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Fructosa, naturalmente dulce

Menos calórica que el azúcar y más saludable que los edulcorantes artificiales, la fructosa es un endulzante natural que puedes encontrar como ingrediente de numerosos alimentos, especialmente en dietética.

La fructosa es un azúcar simple o monosacárido que se encuentra naturalmente en frutas, algunos vegetales, el azúcar de caña, las remolachas y la miel. Ésta última, está formada por más de setenta sustancias biológicamente activas, entre las que se encuentran los hidratos de carbono, grupo que incluye la fructosa, la glucosa, sacarosa y otros elementos. Cuanta más fructosa contiene la miel, más endulza y más líquida es la textura que presenta. Un ejemplo es la miel de acacia.

En el mercado son numerosos los productos elaborados en los que puedes encontrar este endulzante, como bebidas refrescantes, ciertos alimentos procesados o productos de repostería. 

Fuente de energía

La fructosa y otros azúcares son carbohidratos y por lo tanto, una importante fuente de energía para el organismo. Su aspecto es muy parecido al del azúcar, granulado y también puedes encontrarlos en forma de edulcorante de mesa, en líquido y fármacos. 

Al tratarse del azúcar de la fruta, su sabor resulta muy agradable y su consumo dietético normal no sólo no es dañino, sino que es aconsejable. Se utiliza como endulzante en muchos alimentos, incluyendo bebidas para bebés y resulta muy indicada para hornear y cocinar, así como en postres o bebidas, tanto frías como calientes.

Este endulzante natural puede ser útil en el caso de aquellas personas que quieren restringir la ingesta de azúcares, controlar el peso o deportistas. La razón estriba en que, si bien su aporte calórico es similar al del azúcar, tan sólo es necesario utilizar una cuarta parte de la cantidad que habitualmente se consume de azúcar para conseguir el mismo dulzor. 

En el mercado existen también mermeladas con fructosa que, a diferencia de las tradicionales, sustituyen la sacarosa por este otro endulzante y pueden ser consumidas por personas diabéticas. Incluso se comercializan bajas en calorías, con una menor cantidad de fructosa en su composición y cuyo aporte calórico es inferior. 

Recomendada a diabéticos

La fructosa se considera mejor fuente de energía que la glucosa porque se absorbe más lentamente en el intestino. De esta forma se evita que se produzca una liberación rápida de insulina que pueda provocar hipoglucemia, algo que ocurre con la glucosa. Por otra parte, al tratarse de un endulzante procedente de las frutas, éstas también aportan fibra, que ralentiza la digestión. 

Su índice glicémico es muy bajo, en torno a 20, lo que significa que produce escasos efectos en el nivel de glucosa en la sangre y no estimula la secreción de insulina. Por estas razones, en ocasiones se recomienda a pacientes diabéticos, ya que resulta más fácil controlar el nivel de glucosa de los diabéticos que consumen fructosa que el de aquellos que consumen féculas o sacarosa. 

El azúcar refinado se absorbe al momento y produce, de manera instantánea, una subida y una bajada rápida de energía. Sin embargo, la fructosa se metaboliza y queda guardada, en parte, por el hígado en forma de glucógeno. 

Si se consume en grandes cantidades, puede incrementar los niveles de triglicéridos y de LDL-colesterol, aunque no hay motivos para restringir la ingesta de aquellos alimentos que la contienen de forma natural. Conviene, eso sí, que quienes padezcan problemas de colesterol moderen su consumo. 

Ocasionalmente, pueden producirse casos de intolerancia a la fructosa en los que su ingesta puede ocasionar una hipoglucemia profunda (niveles bajos de azúcar en sangre) y afectar al hígado. 

 

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