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“La hora de la verdad empieza en octavos”

Pocas personas son más idóneas para opinar sobre las posibilidades argentinas en el Mundial que Jorge Burruchaga, autor del gol del triunfo en la final de México ‘86

De los muchos directores técnicos que surgieron de los campeones mundiales del ’86, Jorge Burruchaga es, sin lugar a dudas, uno de los más exitosos. De hecho, es el único que en la actualidad dirige en primera división de la Argentina. Si sumamos a ello su experiencia en dos Copas del Mundo y su amistad con Diego Maradona, su opinión es más que autorizada para referirse a la actualidad del seleccionado argentino de cara a Sudáfrica 2010.

“La Argentina se va a clasificar, porque le tocó un grupo accesible, pero la hora de la verdad empieza en octavos de final”, vaticinó el DT de Arsenal en exclusiva para ypf.com. “Indudablemente siempre van a aparecer los equipos sorpresa, creo que los africanos pueden ser alguno de ellos, pero las grandes potencias van a estar a la altura de las circunstancias”. Burruchaga realizó un profundo análisis de las chances argentinas y habló también de los rivales de la Argentina: Nigeria (el 12 de junio), Corea del Sur (el 17) y Grecia (el 22).

Amigo de Diego Maradona, contó anécdotas del Diez cuando ambos integraban el mítico seleccionado argentino que conquistó por última vez un título mundial, en México ‘86. Fue el 29 de junio en la apasionante final jugada en el estadio Azteca cuando el equipo dirigido por Carlos Salvador Bilardo logró la corona mundial al vencer a Alemania por 3 a 2, con un gol de Burru a falta de 10 minutos.

“Fue tan grande la felicidad por ese gol, que siempre se me hizo difícil expresarlo. Sólo recuerdo que cuando volvía a la mitad de la cancha, Jorge Valdano, me decía: ‘Ahora sí, somos campeones del mundo’, y me abrazaba. Fue una sensación única, indescriptible. Se me caían las lágrimas, me temblaba todo el cuerpo. Recuerdo que me arrodillé mirando al cielo y agradecí. Después de unos días, empecé a disfrutar del título, cuando ya me había pasado el nerviosismo por estar en esa final”, cuenta conmovido.

Nacido el 9 de febrero de 1962, en Gualeguay, Entre Ríos, Burruchaga vivió su infancia en Quilmes, donde fue vendedor de diarios y heladero, “para ayudar a la economía familiar”. Pese a que sus padres Martín y Catalina trabajaban arduamente para llevar el sustento a la mesa familiar integrada por él y once hermanos, desde niño supo que debía bregar por sus seres queridos.

“Mi padre, murió a los 55 años, en 1977. No quería que yo jugara al fútbol; mamá, sí. Por eso, cuando le hice el gol a los alemanes, me arrodillé, miré al cielo, y pensé en mi viejo. ¡Tenía un hijo campeón! Y sentí en mi corazón la felicidad de mi mamá, que siempre hizo todo lo posible para que yo pudiera jugar. Ese día fue inolvidable para mí. ¡Que recuerdo! Todavía me emociono. Es que a veces hay situaciones que son inolvidables, que a uno lo marcan a fuego”, afirma.

Burruchaga comenzó a jugar al fútbol a los diez años, en los potreros de Quilmes, en un club que se llamaba La Academia, que participaba de un torneo que organizaba la Policía Federal. Allí lo observaron los dirigentes de River y se lo llevaron para jugar en las inferiores. Cuando llegó a la octava, lo dejaron libre. Merced a los buenos oficios de Héctor Grondona, se incorporó a Arsenal de Sarandí, donde jugó primero de líbero y luego como cuarto volante. En 1982 viajó con el plantel de Independiente a Mar del Plata para una prueba y el técnico Miguel Ángel López autorizó su ingreso.

Debutó el 12 de febrero de 1982 , en un triunfo 4 a 1 a Estudiantes de Santiago del Estero. Poco después, ante Unión San Vicente de Córdoba, marcó su primer gol -de penal- a los 40 minutos de la etapa inicial, en un triunfo por 3 a 2.

Fue campeón con Independiente del torneo Metropolitano de 1983, de la Copa Libertadores de América de 1984 (donde también conquistó el gol del triunfo ante Gremio de Porto Alegre) y obtuvo la Copa Intercontinental ese mismo año. Luego de su paso por el Nantes, de Francia, regresó a Independiente y conquistó la Supercopa y la Recopa, ambas en 1995.

