Clasificación
Los huracanes se clasifican en una escala del 1 al 5 según la velocidad del viento y el potencial destructivo resultante. La velocidad sostenida del viento, -elemento a considerar para la clasificación, es la velocidad promedio durante un período de 1 minuto, medido a 10 metros sobre el nivel de la superficie de la tierra o del océano. La Escala Saffir-Simpson es la aplicada para esta categorización, identificando cinco estados determinados de daño:
• Categoría 1: viento entre 118 Km por hora y 153 Km por hora (73 y 95 MPH) - Daño Mínimo.
• Categoría 2: viento entre 154 Km por hora y 177 Km por hora (96 y 110 MPH) - Daño Moderado.
• Categoría 3: viento entre 178 Km por hora y 209 Km por hora (111 y 130 MPH) - Daño Extenso.
• Categoría 4: viento entre 210 Km por hora y 250 Km por hora (131 y 155 MPH) - Daño Extremo.
• Categoría 5: viento mayor a 250 Km por hora (155 MPH) - Daño Catastrófico.
La velocidad del viento no es en todos los casos la mejor forma de evaluar la peligrosidad de un huracán, pero se toma como una medida de la fuerza de una tormenta. En realidad, las precipitaciones intensas y la posterior marejada son a menudo más peligrosas que el viento.
En el Hemisferio Norte, un ciclón tropical tiende a desplazarse por inercia hacia el oeste y noroeste. Sin embargo, su movimiento está dominado frecuentemente por fuerzas externas. El concepto básico es que la corriente ambiental dirige al ciclón tropical. Una analogía es la circulación de un remolino de agua pero moviéndose como masa dentro del flujo principal de una corriente o río.
Cada cuenca tiene su comportamiento. Por ejemplo, en la cuenca del oeste del Pacífico Norte, la mayor parte de los ciclones tropicales se forman a lo largo del flanco sur o sudoeste del área de alta presión subtropical, donde la corriente fluye en dirección noroeste. Esto es consistente con la tendencia de la inercia y explica por qué las tormentas predominantes observadas en esa cuenca describen una trayectoria en dirección noroeste.
De hecho las trayectorias que prevalecen reflejan la importancia del rol conductor que juegan las dorsales de altas presiones en el Pacífico. Por ejemplo, cuando la dorsal del Pacífico no se extiende más allá de Taiwán, los ciclones tropicales tienden a moverse alrededor de la periferia occidental de la dorsal e inclinarse hacia el nordeste (“recurvatura”). Si la dorsal se extiende más hacia el oeste, los ciclones tropicales permanecerán bajo la corriente conductora del este y se dirigirán hacia el sur de China. Si el eje de la dorsal se torna hacia el sur, los ciclones tropicales viajarán en dirección oeste hacia latitudes menores.
Las tormentas tropicales que se convierten en huracanes por ejemplo en los Estados Unidos, pueden comenzar muy lejos en el Océano Atlántico, en la Costa del Golfo, en el Caribe o cerca de la Costa Atlántica. La mayoría de los huracanes más grandes vienen de la parte más lejana del Atlántico y les puede llevar más de una semana cruzar el océano. El área de alta presión de Bermuda y sus vientos en sentido horario establecen la corriente conductora de muchos de los huracanes. Cuando esta área de alta presión es grande, los huracanes son guiados hacia los Estados Unidos. Cuando es pequeña, la curva se origina sobre el océano y no afecta ninguna costa.