
Las salsas, ese complemento sabroso de los platos que deleita a quienes las degustan, pueden llegar a ser un caballo de batalla para aquellas personas que deben cuidar su alimentación debido a un problema de salud o porque están a régimen. Deben controlar los ingredientes que ingieren pero no tienen por qué renunciar a estos acompañamientos en su dieta cotidiana.
En la actualidad, los porcentajes de personas que padecen obesidad aumentan progresivamente en todo el mundo y con ellos el equivalente de quienes desean poner freno y recuperar su peso originario.
Las salsas, esenciales en la cocina, resultan un obstáculo a superar para aquellos decididos a rebajar sus kilos. Por lo general, las dietas para adelgazar recomiendan comer carnes magras, sin pellejo ni piel y evitar las salsas, especialmente las hechas con harina o la salsa mahonesa. Aún así, hoy en día existen en el mercado mahonesas bajas en calorías que pueden sustituir perfectamente a la casera, generalmente más calórica.
Si resulta difícil renunciar a estos deliciosos acompañantes, pueden utilizarse algunas salsas que incluyen yogur natural desnatado, rebajado con zumo de limón, para añadir a una ensalada, por ejemplo. También se puede probar con salsa de soja, añadiéndole alguna especia o hierba aromática. Cuando vaya a prepararse salsas de leche o bechamel, además del aceite de oliva se puede emplear leche desnatada, y lo mismo para las de queso, que pueden elaborarse con queso parmesano.
Por lo general, es desaconsejable en estos casos comprar salsas comerciales porque pueden contener grasas ocultas. Es preferible cocinar una salsa de tomate natural en casa, a fuego lento y sin aceite, añadiéndole hierbas aromáticas como orégano, tomillo o menta.
Diabéticos, dieta baja en grasas
Los médicos recomiendan que las personas que padecen diabetes procuren evitar las salsas, la harina y las sustancias grasas ya que además, esta enfermedad suele estar asociada al sobrepeso, con lo que hay que controlar las calorías. Por eso, es mejor evitar las salsas que no sean caseras, ya que tienen mucho azúcar añadido.
Sin embargo, existe la posibilidad de elaborar mahonesas dietéticas, a base de queso descremado, mostaza en polvo, una yema de huevo cocida y jugo de limón, o bien mahonesas sin huevo. También pueden ser de remolacha, de soja, licuando este vegetal con zanahorias, pimientos rojos, zumo de limón, ajo picado, aceite y sal hasta conseguir una consistencia cremosa o bien mahonesa vegetal.
Para elaborarla, se hierven primero patatas y zanahorias y se incorporan posteriormente a una licuadora, donde se mezclan con ajo, aceite de oliva, jengibre en polvo, zumo de limón y sal. Después se deja enfriar antes de servir. Otra opción es hacer una salsa de yogurt que se puede echar sobre las ensaladas de verduras con frutos secos.
Celíacos, la intolerancia al gluten
Las personas celíacas son otro colectivo que debe vigilar escrupulosamente los alimentos que ingieren ya que, al no asimilar la proteína de los cereales, podrían padecer lesiones en la mucosa intestinal en caso de digerirlos por error.
Algunos alimentos de consumo tan habitual como los productos de panadería, pastas alimenticias, espesantes, las salsas y otros condimentos utilizan harinas o derivados para su elaboración que, en este caso, deben ser sustituidas por alimentos sin gluten.
Hay que tener en cuenta que, en muchos casos, esta enfermedad va acompañada de una intolerancia a la lactosa, por lo que tampoco se pueden ingerir alimentos que contengan este hidrato de carbono y hay que prestar especial atención a la ingesta de calcio. Esto influye a la hora de espesar salsas, que habitualmente se ligan con harina. Para sustituirla se puede emplear la de maíz o de arroz, que también sirve para hacer pan en casa. Por lo general, deben limitar las grasas de condimentación, como aceites, mantequillas o crema de leche y este grupo engloba también las mahonesas caseras o las salsas elaboradas con huevo, queso y nata u otros ingredientes grasos.
Puede elaborarse una bechamel para celíacos, rehogando harina sin gluten con mantequilla y aceite. También puede sustituirse la harina por Maizena en cuyo caso no se rehoga sino que se disuelve en leche fría para evitar que se formen grumos y se continúa añadiendo leche sin dejar de remover hasta que se consiga el espesor deseado.
Los celíacos deben prestar especial atención a las salsas preparadas y no consumir aquellas cuya elaboración no esté bien controlada. En contrapartida, pueden emplearse los vinos como ingredientes flambeados para hacer más sabrosas recetas de salsas.
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