-¿Cómo ves el grupo que le tocó a la Argentina en el Mmundial de Sudáfrica? 

-Pienso que es un grupo accesible. La Argentina, por potencial, historia y jugadores, está para hacer un buen Mundial y los rivales de la primera fase son accesibles. Pero los partidos hay que jugarlos, más en un torneo como éste, donde no hay que confiarse. Las potencias, como la Argentina, Brasil, Italia, Alemania, van a estar a la altura de las circunstancias. Después no veo en el segundo grupo de los europeos -más allá de lo que pueda hacer Portugal o una Francia venida a menos- un equipo que pueda dar la sorpresa. Ojalá que la Argentina, con este tiempo de trabajo que tendrá por delante, pueda confirmar todo lo bueno que tenemos, no sólo en jugadores, sino en el cuerpo técnico. Tenemos todos la ilusión, después de haber jugado una eliminatoria tormentosa, que la Argentina vuelva a ser protagonista. El Mundial es la gloria. Más allá de los millones que se ganan o del status económico, acá se va por ser campeón del mundo y quedar en la historia. Ningún jugador va a ir por otra cosa que no sea por la gloria deportiva.

-¿Se podría hacer una comparación entre los mundiales que jugaste y éste?

-Las competencias previas al Mundial del ‘86 no eran tan largas, tan exigentes como ahora. En el caso nuestro llegamos un mes antes a México, y hoy quizás nuestra selección llegue a Sudáfrica 15 o 20 días antes. Entonces, sobre el final de la competencia, la cantidad de partidos que un equipo acumule será importante en cuanto al desgaste físico. Después estará en Diego calibrar bien a aquellos que han jugado más que otros y ponerlo al servicio del equipo. Creo que eso va a ser lo más difícil para él y su gente. Jugar un Mundial es el sueño de todo futbolista y cuando se está ahí la motivación es grandísima.

-¿Qué análisis hacés de los rivales?

-Nigeria, dentro del grupo de países africanos, creo que ha bajado un poquito el nivel, aunque tendrá a su favor que va a jugar en un territorio conocido y eso pesa en la cancha. Corea del Sur sabemos que tiene un buen estado físico, que sus jugadores corren mucho, tienen predisposición a la marca; por ahí son demasiados esquemáticos pero han mejorado técnicamente. Y Grecia es fuerte físicamente, no tiene un gran fútbol técnicamente, está lejos de aquel equipo que fue campeón de Europa, pero ha ganado su derecho en buena ley. Después veremos, ya en la segunda parte del torneo, cuando nos crucemos con el Grupo A (Sudáfrica, México, Uruguay y Francia) qué es lo que nos depara el destino. La Argentina se va a clasificar pero en los octavos empieza la hora de la verdad.

-Jugaste con Diego Maradona, un personaje mundial ¿Qué anécdotas rescatás que hayas protagonizado con él?

-Diego es un tipo excepcional. Fui su compañero en varias concentraciones, compartíamos la habitación. Era ordenado, prolijo y yo bastante despelotado. No sé si fui su compañero ideal dentro de la cancha, pero sí le tenía un respeto enorme. La suerte que nosotros tuvimos es que Diego estuvo en su máximo esplendor en México. El quería ser el número uno y en ese Mundial lo logró. Todo lo que influyó él en el equipo, fue tremendo. No sólo como gestor de jugadas, sino también como capitán. En los entrenamientos hacía cosas maravillosas. Diego fue, es y será un grande. Anécdotas tengo un montón pero me quedo con ésta: una vez fuimos a jugar un amistoso en Suiza. En el aeropuerto de Zurich apareció un chico argentino y le dice: ‘Diego, Diego, un autógrafo’. Él se lo firma y el pibe, insiste: ‘Y también quiero uno de Burruchaga’. ¡El chico no me conocía y yo estaba al lado suyo! Entonces, Diego le dice: ‘¿Para qué? Ese no existe. ¡Es de madera! Mirá, acá a mi lado está Norberto Outes ¿Querés que él te firme un autógrafo?’ Y el pibe, le dijo que sí. Entonces yo agarré y le firmé, pero aclarando bien grande que me llamaba Bu-rru-cha-ga. Diego se moría de la risa y me cargó todo el viaje.



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