Edad Antigua
Los griegos fueron los primeros meteorólogos (Siglo VII AC). Tales de Mileto asoció el tiempo con el movimiento de las estrellas y los planetas. Consideraba que el agua era el elemento básico de la materia. Hipócrates escribió sobre la polución del aire y Anaximandro pensaba que el viento era aire en movimiento. Esta idea fue posteriormente refutada por Aristóteles, quien aparentemente acuñó el término “meteorología”, en el 340 AC., cuando escribió un libro sobre filosofía natural llamado “Meteorologica”. En esa época toda partícula que cayera del cielo o estuviera suspendida en la atmósfera, era denominada un meteoro. Este trabajo presentó el conocimiento filosófico de la atmósfera de la época, incluyendo temas tales como nubes, neblina, lluvia, nieve, viento, granizo, rayos, truenos, y los cambios climáticos. Además, trababa otros temas, como astronomía, geografía y química.
Hoy en día, el término “meteoro” se reserva a los meteoritos extraterrestres y llamamos “hidrometeoros” a las partículas de agua o hielo en la atmósfera. Muchas de las premisas incluidas en Meteorologica eran erróneas, pero la mayor parte de las ideas originales de Aristóteles no fueron refutadas hasta el siglo XVII. Hasta ese momento, el método dominante para el estudio de los fenómenos meteorológicos era la simple observación. Aun en la Biblia hay referencias al pronóstico del tiempo. En el Libro de Mateo, Jesús les dice a los líderes religiosos del Siglo I, “Podrán interpretar la apariencia del cielo, pero no podrán interpretar el signo de los tiempos que vendrán.’