátanos, manzanas o peras se oxidan rápidamente. Para evitar que se oscurezcan, hay que manipularlas con rapidez o, en todo caso, humedecerlas con un poco de zumo de limón para minimizar este efecto.
Precisamente el limón es un elemento indispensable en muchos cócteles, cortado en rodajas muy finas, seguido de las limas y las naranjas. Las aceitunas de color verde suelen utilizarse para los Martinis. Antes de añadirlas a la copa conviene asegurarse de que hayan perdido el agua de la lata de conservas en la que vienen envasadas. En cuanto a las guindas, aunque no son imprescindibles, se emplean con frecuencia como un detalle decorativo.
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