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El Niño y la Niña

El Niño y la Niña

Aunque su historia se remonta al menos al año 1500, solo para fines de 1990 la mayor parte de la población mundial había oído hablar de la existencia de “El Niño”, un fenómeno extraño y poderoso que causaba mal tiempo a millas de distancia de donde se daba. El término “El Niño” fue acuñado por pescadores peruanos, para bautizar un evento que ocurría a lo largo de sus costas, próximo a Navidad (su nombre es en referencia al Niño Jesús).

Corrientes oceánicas cálidas invadían esas aguas costeras normalmente frías, disminuyendo la población piscícola. Al mismo tiempo, lluvias torrenciales castigaban las regiones costeras de Ecuador y el norte de Perú. A veces duraba uno o dos meses, pero a menudo varios.

Actualmente se sabe que este calentamiento puede hacerse sentir en cualquier época del año, no necesariamente comenzando en diciembre y que estos episodios cíclicos son parte de un fenómeno a escala planetaria, nacido de interacciones combinadas de las circulaciones oceánico-atmosféricas, a lo largo de una amplia zona del Pacífico Ecuatorial (la Oscilación del Sur).

Se reconoce actualmente la conexión entre este aumento significativo de la Temperatura Superficial del Mar (TSM) en el Pacífico ecuatorial oriental y central (“El Niño”, una corriente estacional cálida que se desplaza de norte a sur a lo largo de las costas de Ecuador y Perú) y la Oscilación del Sur, naciendo la denominación El Niño u Oscilación del Sur (ENOS). El ENOS, consta de dos fases: Una fase cálida, conocida como “El Niño” y una fase fría conocida como “La Niña”. Estos ciclos están referidos a las temperaturas superficiales y sub-superficiales del océano Pacífico Ecuatorial.

Además de las diferencias de temperatura, existe otro factor denominado Índice de la Oscilación del Sur, que veremos seguidamente.

El ENOS es probablemente el ejemplo más complejo de interacción entre la atmósfera y los océanos. Para comprenderlo, es necesario saber qué es la Circulación Walker, llamada así en honor a Gibert Walker, un científico británico que trabajó para el Imperio en India en los años 20, quien originalmente definió la Oscilación del Sur como un “balancín” en el nivel de presión marina, con un polo en el Pacífico oriental y otro en la región Pacífico-Índico oriental. Asociada con un patrón de anomalías atmosféricas de circulación, temperatura y precipitación, la circulación Walker describe lo que llamaremos “condiciones normales” que se ven alteradas durante los episodios de “El Niño” y de su contraparte “La Niña”.

Bajo condiciones normales, las altas presiones en el Pacífico Ecuatorial oriental, promueven los vientos alisios que soplan de este a oeste y hacen que el agua cálida superficial se acumule en el Pacífico occidental, creando lo que se conoce como “piscina cálida”. El aire cálido e inestable sobre ella produce la formación de nubes convectivas y grandes volúmenes de lluvia sobre el Pacífico occidental.

Mientras tanto en el este, o sea sobre las costas de Ecuador y Perú, el aire que volvió con los vientos prevalecientes del oeste, se hunde (completando la célula Walker) y permitiendo el surgimiento de aguas frías profundas, muy ricas en nutrientes para las poblaciones de peces, lo que finalmente redunda en condiciones frescas y secas.

De este modo, el océano mantiene la diferencia de temperatura (más frío en el este, más cálido en el oeste del Pacífico Ecuatorial) que a su vez impulsa a los vientos.

En realidad esta no es una situación permanente. Eventualmente, a intervalos de tres a siete años, y por razones aún no completamente comprendidas, “El Niño” aparece en escena. El área de alta presión del Pacífico Sur, que controla las condiciones en el Pacífico Ecuatorial oriental, se debilita; el patrón de presión se revierte, siendo más alta en el lado oeste de la piscina cálida. En respuesta al área de alta presión debilitada, los vientos alisios también se atenúan, a veces hasta su desaparición, y son reemplazados por una fuerza de viento del oeste, la cual trae consigo nubosidad y precipitaciones, haciendo que la piscina cálida se desplace hacia el este. Típicamente, un episodio de “El Niño” dura varios meses, pero los que han ocurrido últimamente han sido mucho más prolongados.

Resumiendo, el ciclo ENOS consiste en una oscilación entre una fase cálida (“El Niño”) y una fase fría (“La Niña”) que se mantiene principalmente a través de un calentamiento o un enfriamiento anormal de la temperatura superficial del mar en el Océano Pacífico ecuatorial central y oriental.

Se desarrolla en forma aperiódica y en una escala de tiempo mayor que la corriente de “El Niño”, ya que su aparición se presenta a intervalos irregulares que oscilan entre 3 y 7 años.


Efectos atmosféricos generales de “El Niño”:

1) Debilitamiento de los vientos en las zonas de los alisios.

2) Condiciones más húmedas de lo normal en el Pacífico Oriental y la costa oeste de América del Sur tropical.

