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Cáncer de piel

Es la forma más común de cáncer en humanos. Desde la aparición del agujero de ozono sobre la Antártida a principios de los 80, nos hemos dado cuenta de la amenaza que representa para la salud la disminución del ozono, que reduce la protección natural de nuestra atmósfera de los rayos dañinos ultravioletas (UV) del sol.

La incidencia de cáncer de piel ha llegado a proporciones epidémicas. En España por ejemplo, cerca de la mitad de los casos de cánceres registrados son de relación dermatológica. En Estados Unidos, uno de cada cinco americanos sufrirá de cáncer de piel en algún momento de su vida; muere un americano por hora de esta severa enfermedad.

Las dos formas más comunes de cáncer de piel son el carcinoma de célula basal y el carcinoma de célula escamosa. Juntos, estos dos tipos son también llamados cáncer de piel no-melanoma. Los cánceres de piel no-melanoma son menos mortíferos que los melanomas. Aún así, si no son tratados, pueden extenderse, causando desfiguramiento y otros problemas de salud más serios. La clave es mantenerse alerta a los signos y solicitar tratamiento médico. El carcinoma de célula basal normalmente aparece como pequeños bultos o nódulos carnosos en la cabeza y la nuca, pero pueden ocurrir en otras áreas de la piel. Crece lentamente y raramente se extiende a otras partes del cuerpo. Sin embargo, puede penetrar hasta el hueso y causar un daño considerable. El carcinoma de célula escamosa es un tumor que puede aparecer como nódulos o como zonas rojas y escamosas. Este cáncer puede transformarse en masas de gran tamaño y a diferencia del anterior, puede extenderse a otras partes del cuerpo. El melanoma es en general la forma más seria de cáncer de piel porque tiende a extenderse (metástasis) rápidamente por el cuerpo. Muchos dermatólogos creen que puede haber una conexión entre las quemaduras de sol en la niñez y el desarrollo de melanoma más adelante.

Otros problemas de piel relacionados con los UV son las queratosis actínicas y el envejecimiento prematuro de la piel. Las queratosis actínicas son crecimientos de la piel que ocurren en zonas del cuerpo expuestas al sol. La cara, las manos, los antebrazos y la nuca son especialmente susceptibles a este tipo de lesión. Aunque son pre-malignas, las queratosis actínicas son un factor de riesgo para el carcinoma de célula escamosa. La exposición crónica al sol causa también envejecimiento prematuro, el cual con el tiempo puede llevar al engrosamiento de la piel, la aparición de arrugas y darle una apariencia de “cuero”. Con protección UV adecuada se puede evitar en gran medida el envejecimiento prematuro de la piel. Evitar la exposición al sol es la mejor manera de que las personas susceptibles disminuyan el riesgo de todos los tipos de cáncer. El auto examen y el examen físico regular son recomendables para las personas con mayor riesgo. Las personas que ya han tenido algún tipo de cáncer de piel deberían hacerse exámenes médicos regulares. Las técnicas preventivas incluyen:

• Limitar la exposición al sol con fines recreativos.

• Evitar la exposición al sol sin protección entre las 10:00 y las 16:00 horas.

• Usar sombreros de ala ancha y ropa protectora de tejido compacto para las salidas al sol.

• Usar regularmente una pantalla solar a prueba de agua con protección UVA y un SPF número 30 o más alto.

La exposición a los UV puede causar otros problemas de salud, además del cáncer, tal como una enfermedad crónica a la vista, agravada por el daño acumulativo de la exposición repetida a los UV. Los rayos UV pueden dañar la córnea--la parte transparente del frente del ojo. Se recomienda especialmente el uso de anteojos de sol con protección UV, a cualquier edad.

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