Recetas de cocina, alimentacion y nutricion, coleccionismo, calefaccion, bricolaje, muebles... Repsol.com

Repsol YPF

lblLogoRepsol

Ruta

Estoy en: Inicio > Casa y Hogar >
La botella, resultado de estudios y estética
botella80__124351.jpg

Aunque sólo se vea como el envase que permite transportar y comercializar el vino, la botella forma parte activa en la creación y desarrollo de éste. La longevidad de un vino viene dada por la fase final de su elaboración, la que corresponde al embotellado, y es que es imposible garantizar las condiciones de un vino que no esté guardado en botella.

En la antigüedad, el vino se conservaba en ánforas de barro que dificultaban tanto su transporte como la posibilidad de guardarlo.  En la Edad Media y hasta el siglo XVII, era común utilizar jarras de loza, de madera e incluso envases de piel para contenerlo, pero fue el descubrimiento del cristal soplado lo que dio pie a la comercialización en botella a partir del siglo XVII.  
Sin embargo, su coste de producción resultaba desorbitado y su diseño esférico y de cuello alargado hacía imposible mantenerlas en horizontal y mantener el vino en contacto con el corcho. Otra característica era que el cristal de aquella época no era totalmente transparente y contenía impurezas que, por otra parte, favorecían el guardar el vino, ya que lo protegían levemente de la luz.
 
Con el paso de los siglos y después de variar numerosas veces su apariencia, en los siglos XVII y XVIII comenzaron a estilizarse. En esta época hizo también su aparición el corcho, lo que también contribuyó a variar el formato de la propia botella, que fue evolucionando hasta el formato cilíndrico que hoy en día se conoce, con cuello más largo.
 
El cristal es, sin duda, el mejor medio para conservar las cualidades e un vino durante largo tiempo, porque el vidrio es un material inalterable, que no transfiere ningún tipo de aroma o sabor . La estancia en este envase influye de manera activa en su envejecimiento, a través del fenómeno de la reducción o asfixia, consecuencia del cual se consigue el desarrollo del deseado bouquet. Dependiendo del tipo de vino y del envejecimiento previo que haya tenido en madera, su evolución en botella será diferente.
 
Color y tamaño
La transparencia de una botella, su forma y color no son criterios estéticos sino que obedecen a estudios enológicos. Los vidrios de consumo inmediato se presentan en cristal transparente, pero los destinados a envejecer se colocan en botellas de color verde o incluso negro. La luz solar, especialmente los rayos ultravioletas, pueden alterar la correcta conservación del vino, porque éste reacciona químicamente a la luz y esta reacción puede tener efectos en el color e incluso en el sabor. Los vidrios verdes o violetas detienen parte de las radiaciones solares y protegen al vino de la luz, incluso en ocasiones se aumenta el grosor del vidrio, cuando se busca una mayor calidad en el proceso de envejecimiento. Además, la bodega para conservar vino debe ser lo más oscura posible, con una luz dispersa e indirecta  y evitando los fluorescentes.
 
De igual manera, la calidad final del vino o bien sus características específicas llevan a la elección del tipo de botella. Los envases habituales tienen una capacidad de 75 cl., aunque también son comunes las medias botellas de 35 cl. y los formatos Mágnum de 15 litros.
 
Las botellas Magnum, al tener más capacidad, hacen que la evolución del vino en su interior sea más lenta y pausada. Esto posibilita que se logre una gran uniformidad y estabilización e incluso se consiga que la duración del vino sea mayor, debido a que la relación entre cantidad de oxigeno y vino de la botella es la mejor de las posibles. Otra de sus ventajas está en la restauración. En los últimos años se está poniendo de moda en los restaurantes la presencia de esta medida de recipiente en la mesa, ya que su tamaño es la medida perfecta cuando un mayor número de comensales quiere degustar un solo vino y así evitan abrir varias botellas.
 
Otros tamaños que también se emplean con frecuencia son el Doble Mágnum, con capacidad para 3 litros, el Jeroboam de 45, el Matusalem de 6 e incluso un espectacular recipiente conocido como Nabucodonosor, con capacidad para 15 litros.  Sin embargo, todas estas denominaciones suelen cambiar con respecto al vino que contienen y así, por ejemplo, un Jeroboam de Champagne tiene una capacidad de 3 litros, mientras que uno de tinto de Burdeos mantiene el contenido de cuatro litros y medio.
 
Estética local en la forma
Las formas de las botellas actuales tienen un carácter altamente estético, con el fin de identificarlas con una zona específica o un tipo de vino. En función de la zona vinícola se encuentran tanto para tintos como para blancos - formatos  Borgoña y Ródano, con botellas rematadas en punta, fabricadas con vidrio verde. En Burdeos, son envases rectos y de hombros altos, incoloros para los blancos y verdes para los tintos.
 
Como en otros terrenos, los formatos de botellas admiten cientos de variantes, desde los clásicos Chianti, con paja rodeando el cristal, hasta la botella de vidrio grueso de los vinos espumosos, pasando por la característica del Oporto, recta y con hombros altos.
 
Las últimas tendencias apuntan a ciertas novedades como son un mayor grosor en el vidrio y decantarse por el uso del color negro en los vidrios.
 
 
Las copas para degustar el vino