3) Más cálido de lo normal en el Pacífico Oriental y la costa oeste de América del Sur tropical.

4) Condiciones más secas y frescas que el promedio normal en el Pacífico Occidental y el sudeste asiático.


Efectos extremos de “El Niño”:

1) Probable sequía en el sudeste asiático que puede llevar a la destrucción de plantaciones y al aumento de las probabilidades de incendios forestales en las áreas de selva tropical.

2) Desplazamiento hacia el este de las áreas de actividad ciclónica tropical extrema, alejándose de Asia.

3) En dirección este, las condiciones para la génesis de ciclones tropicales pueden tornarse más favorables debido a las TSM en el este y centro del Pacífico.


“El Niño” afecta las corrientes en chorro, que son cruciales para el movimiento de los sistemas de tormenta de las latitudes medias. Los cambios en los vientos hacen que las tormentas sean re-dirigidas, desencadenando fuertes lluvias en California, Perú y Ecuador, en tanto que el nordeste de Brasil sufre un severo déficit de humedad e Indonesia y Australia enfrentan sequías.

La fuerza de “El Niño” varía dentro de una escala de tiempo muy irregular de aproximadamente 10 a 30 años. Cuando es especialmente fuerte, sus efectos pueden llegar muy al norte, hasta California. Los episodios de “El Niño” en los años 40 fueron fuertes, seguidos de muchas décadas de episodios débiles, pero en los 80 y los 90, fueron muy fuertes nuevamente.

Una vez que “El Niño” finaliza y las condiciones vuelven a la normalidad, la presión aumenta en el este del Océano Pacífico. Es posible que este cambio llegue hasta el extremo opuesto, fenómeno conocido como “La Niña“, que se produce cuando la presión a nivel del mar en el Pacífico oriental se vuelve significativamente más alta de lo normal y en las áreas del oeste ocurre justamente lo opuesto, la presión se ubica por debajo de su marca normal.

Este patrón resulta en fuertes lluvias sobre Australia y Nueva Guinea, mientras que la costa este de Sudamérica se torna especialmente seca. De hecho “La Niña”, es una exageración de las condiciones normales.

Durante “La Niña”, los vientos alisios son particularmente intensos por lo que la piscina cálida en el oeste del Pacífico y el agua fría en el centro y este del Pacífico, se presentan sumamente desarrollados. El nivel del mar es especialmente alto en el Pacífico occidental, donde la lluvia es intensa, mientras, en el Pacífico oriental las precipitaciones son muy escasas. En general, las condiciones meteorológicas de “La Niña” son menos extremas que las de “El Niño”.

El Índice de Oscilación del Sur (IOS) es la medida de la diferencia promedio mensual en la presión a nivel del mar entre Tahití y Darwin en Australia. Proporciona una medida simple de la fase y fuerza de la Oscilación del Sur, e indica el estado de la Circulación Walker. El patrón típico de la Circulación Walker tiene un IOS cercano a cero. Cuando ingresa una fase de “El Niño”, los valores del IOS son extremadamente negativos. “La Niña” en cambio, arroja valores positivos de IOS.

Las condiciones del ENOS se controlan utilizando diferentes métodos. En 1985, el proyecto llamado Atmósfera Global de los Océanos Tropicales (TOGA, por sus iniciales en inglés) incluyó el desarrollo y colocación de 70 boyas instrumentadas en el Pacífico Ecuatorial, para medir las condiciones del tiempo en la superficie y las temperatura del agua hasta una profundidad de 480 metros (1600 pies). Los datos son enviados vía satélite al centro NOAA (Administración Nacional Oceánica y Atmosférica) en Seattle, Estados Unidos, para ser procesados. Otro método mide los cambios en la altura del nivel del mar, que varía durante el ciclo ENOS; cuando el agua se calienta, se expande de forma tal que durante “El Niño” hay un leve ascenso del nivel del mar en la costa oeste de Sudamérica. Este dato se obtiene mediante el satélite TOPEX - Poseidón, lanzado en 1992, que mide el nivel del mar en forma diaria.

La predicción de los episodios de “El Niño” se realiza mediante relaciones estadísticas entre datos obtenidos del IOS y la observación de anomalías en las precipitaciones. Este método tiene la desventaja de que asume que el futuro será como el pasado; por lo tanto, no es capaz de manejar eventos extraordinarios tales como un “El Niño” de gran intensidad. La falta de datos históricos también representa una desventaja. Se han creado modelos computerizados para predecir este tipo de eventos, que tienen la ventaja de no depender de datos históricos y de ser más amplios y aplicables a todas las regiones. Los modelos numéricos son más flexibles, y a medida que aumenta el conocimiento de la física, pueden mejorarse rápidamente. Sin embargo, la complejidad del ENOS hace que las predicciones sean difíciles, pero a pesar de la imperfección de los modelos computerizados actuales, se han realizado mejores predicciones a largo plazo y los científicos tienen buenas razones para ser optimistas con respecto al futuro.  

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