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Clafoutis para asombrar en nuestras mesas

Este postre, típico de la repostería francesa, destaca por sus intensos sabores y las combinaciones que ofrece. Aunque suele elaborarse con cerezas, admite cualquier otra fruta pequeña, tanto fresca como seca.

Si algo caracteriza a la repostería francesa es su exquisitez y el trabajo que invierte en muchas ocasiones a la hora de elaborar muchos de sus postres. Sin embargo, este estereotipo no se cumple siempre y así pueden encontrarse recetas típicas fáciles de elaborar y con un vistoso resultado. 

El clafoutis es una de ellas. Alcanzó su popularidad por toda Francia en el siglo XIX y, en síntesis, se podría definir como una crema pastelera que se hornea en un molde y sobre la que se coloca fruta fresca. 

Por lo general, este postre tradicional suele elaborarse con cerezas, aunque también pueden usarse otras frutas como las ciruelas o las uvas. El resultado es un dulce de un sabor muy especial, cargado de intensos aromas. Cuando se emplea otro tipo de frutas, como los anteriormente mencionados, higos, manzanas o arándanos, el plato se denomina flaugnarde. 

Receta tradicional

En su receta tradicional con cerezas, éstas se cortan por la mitad y se les quita el hueso, mientras el horno se va precalentando a una temperatura media. Se unta una fuente de horno con mantequilla y se distribuyen las cerezas. 

Por otra parte, en un bol, se baten varios huevos con dos cucharadas de azúcar glass y se añade harina, mezclando todo bien hasta conseguir una preparación homogénea. Se incorpora leche a la mezcla, juntando todo bien, de forma que quede una preparación bastante líquida. Se vierte sobre las cerezas y se pone a cocer en el horno unos veinte minutos. Una vez horneado, se espolvorea con un poco más de azúcar glass y se vuelve a introducir otros quince minutos en el horno, hasta que quede dorado.  Antes de servir en la mesa, conviene dejar que se enfríe o, por lo menos, quede tibio. 

A esta receta se puede añadir harina de almendras al preparar la masa, de forma que ésta se elabore con azúcar, harina y almendras molidas, a los que se añaden huevos previamente batidos, mezclando todo muy bien hasta conseguir una mezcla homogénea. El resto del proceso es el mismo. 

Las cerezas pueden sustituírse por fresas o también por frutos rojos. Si se eligen fresas, se precalienta  el horno, se engrasa el molde y se baten los huevos con el azúcar, añadiendo a continuación leche y un par de cucharadas de kirsch. Se tamiza harina sobre esta mezcla y se bate bien todo hasta conseguir una mezcla homogénea que luego se vierte en el molde. Las fresas se pueden colocar a gusto de cada uno, tanto enteras como en trozos o laminadas. Una vez hecho, también hay que dejarlo enfriar. 

Si se prefieren los frutos rojos, una vez conseguida la mezcla de huevos, harina, azúcar, leche, se rellena el molde con ella y se añaden frambuesas, moras y arándanos. 

El clafoutis también admite ciruelas pasas y una variante es prepararlo con chocolate. Se comienza fundiendo éste con leche y luego se le añaden huevos batidos, azúcar, harina, levadura y nata y se mezcla todo muy bien. Se añaden estas ciruelas secas y un poco de ron y se vierten todos los ingredientes en un molde que, como siempre, se ha untado previamente con mantequilla. Se cuece a temperatura media hasta que esté cuajado y cuando se enfríe se espolvorea con azúcar glass y se sirve frío. 

Variedad salada

Ya se ha dicho que el clafoutis admite una amplia variedad de ingredientes a la hora de elaborarlo. Una propuesta totalmente diferente y no por ello menos sabrosa es preparar una variante salada, a base de tomates cherry y queso de oveja

Se comienza triturando en la batidora ajo pelado, piñones, palitos de pan y un par de cucharadas de aceite hasta conseguir unas migajas gruesas. A continuación, se lavan los tomates, se secan y se les corta la parte superior sin llegar a quitarla del todo, de forma que quede a modo de tapa. Se vacía su contenido y rellena con las migajas que se acaban de triturar. 

Por otra parte, se cogen varios huevos y se separan las claras de las yemas, dejando unas por un lado y otras en otro. En el bol de las yemas se añade queso de oveja picado, una pizca de pimienta y otra de sal y se mezcla bien hasta conseguir una masa homogénea. Después, sin dejar de remover, se añade harina, nata, leche y mostaza. Cuando todo esté bien compactado, se reserva. 

Las claras se baten a punto de nieve y luego se añaden a la mezcla anteriormente preparada, con cuidado y mezclando siempre de arriba abajo. Por último, se untan con mantequilla cuatro moldes individuales, se distribuye la mezcla en ellos y sobre ésta se reparten los tomates cherry. Se meten al horno una media hora y transcurrido este tiempo, se dejan reposar unos minutos antes de servir.

 

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6 de octubre de 2008