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Vestir los suelos
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Con la bajada de las temperaturas, las alfombras cobran el protagonismo perdido durante los meses estivales y se convierten en el centro decorativo de las entradas, salones y dormitorios. Vestir los suelos y proporcionar calidez al entorno son las funciones principales de una buena alfombra, pero si además puede competir con otros elementos de la estancia por la originalidad de sus diseños y por la calidad de sus materiales, se tratará, sin duda, de una pieza única y artesanal.

 

Actualmente, el consumidor está de suerte en esta parcela textil, pues desde hace un par de décadas la oferta se ha ampliado, mejorado y diversificado de forma importante. La irrupción de nuevos materiales, como las fibras vegetales, y la apuesta de algunos diseñadores, como Nani Marquina, han contribuido a dinamizar el sector y a situarlo en un rango más elevado dentro del epígrafe de la decoración.

 

Las mejores alfombras son las fabricadas a mano con tejidos de calidad, piezas trabajadas con mimo, rigor, escrupulosidad, paciencia y sensibilidad para acariciar el cuerpo y el espíritu de quien vaya a disfrutarlas. En segundo plano se sitúan otros criterios vinculados con el gusto personal del usuario, como la procedencia, el colorido, el estilo o el formato de la alfombra. Las tendencias son muy variadas y permiten la convivencia del clásico modelo persa con el formato circular y colorista que propone Marquina en algunas de sus colecciones.

 

Sin embargo, el concepto que realmente ha marcado la diferencia entre las tradicionales y las nuevas generaciones de alfombras es la simplicidad del diseño. Ahora se llevan las piezas sencillas, limpias y austeras, en contraposición a las propuestas clásicas con dibujos laberínticos, complicados y repetitivos, muy adecuadas para ambientes conservadores pero poco apropiadas en entornos modernos y minimalistas.

 

Las fibras vegetales

Procedentes de países asiáticos, africanos y sudamericanos, las fibras vegetales son cada vez más conocidas y utilizadas en Europa, donde se empiezan a apreciar sus ventajas en cuanto a resistencia, mantenimiento y respeto al medio ambiente.

 

El sisal, el junco de mar, el yute, el bambú, el papel y el coco se emplean en la creación de moquetas, alfombras y otros elementos textiles, pero su comportamiento y su adaptación a los distintos usos varía en virtud del tipo de fibra. El primero se obtiene de la hoja del Agave sisalana, planta que crece en Brasil, Tanzania, México y otros países de Centroamérica. Compone superficies compactas, lisas y suaves, por lo que resulta perfecto para el dormitorio.

 

El junco de mar o seagrass proviene de China y crece en las desembocaduras de sus ríos, junto al mar. Necesita ciertas condiciones de humedad, por lo que en ambientes excesivamente secos conviene instalar un humidificador. Admite muy bien los tintes y las mezclas con otras fibras, y puede colocarse en cualquier habitación.

 

El yute se encuentra en India, China y Bangladesh, y ofrece un amplio abanico de colores naturales. Tolera los tintes y se adapta mejor en entornos poco húmedos. El bambú es originario de América, África, Asia y Oceanía. Sus tablillas, de diferentes anchos, componen alfombras muy delicadas que habitualmente suelen ir ribeteadas de piel vuelta, tela o cuero. Esta fibra se utiliza en su color natural o teñida y va bien en cualquier zona de la casa.

 

El coco procede de India y Sri Lanka. Es un material muy resistente y perfecto para entradas y pasillos, pues sus hilos algo punzantes lo convierten en inapropiado para salones y dormitorios. El papel se utiliza mucho en Finlandia, desde donde se ha introducido a otros países europeos. Se combina con otros materiales, como el algodón, creando propuestas muy interesantes y originales. 

 

Limpieza y mantenimiento

Al estar fabricadas con materiales naturales, ya sea lana, algodón o fibras vegetales, las alfombras son muy sensibles al paso del tiempo y a los cambios de temperatura, por lo que resulta imprescindible girarlas cada cuatro meses para que el desgaste se produzca de manera uniforme.

 

Antes de colocarlas sobre el suelo, es recomendable poner debajo de ellas una alfombrilla de rejilla antideslizante, de forma que fijen bien al pavimento sin perjudicarlo. La limpieza habitual debe realizarse con aspiradora, y ante la caída de algún líquido conviene actuar de inmediato pasando un paño seco que absorba el vertido, pero nunca hay que frotar a conciencia sobre la zona dañada pues se potencia la penetración del líquido en el tejido.

 

Durante el verano, pueden recogerse y guardarse en lugares sombreados para que no sufran perjuicios por efectos del calor. Con la vuelta del otoño, deben airearse durante un par de días, cepillarse con suavidad y colocarse nuevamente en el lugar oportuno.

 

Si se encarga la limpieza a una empresa especializada en alfombras, siempre habrá que aclarar el tipo de material con el que está fabricada la pieza, ya que existen productos tóxicos para algunas fibras naturales concretas.