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La variabilidad natural del clima a menudo produce extremos en el estado del tiempo. A lo largo de los 10.000 años de historia de la humanidad, los patrones climáticos se han mantenido relativamente estables. Sin embargo, esto no significa que no hayan ocurrido inundaciones, sequías, tormentas y otros fenómenos meteorológicos extremos, los cuales siempre han estado presentes. De hecho, periódicamente, todas las regiones del mundo experimentan extremos meteorológicos. Éstos son fenómenos que alcanzan valores extremos de acuerdo a los parámetros históricos; fenómenos especialmente severos o fuera de estación. Los fenómenos meteorológicos severos son condiciones del tiempo que implican peligro.

Entonces, un extremo meteorológico es toda desviación significativa del estado normal del tiempo, independientemente de su impacto real sobre la vida u otro aspecto de la ecología de la Tierra. Cuando un extremo meteorológico tiene un impacto adverso sobre el bienestar de las personas, se considera un desastre meteorológico, que puede definirse como un evento no previsto y a menudo súbito, que causa grandes daños, destrucción y sufrimiento humano. La combinación de tiempo extremo y una alta densidad de población han llevado a severas catástrofes meteorológicas.

Cuando se hizo referencia al clima futuro, se dijo que el clima está cambiando en forma más acentuada y rápida de lo que debería, debido a la acción del hombre. Toda variación de los promedios meteorológicos, inevitablemente resulta en un cambio en la frecuencia de los eventos extremos. Por ejemplo, un evento que ocurre una vez cada 100 años puede convertirse en un evento que ocurre cada 10 años, en tanto que los eventos que ocurren cada 10 años pueden pasar a tener una frecuencia de una vez cada 3 años. La frecuencia de los informes anunciando eventos que rompen las marcas récord existentes puede significar que los extremos meteorológicos se estén volviendo más comunes, pero los investigadores afirman que no existe evidencia científica de que la frecuencia de los eventos meteorológicos extremos haya aumentado, dada la variabilidad natural del tiempo, ya mencionada. Sin embargo, solamente como ejemplo, el número de desastres asociados con el tiempo que se produjeron durante los años 90, fue cuatro veces mayor que el de los años 50. En 1975, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) registró 75 desastres, 150 en 1982, 225 en 1994 y 546 en el año 2000. Un informe reciente de la ONU, elaborado para la Conferencia Mundial de Reducción de Desastres, llevada a cabo en enero de 2005, en Kobe, Japón, estimó que entre 1994 y 2003, murieron 609.638 personas en catástrofes naturales y por lo menos 2.700 millones se vieron afectadas, duplicando la cifra de la década anterior. Las pérdidas económicas se calculan en 630.000 millones de dólares americanos, sin tomar en cuenta los daños producidos por el tsunami ocurrido en Indonesia en los últimos días de Diciembre del 2004.

Esto puede representar una mera coincidencia, pero es posible que esté relacionado con los cambios meteorológicos inducidos por el hombre. El mismo grupo de especialistas piensa que la explicación más probable para este tipo de desastres es que la creciente vulnerabilidad humana con respecto a los extremos meteorológicos, especialmente en los países en desarrollo, está transformando los eventos meteorológicos extremos en desastres meteorológicos. La revolución en las comunicaciones ha hecho, además, que las personas estén más conscientes de la existencia de los eventos extremos y de su impacto.

De todas maneras, lo cierto es que cualquier cambio climático va a afectar a la sociedad mucho más por vía de los eventos meteorológicos extremos, que mediante sutiles cambios en los promedios climáticos.

Existe gran variedad de calamidades meteorológicas que causan un gran impacto en la población, determinan la relación de las personas con la atmósfera y promueven la profundización de las investigaciones para aumentar nuestra comprensión de los fenómenos meteorológicos. Los desastres nos recuerdan nuestra fragilidad frente a las poderosas fuerzas de la naturaleza, pero la posibilidad de predecirlos y, por lo tanto de salvar vidas, es una prueba de los avances sorprendentes que se han logrado.

Algunos ejemplos de desastres incluyen: sequías, olas de calor, tormentas, ventiscas, granizo, ciclones árticos, monzones, tornados, ciclones tropicales (huracanes, tifones o “ciclones”), tsunamis, inundaciones, incendios forestales, avalanchas, derechos y deslizamientos de tierra.

A continuación, ofrecemos una lista razonablemente vasta de desastres meteorológicos mundiales, seleccionados según diferentes criterios, siendo los tres principales el número de víctimas fatales, las pérdidas económicas y la peculiaridad del fenómeno ocurrido. Los eventos que están en naranja, se consideran los principales desastres meteorológicos globales, o bien por el número de víctimas que causaron o por su impacto en el bienestar humano (tomando también en consideración las condiciones de vulnerabilidad del área afectada).

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