
En la temporada estival, el cuerpo necesita hidratarse más que nunca frente al calor. La sandía regresa como todos los veranos para aportar vitaminas y ayudar a combatir las elevadas temperaturas.
Con la llegada del buen tiempo vuelven al mercado los melones y las sandías, las frutas más refrescantes y las que mayor porcentaje de agua contienen. Aunque hoy en día podemos disfrutar de todo tipo de frutas a lo largo del año, los nutricionistas siempre recomiendan consumir los productos de temporada, ya que están en su mejor momento.
Originaria del Africa tropical, la sandía tenía un puesto de relevancia dentro de la cultura egipcia, ya que solía incluírse entre las pertenencias con las que se enterraba al faraón. Durante la Edad Media, los árabes la dieron a conocer en Europa utilizándola como diurético por su capacidad para limpiar las vías urinarias y también descubrieron su poder para bajar la fiebre.
La sandía es saciante y depurativa, con una textura jugosa y de sabor dulce. Está compuesta en un 93% de agua, por lo que ayuda a recuperar los líquidos perdidos y contribuye al funcionamiento de los riñones. Con apenas 20 calorías por cada 100 gramos, es además la pieza ideal para poder tomar a cualquier hora del día y por sus efectos diuréticos está especialmente recomendada en las dietas de adelgazamiento. Gracias a su efecto saciante, la sandía elimina el apetito, con lo que se puede adelgazar sin pasar hambre, porque elimina la necesidad de ingerir otros alimentos. Todas estas características la convierten en la estrella de una dieta hipocalórica donde no se pone límite a la cantidad que se puede ingerir de esta fruta. El color rojo de su carne se debe a que es rica en carotenoide licopen, un componente de gran capacidad antioxidante que previene el envejecimiento, aunque hay variedades con pulpa de color anaranjado y amarillo intenso.
Al igual que los melones, las sandías contienen niveles de sales minerales y vitaminas poco relevantes si se comparan con otras frutas. En concreto, pequeñas cantidades de hierro y magnesio, lo que las hace especialmente recomendables para las personas que padezcan problemas de hipertensión. Por otra parte, aportan mucha vitamina A, esencial para nuestro sistema inmunológico, el buen estado de los huesos y la visión entre otros, B1, B2 y C, que favorece la absorción del hierro de los alimentos y la resistencia del cuerpo a contraer infacciones.
Es una de las frutas con más potasio, un mineral esencial para que la actividad muscular diaria transcurra de forma normal y muy necesario asimismo para la generación y transmisión de los impulsos nerviosos.
Genéticamente hay dos tipos de sandías, las diploides o con semillas, que son las que se cultivan tradicionalmente y las triploides o sin semillas, aunque en realidad las tienen de un color blanco que las hace pasar desapercibidas. Es uno de los frutos de mayor peso que se conocen, ya que puede llegar a superar los diez kilos.
Este tipo de fruta debe recolectarse totalmente madura para asegurarse la buena calidad aunque, cuanto más avanzadas están en su punto de maduración, es más difícil saber si una sandía está en buenas o malas condiciones. Cuando la parte de la cáscara que ha estado en contacto con el suelo ha cogido un cierto color amarillo, sabemos que es el momento óptimo para su recolección y degustación. Aún así, y para cerciorarnos de que se encuentra madura, se suele utilizar la técnica de golpearla con la palma de las manos o bien darle golpes con los dedos hasta que suene a hueco.
Consejos sobre su preparación
Aunque forma parte de numerosos platos especialmente ensaladas, postres y zumos, su forma habitual de consumo es al natural y en solitario para disfrutar de todo su sabor. Conviene comerla fresca pero no demasiado fría. Se suelen servir en rodajas, a las que se les quita la cáscara con cuchillo y tenedor y se come en trozos. Las mejores piezas son aquellas de forma simétrica, con piel dura y semillas negras y brillantes.
También sirve para elaborar refrescantes zumos elaborados a partir de licuar la pulpa y mezclarla con otras frutas (manzanas &) también licuadas. A continuación se mezclan ambos líquidos en una batidora, se añaden cubitos de hielo y se tritura hasta obtener una mezcla homogénea. Se recomienda servirlo muy frío en una copa adornada con fruta al gusto, kiwi, por ejemplo.
La sandía también puede ser ingrediente de ensaladas, el plato estrella del verano. Una idea es hacer bolitas con la pulpa, añadirle queso feta troceado (unos 100 g) y mezclarlo todo. Sobre esta mezcla se echa un aliño que contenga huevo cocido muy picado y se deja reposar. A la hora de comer, se le añade tomate y cebolla en rodajas y se mezcla todo.
Además cabe destacar, como curiosidad, que de la sandía se aprovecha todo: con sus semillas se elabora un té que es un buen laxante y con su cáscara se puede preparar un puré que, aplicado como cataplasma, es bueno para la zona del hígado y vesícula biliar.
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