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El vino, un tesoro mediterráneo

La tradición y el buen gusto son dos conceptos que caminan de la mano del vino, un producto tan apreciado, como exquisito. Una copa de este tesoro líquido es la perfecta acompañante en una cena de negocios, la mejor combinación con un “pata negra”, o el testigo directo de una romántica velada. Las aportaciones beneficiosas y la amplitud de sus sabores hacen de esta bebida un símbolo de exquisitez, donde el broche de oro lo pone la moderación en su consumo.

La dieta mediterránea siempre se ha señalado por los expertos, los cocineros y amantes de la buena comida, como una de las más ricas y amplias, a nivel mundial. La abundancia de frutas, verduras, legumbres, y pescados azules hacen de esta dieta una de las más sanas y equilibradas que existen. Según han demostrado diversos estudios, los países mediterráneos presentan la incidencia de mortalidad por enfermedades cardiovasculares más baja y una de las esperanzas de vida más altas. El vino se ha considerado, junto con el pan y el aceite de oliva, uno de los elementos esenciales y característicos de la dieta mediterránea.

El consumo de vino es tan actual, como antiguo. La evidencia más antigua del cultivo de la viña se remonta al cuarto milenio antes de Cristo, en Mesopotamia. La elaboración de esta bebida, ligada al dios Baco, fue una práctica corriente en Oriente Medio y parte de China hace 5.000 años. Ya entonces se conocían las propiedades saludables del vino. Los primeros consejos sobre las aplicaciones terapéuticas de este manjar los dieron pensadores como Hipócrates, Aristóteles, Platón o Galeno, que describieron una serie de virtudes y propiedades curativas ligadas al consumo moderado del vino.

Razones saludables

En muchas mesas españolas no falta el vasito de vino a la hora de las comidas. Se trata de algo más que de una rutina culinaria. Hoy en día son varios los estudios que han demostrado los efectos beneficiosos del consumo moderado de vino y cava en la salud, sobre todo en la prevención de enfermedades cardiovasculares.

Los principales responsables de estas patologías son los polifenoles. Estos compuestos, procedentes de la uva, actúan como antioxidantes, modificando los niveles de colesterol. Ayudan a evitar la formación de trombos y la aparición de arterosclerosis, que actualmente es la primera causa de enfermedades coronarias. Debemos aportar mediante la alimentación la cantidad de antioxidantes que el organismo requiere. En este sentido, una dieta como la mediterránea, abundante en frutas y verduras, donde se incluye la ingesta regular y moderada del vino, es altamente beneficiosa.

Malos hábitos

El color, aroma, y el cuerpo del vino son apreciados por muchos. En el lado opuesto encontramos la tendencia actual, en la que los malos hábitos rompen con el equilibrio que aporta la moderación en el disfrute del vino. Hoy en día, bebidas de mayor graduación alcohólica están desbancando la buena costumbre de la “copita de vino”. El impacto de las fuertes bebidas alcohólicas sobre nuestro organismo dista mucho de ser saludable. Las cervezas, cubatas, chupitos llenan las barras de los bares, donde cada vez es más raro ver a una mayoría disfrutando de un buen vino.

La creación de nuevos conceptos como “el botellón”, tampoco ayudan al mantenimiento de la saludable costumbre de las dos copitas de vino al día, que actúan como antioxidante y que siempre son un regalo para el paladar. La considerable oferta vinícola en nuestro país hace que se desarrollen negocios bodegueros, donde ven la luz vinos tintos, blancos, rosados y espumosos. Muchos han hecho de su pasión por el vino un arte y estudian cada una de sus características. En cualquier caso, como bien dice el refrán popular: “A nadie le hace mal el vino, si se bebe con tino”.

 

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