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Formación de los vientos

En la atmósfera hay dos tipos de fuerzas: aquellas que existen esté o no el aire en movimiento y aquellas que existen solamente con el aire en movimiento. La gravedad y la presión pertenecen a la primera categoría, y la fricción y la Fuerza de Coriolis pertenecen a la segunda. Los movimientos verticales y horizontales en la atmósfera están generalmente conectados.

Debido a la gravedad, el aire frío y denso desciende, y al tocar el suelo se esparce en forma horizontal.

La diferencia de presión de aire entre dos áreas produce el movimiento del aire; las diferentes zonas de presión se representan en un mapa mediante isobaras.

Horizontalmente, en la superficie de la Tierra, el aire siempre se mueve desde las áreas de alta presión hacia las áreas de baja presión, dirigido por el gradiente de presión horizontal (variación de presión por unidad de longitud). Los vientos generados por las bajas presiones pueden ser fuertes, ya que en ocasiones existe un alto gradiente de presión asociado a las mismas. Por el contrario, los vientos que se encuentran alrededor de las áreas de alta presión son suaves, porque el gradiente de presión es menor. Si las isobaras están poco espaciadas, podemos esperar un gradiente de presión alto y viento de alta velocidad. En áreas de isobaras más separadas, el gradiente de presión es bajo y los vientos normalmente son suaves.

Una vez que la fuerza del gradiente de presión pone en movimiento el aire, otras fuerzas surgen como respuesta. La rotación de la Tierra y la distribución irregular de las masas de tierra y de los mares también juegan un papel importante en la ciculación del aire.

Debido a la acción de la fricción y la Fuerza de Coriolis, en combinación con los efectos de la gravedad y la presión, los vientos no soplan directamente desde las áreas de alta presión hacia las de baja presión, sino que son desviados de la dirección marcada por el gradiente de presión.

La magnitud de la Fuerza de Coriolis varía con la velocidad y la latitud del objeto. Asimismo, el aumento en la velocidad del viento también resulta en una Fuerza de Coriolis más potente, y por ende causa una desviación del viento aún mayor.

Otra fuerza que puede influir en el aire en movimiento es la desaceleración por fricción, cuya acción se limita al kilómetro más cercano a la superficie de la Tierra. La fricción actúa en dirección contraria a la trayectoria del movimiento, haciendo que el aire en movimiento se desacelere, reduciendo a su vez la velocidad del viento y por ende, la Fuerza de Coriolis. Como resultado de ello, la Fuerza de Coriolis ya no equilibra el gradiente de presión, y el viento sopla atravesando las isobaras, hacia un centro de presión o alejándose del mismo.

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