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Caipirinha, sabor de Brasil en la coctelera

Verano es la época de los cócteles refrescantes, llenos de sabor y saboreados a la sombra. Uno de ellos es la caipirinha, la bebida nacional de Brasil.

Que se elabora con lima, azúcar, mucho hielo y cachaça, aunque puede sustituírse por ron o vodka. Uno de los principales componentes de la caipirinha es la cachaça, un aguardiente de caña de azúcar que hasta hace pocos años estaba visto como malo y vulgar ya que su alto contenido alcohólico (podía llegar a los 54º) unido a su bajo precio se asociaba a los alcohólicos y a los estratos de población con menos recursos. 

La cachaça se destiló por primera vez en 1532, después de que los colonos portugueses de las islas Madeira introdujeran el azúcar de caña en Brasil. Tiene una graduación alcohólica que oscila entre los 38 y los 48º y se obtiene por la destilación del mosto fermentado de la caña de azúcar. 

Cada año se producen en el territorio brasileño más de un billón de litros de cachaça, comercializados bajo el nombre de más de 4.000 marcas diferentes, lo que convierte a este aguardiente en la bebida nacional de Brasil. Por esta razón y por su importante participación en la elaboración de la caipirinha, la IBA (International Bartender Association) ha incluído este cóctel en la lista de las 50 bebidas más influyentes. 

La caipirinha es un combinado excelente. Se creó en Rio de Janeiro como oferta a los turistas en las calurosas noches de estío ya que, a pesar de su alto grado alcohólico, es una bebida muy refrescante y fácil de beber que combina la acidez de la lima con la dulzura del azúcar y la cachaça. 

Su sabor, fresco y exótico, deja en el paladar un toque latino a carnaval, aunque, en realidad, su nombre es el diminutivo de caipira, que es una palabra portuguesa que define a los campesinos o a aquellas personas que viven en el campo.  

Exprimir la pulpa
Su elaboración es muy sencilla. Para ello, se toma un vaso de boca ancha. En primer lugar se lava y seca bien una lima caribeña. Se corta en trozos, sin quitarle la cáscara y se pone con una cucharada de azúcar en el vaso. Se dejan reposar para que maceren. Posteriormente se machaca con cuidado con una cucharilla o un mortero de madera hasta exprimir todo el jugo y la pulpa de la lima. Se recomienda hacerlo así porque no es lo mismo exprimir que las limas. De esta forma el matiz de la piel de la fruta también se incorpora al sabor.

A continuación se llena el vaso con hielo molido (no se debe picar muy pequeño para que no se derrita tan rápido),  se vuelve a machacar todo bien,  se añade cachaça, se bate bien todo y se sirve la caipirinha en vasos previamente enfriados en la nevera,  con una pajita para poder tomarla en pequeños sorbos y decorados con una sombrilla de mimbre. 

Aunque esta es la receta típica, a lo largo y ancho del mundo pueden encontrarse diversas variantes si no puede tiene cachaça, como emplear ron (en este caso se conoce como caipirissima), vodka (caipiroshka). En algunos lugares se prepara con azúcar morena en vez de blanca. Existe una variante en la que se añade granadina para que adquiera un sabor afresado. Otras incluyen, por ejemplo, una parte de zumo de piña, unas gotas de limón por cada parte de cachaça e incluso hay quien se atreve a reemplazar este  zumo de limón por zumo de coco. 

La mejor época para tomar la caipirinha es el verano ya que su frescura que evoca las playas de Brasil. Sin embargo, no hay que dejarse engañar por su sabor suave porque se trata de una bebida de alto contenido alcohólico que debe consumirse moderadamente.

30 de julio de 2007